
Guernica y una pesadilla que se repite
Un vendaval de parecida intensidad había destruido los alrededores de la ciudad tan sólo hace 15 días; imágenes del drama
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El panorama era desolador y la angustia, indescriptible.
Cuando los habitantes de Guernica empezaban a recuperarse del desastre sufrido hace 15 días, un nuevo temporal, esta vez mucho más violento, arrasó la ciudad en un radio de alrededor de 150 kilómetros y destruyó las esperanzas de 60 mil personas de esa localidad bonaerense.
"No me quedan ni las ganas de vivir. Si no nos vinieron a ver cuando fue la tormenta anterior, no van a aparecer ahora", dijo una resignada Inés Tinelli ante los restos irreconocibles de lo que había sido su casa durante años, en El Roble, uno de los barrios más alejados.
El meteoro llegó pasada la medianoche sin que nadie pudiera preverlo y duró 15 minutos. Esta vez la ferocidad de una tormenta jamás vista -según contaron los pobladores más antiguos de Guernica- fue impiadosa. Un camión con doble acoplado dado vuelta en pleno centro del pueblo lo reflejaba.
"De repente empezaron a estallar los vidrios y a volarse los techos. Se cayó el principal tanque de oxígeno del hospital y se inundó el depósito entero", relató Marcelo González, subdirector del hospital Cecilia Grierson, el único en todo el partido de Presidente Perón.
Con la luz de emergencia que aportó el grupo electrógeno, los médicos tuvieron que atender a los 65 pacientes internados y a los más de 50 heridos con cortes, fracturas y traumatismos de diversa consideración que llegaron en los primeros 20 minutos transcurridos después de la tormenta.
Lista para irse de alta, con su beba de 24 horas de vida en brazos, Mónica García relató los 20 minutos más angustiantes de su vida: "El ruido aturdía y se acercaba cada vez más. Estábamos a oscuras, agarré a mi hija y me metí en el baño a llorar y esperar".
Desde la madrugada de ayer, los pacientes empezaron a ser trasladados a hospitales de La Plata, Almirante Brown y San Martín.
"Por cómo quedó, la reconstrucción del hospital no va a terminar hasta dentro de un mes", comentó a La Nación el intendente de Presidente Perón, Oscar Rodríguez.
Después del mediodía, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, recorrió Guernica junto con el intendente y anunció que el lunes llegará a la cooperadora del centro de salud un subsidio de 10.000 pesos para hacer "los arreglos más urgentes".
El jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, dispuso el envío de nueve camiones de Defensa Civil porteña con colchones, pañales, frazadas, chapas de zinc, tirantes de madera y alimentos no perecederos.
Esperar la reconstrucción
Historias similares potenciaban el dramatismo de alrededor de 15 mil personas que hasta anoche suplicaban: "Un colchón y una chapa para poder dormir. No queremos más que eso". La frase se repetía ayer en cada rincón de Guernica.
"En un pueblo de 60 mil habitantes, casi la mitad perdió todo. Nunca pasó algo así... Esto es una cosa de locos", manifestó Rodríguez.
Pasado el mediodía, muchos vecinos que todavía esperaban que alguien se acercara a ayudarlos, cortaron la ruta 210 y ocasionaron un gran congestionamiento de tránsito que se sumó al desastre: calles cruzadas por postes de luz, marquesinas caídas, árboles arrancados de raíz y alguna vidriera excepcionalmente sana.
Con cuatro costillas fracturadas y sentado en un sillón, Mario Claudio Díaz miraba una montaña de ladrillos. El techo íntegro y el 90 por ciento de las paredes de su casa, que había tardado nueve años en construir, habían desaparecido en 15 minutos.
Díaz no quería moverse. No le quedaba nada, salvo muebles destruidos. Como él, a la intemperie y sin luz ni agua, eran miles los hombres y mujeres que manifestaban su intención de no abandonar lo poco o nada que les había quedado.
"Esto fue como una guerra. Está clarísimo que la perdimos los más pobres, como siempre", expresó Liliana Méndez mientras juntaba chapas con su hijo en el barrio Santa Elena.
Con 15 días de diferencia, los vecinos de Guernica debieron tomar coraje y volver a empezar.




