
Guillermo Luque y Luis Tula, de pública visita al doctor
Estudio: se les tomaron muestras de cabello y saliva para determinar si su tipo coincide con el semen encontrado en el cadáver.
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- La jornada de ayer del juicio por el crimen de María Soledad Morales resultó atípica, no sólo por el destemplado clima que se apoderó de esta ciudad.
Es que jueces, acusados y abogados cambiaron la Cámara Penal II, donde se desarrolla el juicio por el crimen de María Soledad, por un laboratorio bioquímico, donde a Guillermo Luque y a Luis Tula les fueron extraídas muestras de saliva, sangre y cabellos, con el objeto de determinar si su semen concuerda con el que fue hallado en el cadáver de la joven asesinada entre el 8 y el 10 de septiembre de 1990.
Aunque las partes coincidieron con que los exámenes no arrojarían datos reveladores, el estudio fue presenciado, con el aval del tribunal y los abogados, por los periodistas que cubren el juicio.
Las muestras colectadas fueron trasladadas ayer a Buenos Aires, donde serán analizadas por peritos de la Suprema Corte de Justicia, y los resultados estarían en poder de los jueces mañana por la tarde.
A las 10.45, casi una hora después de lo previsto, Luque y Tula arribaron al consultorio del perito oficial Rubén Lejtman, acompañados por sus abogados Víctor Pinto y Carlos Avellaneda, respectivamente; por el juez Edgardo Alvarez, y los secretarios María Fernanda Vian y Jorge Palacios.
Allí, se les extrajeron muestras de sangre, saliva y cabellos, para determinar su relación con los demás fluidos corporales.
Exámenes molestos
El primero en quedar en manos del bioquímico fue Luque. Al tiempo que masticaba una gasa para impregnarla con su saliva -la primera de las muestras-, Tula, que aguardaba en un cuarto adyacente, dijo, con su proverbial locuacidad: "Desde el día del crimen a mí me hicieron como 30 análisis, sobre todo proctoscopias, para saber si yo era homosexual o no". Todo un número.
Tras la extracción de sangre, Lejtman, con una pinza de depilar, debió sacarle de raíz una gran cantidad de pelos de la base de la nuca a Luque. Justo a él, a quien el cabello no le sobra.
Después de soportar con estoicismo siete minutos de afrenta capilar, Luque tenía 280 pelos menos. Pero esa cantidad no alcanzaba a cubrir el gramo de peso requerido, sino la mitad. Tras consultar a Buenos Aires, Lejtman se apiadó de la nuca enrojecida del imputado y dio por concluida la extracción.
La escena se repitió con Tula, que demostró que la caída de cabello no es un problema que le quite el sueño.
Finalmente, las muestras fueron embaladas en dos cajas precintadas y térmicamente acondicionadas, que volaron a Buenos Aires en manos del secretario de Cámara Palacios.
Así, un fuerte apretón de manos entre los participantes marcó el punto final de la inusual visita al doctor.
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