
Hacía dos semanas que Yabrán había decidido suicidarse
La llegada de la policía a la estancia San Ignacio precipitó la fatal decisión.
1 minuto de lectura'

GUALEGUAYCHU.- "Estamos seguros de que desde el momento en que se refugió en la estancia, Alfredo Yabrán había tomado la decisión de suicidarse; sólo le faltaba elegir el momento, y esa resolución la tomó el 20 de este mes, cuando la comisión policial que lo buscaba irrumpió en el casco del campo San Ignacio."
La frase pertenece al comisario mayor Rubén González, director de Criminalística de la policía entrerriana, que reveló a La Nación las circunstancias que rodearon la muerte del empresario, ocurrida en la estancia San Ignacio, a 80 km de esta ciudad.
Según aseguró el casero Leonardo Aristimuño a la jueza Graciela Pross Laporte, Yabrán había llegado a esa estancia 14 días antes de su muerte.
Yabrán vio venir a la policía
"Cuando vio a la policía, Yabrán se encerró en la habitación y fue al baño. Allí tomó su escopeta Bykal, rusa, calibre 12.70, la apoyó en el borde del inodoro, metió los dos caños en la boca y se disparó", explicó González.
"Le tomamos tres juegos de fichas de huellas dactilares y las comparamos con las que teníamos en su libreta de enrolamiento. No cabe ninguna duda de que era Yabrán ni de que se trató de un suicidio", aseguró el comisario mayor de la policía entrerriana.
La noche anterior, el empresario le había encomendado a su casero que le entregara a la secretaria Esther Rinaldi un sobre del tipo "manial" que contenía una carta para su asistente -en la que designaba como su sucesor a Héctor Colella- y cuarenta mil pesos.
El 6 del actual, Yabrán llegó a la estancia que había comprado hacía tres años a Ricardo Berisso. Lo acompañaban dos de sus más fieles colaboradores, el casero y su esposa, Andrea.
Un día antes, el juez de Dolores José Luis Macchi había decidido indagar a Silvia Belawsky, la ex esposa de Gustavo Prellezo, acusado de ser el presunto autor material del asesinato de José Luis Cabezas.
Las versiones que surgían de los tribunales dolorenses indicaban que la declaración de la mujer sumaría uno de los eslabones más importantes en la cadena de 29 indicios que lo vinculaban como el supuesto instigador del homicidio del reportero gráfico.
En esa época, la jueza dolorense Laura Elías lo citaba para indagarlo por el presunto falso testimonio que habría cometido en una causa que se instruyó por la agresión de uno de sus custodios, Claudio Boyler, a dos periodistas de Canal 8 de Mar del Plata, que pretendían hacerle una nota en Narbay, su residencia pinamarense.
Casi al mismo tiempo, el empresario recibía en sus oficinas un mensaje anónimo en el que le advertían que si ponía un pie en Dolores "planeaban detenerlo. Lo iban a c... y lo matarían dentro de la cárcel".
Cinco días después, Yabrán envió por intermedio de su abogado Guillermo Ledesma una carta a Macchi en la que denunciaba que los camaristas Susana Darling Yaltone y Jorge Luis Dupuy y el abogado de la familia Cabezas, Alejandro Vecchi, habían intentado extorsionarlo.
Cuatro días más tarde, Macchi ponía la rúbrica en la orden de captura contra el empresario, que se sentía seguro en San Ignacio, luego de enterarse de que los efectivos de la policía bonaerense se marcharon de Entre Ríos sin allanar esa estancia.
Pero, según relató Aristimuño, "el patrón estaba deprimido".
Una de las esquelas fue hallada en la cómoda de la suite en la que se disparó y tuvo como destinatario al juez Macchi, quien cuatro días antes había ordenado su captura. En la misiva habló bien del magistrado, pero, al igual que en la carta del día 12, el magnate disparó munición gruesa contra el gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde, y contra su archienemigo, el ex ministro de Economía Domingo Cavallo.
No hay dudas de los peritajes
Ayer, el comisario mayor González aseguró a este enviado: "Según los peritajes caligráficos realizados, ambas cartas fueron escritas por una misma persona: Alfredo Yabrán. Las firmas también corresponden al empresario muerto. No me quedan dudas".
Para realizar el análisis, los peritos compararon las cartas halladas en San Ignacio con el escrito que Yabrán dejó en el juzgado federal de Concepción del Uruguay, donde declaró como testigo en febrero último.
Según fuentes policiales, la escopeta Bykal estaba en excelentes condiciones de uso y era la que habitualmente utilizaba para cazar. Los informantes señalaron que, dos días antes de su muerte, Yabrán envió a su casero a Buenos Aires para que le trajera su arma preferida.
Los estudios realizados en las vísceras del empresario revelaron que, pocos minutos antes de su muerte había comido una porción de la horma de queso de cáscara colorada y salamines que, de regreso a San Ignacio, Aristimuño le compró en uno de los comercios que venden productos típicos de la zona situados en la ruta 14, cerca de Gualeguaychú.
"Después de comer, a través de uno de los tantos ventanales de la casa vio venir a la policía. Tuvo la posibilidad de escapar, pero no lo hizo", concluyó González.
1
2Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
3Después de los therians, llegó el “Hobby dogging”: de qué se trata la nueva tendencia de pasear a perros imaginarios
4Tos convulsa: no ceden los casos y piden reforzar la vacunación antes del inicio de las clases

