
Katharine Graham, ganadora del Pulitzer y ejemplo de vida
Límites: la mujer que estaba al frente de The Washington Post cuando estalló el escándalo del Watergate sostiene que hay que demorar la información si no está confirmada.
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MADRID (El País).- Tiene 80 años y acaba de ganar el Premio Pulitzer por su autobiografía "Historia personal", de gran éxito en los Estados Unidos y recién publicado en España por Alianza. El libro es una lección de periodismo, de política americana, y cuenta la historia de una mujer extraordinaria que supo convertir su profunda inseguridad en fortaleza.
Katharine Graham recorrió un largo camino desde que nació como una rica heredera hasta convertirse en la mujer más influyente de su país, como editora del periódico The Washington Post. Y como presidenta del grupo multimedia formado por este diario y el semanario Newsweek, seis canales de televisión y un sistema de televisión por cable con medio millón de suscriptores.
Graham fue primero una mujer dedicada a su familia -con mucha vida social-, y la esposa de un hombre excepcional que se pegó un tiro a pocos metros de donde ella se encontraba. Esa muerte trágica cambió su vida. La llevó a hacerse cargo del periódico, a codearse con mandatarios, a convertirse en la dama de la prensa y en un modelo para muchas mujeres. Su bagaje era una inteligencia clara y esa enorme inseguridad de la que ella habla a menudo; una feliz combinación que por fortuna le permitió crecer.
Ha escrito su biografía porque siempre supo que su experiencia era única: "He vivido una vida fascinante. Pensé que algún día me gustaría dejar constancia de todo ello". Ha empleado varios años en la escritura del libro, y en él, casi cada lector se encontrará con la historia que busca.
Claridad y fortaleza
-Usted cuenta que, al llegar a The Washington Post, los directivos no sabían cómo tratarla, por su enorme inseguridad.
-Es totalmente cierto. Pero luego me di cuenta de que superar aquella experiencia no sólo tuvo interés para mí. También ha sido una ayuda para muchas otras mujeres. Ellas han visto en mí un ejemplo de persona que llega a ser realmente exitosa después de haber pasado por todos esos malos momentos. Creo que, todavía hoy, numerosas mujeres pasan por situaciones parecidas, aunque se haya progresado mucho.
-Entonces, al llegar al periódico, su amiga Claire Boots Luce le dio unos consejos. ¿Cuáles fueron?
-Me dijo que debía tener como secretario a un hombre, cosa que hice. Y me dio otro consejo que no tiene nada que ver con el hecho de ser una mujer: me dijo que, cuando enviase una carta a otras personas de la empresa, me asegurase de quedarme siempre con una copia de la respuesta para que recordara cómo me habían tratado. Ella me ayudó mucho, sus consejos fueron acertados. Otra cosa que me dijo, y que he recordado muchas veces, es que la gente piensa que la edad es una carrera descendente. Y ella me aseguró: "No es así, lo que sucede es que uno avanza por un nivel y de pronto cae, desciende, y sigue en línea recta durante unos años y luego vuelve a caer otro trecho". He comprobado que es cierto.
-Si no se hubiera quedado viuda, ¿habría llegado a ser quien es?
-Nunca se sabe. Supongo que ahora sería más de lo que ya era: esposa, madre, pero con muchos intereses. Habría crecido de todas maneras, porque siempre estuve interesada por muchas cosas.
-Y respecto de un periódico, para conservar su independencia, ¿es mejor que pertenezca a una familia o que sea una empresa que cotiza en la bolsa?
-De las dos maneras hay riesgos. En ambos casos se puede dar una mala tendencia. En las familias no hay ninguna magia. A veces son buenas y a veces pueden ir cuesta abajo, o puede haber una multiplicación del número de herederos y que eso derive en un conflicto. Hay herederos interesados por el dinero, no por el periódico. Estas situaciones llevan a la venta de los periódicos. Un propietario puede querer a su publicación, pero sus hijos tal vez no sientan el mismo interés. En cuanto a las compañías, también tienen sus problemas. Algunas están bien manejadas, a otras les interesan simple y llanamente los beneficios.
Responsabilidades
-¿El periodismo actual es diferente debido a la gran competencia entre los medios? ¿Por eso hay cada vez más prensa sensacionalista?
-Hasta cierto punto se está entrando en una nueva era, con la competencia de los medios electrónicos de todo tipo. Yo pienso que los editores todavía pueden cumplir responsablemente. Pero, sí, hay cambios en la sociedad. Nosotros no publicamos las primeras acusaciones de Paula Jones, pero ella habló por televisión; aquello llegó a circular ampliamente y hubo una respuesta de la Casa Blanca. Cuando se llega a ese momento, hay que publicar. Existe una tendencia tabloide en la prensa; sin embargo, todavía podemos defendernos, no es necesario publicar todas esas cosas. Por otra parte, hay que admitir que, desgraciadamente, sí hay algo sobre lo que hay que reflexionar: me refiero al hecho de que al público realmente le interesan esos asuntos. Tal vez no deberían interesarle, pero... Y uno no debe actuar como si fuera alguien que decide sobre todo lo que la gente debe saber o no debe saber.
-¿Un periódico debe dar lo que el público pide?
-No todo. Pero si la gente muestra mucho interés por una historia, no se puede dejar de escribir sobre ello. Tal vez no se tiene que contar todo absolutamente. En mi país hay una diferencia entre lo que publica la prensa de calidad y lo que publica la prensa amarilla. A mi modo de ver, esa diferencia, esa línea divisoria, hay que mantenerla erguida.
-¿Se cumplen actualmente las reglas que creó el Post en tiempos del Watergate, cuando las noticias debían estar confirmadas por dos fuentes?
-Eso es verdad. Hemos intentado no dar las historias publicadas en otros periódicos a menos que nosotros mismos las hayamos confirmado. Creo que hemos actuado así en la mayoría de los casos. Newsweek detuvo una publicación una semana porque no estaba suficientemente confirmada: la historia de Lewinsky.
-¿El Watergate fue su mejor momento en el Post?
-Bueno, fue algo que hizo que aumentase nuestro perfil, que puso al diario en el mapa, por así decirlo. No creo que vuelva a suceder nada como aquello. Es más, eso espero.
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