Informe desolador: solo el 5% de los argentinos considera a la educación como el problema más importante del país
Así surge de un análisis de Argentinos por la Educación; en América Latina, el promedio es aún más bajo, el 3,4%
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La educación se ubica en el séptimo lugar en la Argentina entre las principales preocupaciones de la población, detrás de temas como la economía, la política, el desempleo, la inseguridad y la corrupción. Los datos surgen del informe Percepción social sobre la educación y la política educativa de Argentinos por la Educación.
En la mayoría de los países de la región, la educación no aparece entre las principales preocupaciones de la ciudadanía, según el trabajo elaborado por Valentina Gabrielli (Paris School of Economics), Tomás Besada y Eugenia Orlicki (Argentinos por la Educación), a partir de información de Latinobarómetro y de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés
Según la edición 2024 de Latinobarómetro, apenas el 3,4% de los latinoamericanos señalaron a la educación como el principal problema de su país, en una lista encabezada por la inseguridad (19,1%) y los problemas económicos (18,1%).
La educación figura entre los cinco principales problemas únicamente en Brasil y en Uruguay. En Brasil ocupa el tercer lugar, detrás de la salud y la política, y es mencionada por el 10% de la población. En Uruguay se ubica en el cuarto puesto, detrás de la seguridad, la economía y la inestabilidad laboral, con el 8% de las menciones. En el otro extremo aparecen Bolivia y México, donde la educación recién ocupa el noveno lugar.
“La educación figura entre los siete principales problemas del país para los argentinos, pero no llega al top tres de las prioridades en ningún año de la encuesta. Sin embargo, la satisfacción con la política educativa tiene un techo del 35% desde la pandemia hasta hoy”, subrayó Valentina Gabrielli, coautora del informe.

A la vez, a nivel nacional, la preocupación por la educación varía según distintos factores demográficos y socioeconómicos. Por ejemplo, es ligeramente mayor entre las mujeres: el 7% la menciona como el principal problema del país, frente al 6% de los hombres. La preocupación aumenta entre los sectores de nivel socioeconómico más alto: mientras que el 8% de las personas de ingresos altos considera a la educación como el principal problema, entre los de menores recursos, la proporción desciende al 6%.
Por otra parte, los grupos más jóvenes son quienes muestran una mayor preocupación relativa. Entre las personas de 26 a 40 años, el 7% considera la educación como el principal problema del país: para los mayores de 61 años la cifra baja al 4%.
Si bien la educación ocupa el séptimo lugar entre las preocupaciones de los argentinos, la mayoría de las personas encuestadas se muestra insatisfecha con las políticas educativas.
Entre 2018 y 2026, la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés ya mostraba niveles de satisfacción bajos y fluctuantes: durante la mayor parte del período, la aprobación de la política educativa nacional osciló entre el 20% y el 35%. En ese relevamiento, el punto más alto de satisfacción se registró entre 2019 y comienzos de 2020, cuando se aproximó al 45%. Luego descendió hasta alcanzar uno de sus mínimos en 2022, con guarismos cercanos al 20%. Aunque desde 2023 se observa una recuperación parcial, en marzo de 2026 la satisfacción volvió a ubicarse en torno del 28%.
El informe de Argentinos por la Educación también analiza la evolución histórica de esta percepción a nivel nacional entre 2004 y 2024. Los datos muestran fluctuaciones importantes: la preocupación por la educación alcanzó picos cercanos al 9% en 2006 y 2011, volvió a crecer hasta el 8% en 2017 y luego descendió hasta apenas el 3% en 2020. Desde entonces, volvió a aumentar gradualmente hasta alcanzar el 5% en 2024.
“Aunque la educación es reconocida como una llave para un futuro mejor, ocupa un lugar relativamente secundario entre las preocupaciones inmediatas de los ciudadanos frente a otras urgencias sociales y económicas. Como revela otro informe reciente del Instituto Universitario del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) esta tensión aparece con especial fuerza en los barrios populares, donde millones de familias viven en situación de pobreza estructural. En estos barrios, la escuela es foco de múltiples demandas: las personas siguen depositando en ella expectativas de integración y progreso, mientras se le pide también la resolución de problemas sociales cada vez más complejos”, señaló Santiago Poy, investigador del Conicet y vicerrector de Investigación del CIAS.
Para Irene Kit, especialista en gestión e información educativa, el lugar que ocupa la educación en las preocupaciones sociales también está vinculado con la dinámica de la agenda pública. “En la Argentina estamos acostumbrados a una agenda pública muy extensa y cambiante. Aparece un tema, luego otro, y así sucesivamente. Entonces, me parece que hay una parte que no tiene que ver con el valor de la educación en sí, sino con su posicionamiento relativo respecto de los temas que dominan la agenda mediática y los problemas cotidianos”, explicó a LA NACION.
“Si miramos a los países donde la educación aparece mejor posicionada, como Brasil o Uruguay, observamos que otras preocupaciones tienen menor peso relativo. Cuando temas como la corrupción, el desempleo o la pobreza no dominan la agenda, la educación puede ganar visibilidad”, sostuvo Kit.

En la Argentina, el ranking de preocupaciones está encabezado por la economía, seguida por la política, el desempleo, la inseguridad y la corrupción. La educación aparece en el séptimo lugar, por delante de la pobreza, la salud, las respuestas “no sabe/no contesta” y la inestabilidad laboral.
“Es comprensible que, en un contexto de emergencias múltiples, otras problemáticas materiales inmediatas capten prioritariamente la atención pública. Sin embargo, es imposible que los esfuerzos del Estado y de la sociedad civil estén a la altura de los desafíos si la educación permanece fuera de la agenda de prioridades. Si buscamos un horizonte transformador, necesitamos consolidarla como el principal medio para que las personas desarrollen una mirada crítica, tomen decisiones informadas y desplieguen las capacidades necesarias para construir un proyecto de vida autónomo”, afirmó Inés Insua, investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano (CEDH) de la Universidad de San Andrés y líder de Ciudades de la Educación en Red de Innovación Local (RIL).
“La indiferencia que miden las encuestas no es un punto de partida: es el resultado de años en los que la educación dejó de ser una promesa sostenida desde la política pública. Frente a ese diagnóstico, hace falta recuperar el argumento político sobre qué es la escuela pública y para qué existe. La escuela pública es la institución que una sociedad se da a sí misma para suspender, aunque sea por un tiempo y en un espacio, el orden desigual que rige afuera. Si fue inventada históricamente para responder a ciertos imperativos de época, también puede ser reinventada para responder a otros”, concluyeron desde el Centro de Estudios Municipales y Provinciales (Cemupro).
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