Desigualdad de género. La vuelta a clases recarga aún más la doble jornada de las mujeres

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Evangelina Himitian
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19 de febrero de 2020  • 10:29

"Buenas, chicas. ¿Mañana… es a las 10?", se lee en el chat de 5° A. "¿Las carpetas se llevan mañana con los materiales?". Y alguien que responde: "Yo llevo los materiales, pero las carpetas… no". Y entonces llega la catarata: "Yo tampoco", "yo tampoco", "yo tampoco". Y entonces aparece el... "Yo sí", con la carita de El grito de Munch.

Sofía Fossati, de 43 años, mamá de Santiago y Bernarda, todavía estaba en la playa cuando se activó el chat de las madres del colegio. Lo tenía silenciado, pero al vencerse el año, las notificaciones sonoras volvieron con todo. ¿Quién te escribe?, le preguntó su hija. Sofía no contestó. Aunque le quedaban tres días de vacaciones, su mente volvió en ese mismo instante a Buenos Aires y al ruedo escolar.

"Chicas, que alguna pase el reporte de la reunión de padres de mañana. Gracias", escribió Sofía, y a continuación agregó un par de emojis: el rezo, una sombrilla, un par de ojotas, anteojos de sol. La sororidad, también en el chat del colegio.

Armar las mochilas, comprar uniformes y asistir a reunión de padres. Puertas adentro, la desigualdad de género marca la agenda de la familia: son ellas las que siguen ocupándose mayoritariamente de las tareas de cuidado. Es por eso que el inicio de las clases significa en miles de hogares una nueva sobrecarga a la doble jornada de las mujeres: trabajar afuera y adentro, más del doble que los hombres. En los chats del colegio, la mayoría son mujeres. En las reuniones de padres, también. Tal vez en los primeros años de jardín, desde hace algunos años, se vean más padres en la ronda. Pero la presencia masculina declina a medida que avanza la escolaridad. Incluso el plantel docente, un dato que es histórico, predominan las maestras: en el nivel primario el 95% son mujeres.

Es decir, que el inicio de la temporada alta de "reuniones de padres", que volvieron a pleno esta semana, marca el aumento en la carga horaria de la doble jornada de las mujeres.

Antes de que inicien las clases, febrero se convierte en un mes muy intenso para las madres. Las estadísticas indican que 9 de cada 10 mujeres se encargan a diario de las tareas domésticas y de cuidado, mientras que menos de 6 de cada 10 hombres lo hacen, según los datos de la última encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo hecha por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares.

Ellas dedican seis horas y media diarias a trabajar para que la casa y la familia sigan en funcionamiento. En cambio, los hombres, sólo tres horas y media. Esto incluye tareas como llevar a los chicos al colegio, hacer las camas y las compras, cocinar, lavar, ayudar con las tareas escolares, poner la mesa y planchar, entre otras, según surge de un estudio.

Visto así, por cada hora que trabaja un hombre puertas adentro la mujer lo hace dos. Es decir, la desigualdad de género es incluso mayor puertas adentro que en el ámbito laboral.

Un análisis propio que hizo el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) sobre los datos indica que la maternidad es uno de los factores que más transforman la agenda femenina. Una mujer que vive en pareja pero sin hijos realiza a diario cinco horas de tareas de cuidado. Si tiene dos hijos o más, pasa a hacer casi 10. En cambio, la paternidad significa para ellos pocos cambios. Un hombre en pareja sin hijos hace casi tres horas diarias de tareas compartidas, mientras que los que tienen dos hijos o más hacen apenas una hora y media más (cuatro y media) de actividades domésticas que los que no tienen hijos.

"Es un 70/30"

Sebastián tiene 51 años y es el padre de dos hijas. La menor, Ana, tiene cinco. Cuando la mayor, que ahora tiene entre 16, tenía esa edad, él casi no compartía las tareas del hogar. Ahora la segunda paternidad lo encuentra distinto: dos veces por semana, cuando su esposa llega de trabajar a las 20.30, se ocupa del baño, de preparar la mochila y de tener lista la cena. "Los tiempos cambiaron. Es una evolución", dice. Cuando se le pregunta cómo se reparten las tareas compartidas, es sincero: «Es un 70/30», señala. Significa que un 70% de las cosas las hace ella y él se encarga del 30% restante. "La igualdad, en la práctica no es tan fácil", explica.

No es el único. Pese a los cambios culturales, la desigualdad de género sigue reinando puertas adentro de los hogares, donde las cuestiones domésticas y de cuidado de la familia siguen siendo cosa de mujeres.

Los padres se defienden: "No es cierto", dice Nicolás Palacio, padre de Iván, de dos años. "Yo le compré la mochila y los útiles para el jardín y fui a la reunión de padres. Y no era el único", dice en una ronda de mayoría mujeres. Ellas le dicen que su caso es la excepción. Que los hombres ahora están más presentes en los primeros años de escolarización. Pero que en quinto o sexto grado son una rara avis.

"Hay una carga cultural muy fuerte en la idea de que el cuidado, lo doméstico y la crianza son responsabilidad primaria de las mujeres. Esto nace de la época de las cavernas, cuando el hombre salía a cazar y la mujer cuidaba a la manada. Funcionó por mucho tiempo cuando el hombre era el único proveedor, pero no tiene ningún sentido hoy en un contexto en el que la mayoría de las mujeres trabaja fuera de su casa. Se traduce en la doble jornada: las mujeres, por el hecho de ser mujeres, tenemos que trabajar el doble que los hombres. Es una forma de machismo, de violencia contra la mujer, muy invisibilizada", apunta Gala Díaz Langou, directora de Protección Social de Cippec.

Delegar tareas entre mujeres

"Si se superponen los cortes de género y de clase, se llega a que las mujeres de estratos bajos son las que más horas dedican a las tareas domésticas y de cuidado. Sin embargo, en el otro extremo de la pirámide, son pocas las de mayores recursos que se desentienden por completo: en todos los estratos, nueve de cada 10 mujeres hacen a diario tareas vinculadas al cuidado doméstico y de los miembros de la familia. Significa que aunque logren contratar a otra persona para que las ayude, que en general es otra mujer, son ellas las encargadas de administrar la vida doméstica», explica Díaz Langau.

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