Hantavirus: una publicación en The Lancet destaca la respuesta argentina ante el brote del crucero
El trabajo pone en valor las capacidades científicas y diagnósticas desplegadas durante la emergencia; meses atrás, otro análisis había advertido sobre las dificultades de coordinación sanitaria en América Latina
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Un nuevo artículo publicado en la revista científica The Lancet analiza la respuesta desplegada por la Argentina y la cooperación internacional frente al brote de hantavirus asociado al crucero MV Hondius. El texto destacó el trabajo de la ANLIS Malbrán junto con instituciones nacionales y extranjeras, y en la transferencia de conocimientos, tecnologías e insumos diagnósticos a distintos países a partir de un episodio sanitario que comenzó en abril pasado.

El MV Hondius había zarpado de Ushuaia el 1° de abril de 2026 y posteriormente se identificaron casos de síndrome pulmonar por hantavirus causado por el virus Andes. Frente al brote, la Argentina puso en marcha una investigación epidemiológica y ambiental que involucró a distintas provincias y, por las características internacionales del episodio, derivó también en una red de cooperación con instituciones y organismos de otros países.
La respuesta
Una de las primeras tareas fue reconstruir el itinerario del caso índice y analizar las posibles exposiciones durante el período de incubación. El objetivo era determinar qué territorios debían ser investigados.
Desde la ANLIS Malbrán, en articulación con las áreas técnicas del Ministerio de Salud de la Nación y las autoridades sanitarias provinciales, se coordinaron investigaciones epidemiológicas y ambientales en Tierra del Fuego, Mendoza y Neuquén. En Mendoza, el estudio de roedores contó además con especialistas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).

La respuesta tuvo también una dimensión internacional. La Argentina puso a disposición de los países afectados su experiencia acumulada en vigilancia, diagnóstico, prevención y control del hantavirus. La cooperación incluyó materiales y tecnologías para realizar diagnósticos, además de protocolos de laboratorio y recomendaciones para la prevención, el control y el manejo clínico.
Entre los recursos aportados hubo ARN del virus Andes, controles positivos y negativos para RT-PCR, sueros humanos positivos, placas para ELISA, anticuerpos monoclonales y protocolos diagnósticos.
Según la información difundida, esos aportes permitieron disponer de insumos para realizar casi 6000 determinaciones diagnósticas en 13 países: Países Bajos, Reino Unido, España, Filipinas, Australia, Corea del Sur, Malasia, Nepal, Myanmar, Bangladesh, India, Senegal y Sudáfrica. La cooperación se encuentra además en expansión hacia otros ocho países.
Una discusión que ya había llegado a The Lancet
El episodio del Hondius ya había sido objeto de otra publicación en la misma revista. El 22 de junio, un grupo internacional de especialistas —entre ellos el exministro de Salud argentino Adolfo Rubinstein y la exministra peruana Patricia García— utilizó el caso para plantear una discusión más amplia: hasta qué punto América Latina está preparada para responder de manera coordinada ante nuevas amenazas infecciosas.
Aquel análisis advertía que, pese a los avances realizados después de la pandemia de Covid-19, persistían brechas importantes en materia de vigilancia, coordinación entre países y capacidad para traducir rápidamente la evidencia científica en decisiones. El caso del crucero funcionaba, desde esa perspectiva, como una suerte de prueba de estrés para observar cómo reaccionaba la región frente a un evento inesperado.
El diagnóstico apuntaba principalmente a un problema estructural. América Latina cuenta con científicos, profesionales e instituciones con experiencia, pero esos recursos no siempre se encuentran integrados dentro de mecanismos regionales capaces de actuar rápidamente frente a una emergencia.
Los especialistas proponían por eso avanzar hacia una plataforma regional de respuesta rápida que no reemplazara a organismos existentes como la Organización Panamericana de la Salud, sino que permitiera fortalecer la coordinación operativa, las redes de laboratorios, la producción de insumos y las respuestas transfronterizas.
El planteo excedía al hantavirus. La región está expuesta de manera recurrente a enfermedades emergentes y reemergentes, como dengue, zika, chikungunya o fiebre amarilla, en un escenario atravesado además por la movilidad entre países, la presión sobre los ecosistemas y los efectos del cambio climático.
Dos dimensiones de un mismo problema
La nueva publicación introduce otro elemento en esa discusión. La experiencia del MV Hondius muestra que, ante un episodio concreto, existieron capacidades nacionales y mecanismos de cooperación que pudieron activarse, tanto para investigar el origen y las posibles exposiciones como para ampliar la capacidad diagnóstica fuera del país.
Eso no necesariamente contradice la advertencia anterior. Los dos textos observan niveles diferentes del problema. Uno pone el foco en la necesidad de contar con una arquitectura regional permanente para futuras emergencias; el otro, en las capacidades científicas y sanitarias que efectivamente se movilizaron frente a este brote.
Tampoco la nueva publicación supone una evaluación general de la política sanitaria argentina. Su alcance es más específico: analiza la respuesta científica y técnica frente al episodio del MV Hondius y la cooperación internacional que se generó alrededor de ella.
El caso permite, sin embargo, matizar la discusión sobre la preparación regional. La existencia de problemas de coordinación no implica necesariamente una ausencia de capacidades. En este episodio, la Argentina pudo aportar conocimiento, especialistas, tecnología diagnóstica e insumos desarrollados a partir de décadas de experiencia con hantavirus.


