La leyenda de la momia de Tolosa: de quién era el cuerpo que quedó perfectamente conservado y por qué le rindieron culto
A principios del siglo XX el cuerpo de Matías Behety fue hallado en condiciones intactas y se creyó que tenía poderes; qué hay detrás de este misterio platense
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La Plata conserva misticismo que le fue heredado de su fundación en 1882, cuando los masones intervinieron en la creación de una ciudad diseñada geométricamente con símbolos de la orden impregnados en sus edificios. Pero, por fuera de esto, hay otros mitos que recordar. En el cementerio municipal está la tumba de Matías Behety, un escritor uruguayo que ganó fama popular en la zona como “la momia de Tolosa” por su aspecto intacto después de años de haber sido sepultado y la creencia de que era milagroso. En diálogo con LA NACION, Nicolás Colombo, investigador y autor platense de los libros Misterios de la ciudad de La Plata, ahondó en este hecho que compone la varieté de misterios que las diagonales platenses atesoran desde hace más de un siglo.

¿Quién fue Matías Behety?
Matías Behety nació en 1849 en Montevideo, hijo del inmigrante vasco Félix Behety y María Chapital. A mediados de 1858, la familia abandonó Montevideo y se estableció en Concepción del Uruguay. Allí ingresó al Colegio del Uruguay, donde a causa de sus notas sobresalientes recibió una beca para estudiar en el Colegio Nacional de Buenos Aires. En 1864, el clan se mudó a la capital argentina y se establecieron entre La Boca y San Telmo, según reconstruyó Colombo.
Mientras estudiaba jurisprudencia, descubrió su gusto por la escritura de poemas. Durante su último año, al enterarse del suicidio de Jorge Clark en 1867, quien había sido su profesor en el Colegio del Uruguay, publicó un poema en su memoria en el periódico porteño El Inválido Argentino. Un año después y ya recibido, Behety comenzó a trabajar en el periódico La Patria. Con el paso del tiempo también publicaría en la revista literaria El Alba, en los diarios El Nacional y La Tribuna, entre otros.
Esta exposición le permitió ganar una incipiente fama que llegó a llamar la atención de Domingo Faustino Sarmiento, quien se refirió a él en el periódico El Inválido Argentino como un “niño de oro”, con “la capacidad versátil de pasar de la ley a las letras en solo un santiamén”.

En 1870 participó del semanario literario El Fénix, que lanzó La Nación, el cual concentraba textos de importantes figuras como Bartolomé Mitre, José Mármol, María Gutiérrez y Francisco Uzal. Allí plasmaba poemas y sonetos profundos.
Cuando el escritor uruguayo tenía 31 años, su novia, María Lamberti, murió “de un ataque al estómago”. “Esta noticia lo destruye anímicamente, pese a los intentos de sus amigos por ayudarlo. Se dice que dejó de comer, que no dormía, que iba errante por la vida y dejó de tener ganas de vivir. Abandonó el trabajo como periodista y únicamente se dedicó a su labor como procurador, con abogados, lo cual apenas le alcanzaba para vivir. Es así cuando comienza a frecuentar las tabernas porteñas y la bebida, que sería su perdición”, explicó Colombo.
Su vida en La Plata y su paso a ser “la momia de Tolosa”
Behety se mudó a La Plata en 1885 a través de la invitación de su amigo, Francisco Uzal, que lo convenció de mudarse a La Plata y ser parte de la fundación del diario que llevaba el nombre de la capital bonaerense. Además, tenía la intención de alejarlo de los vicios y que encamine su vida. Así es como se estableció “en el Hotel Bruny de Diagonal 80 entre 49 y 50, donde residiría el resto de sus días. Al poco tiempo dejó de presentarse en su trabajo y se perdió en los arrabales platenses. Un día se encerró en su habitación del hotel, donde en pleno invierno platense se lo escuchó hablar solo, fumar y toser mucho, incluso con sangre”. El uruguayo no pudo abandonar el consumo del alcohol y eso lo condujo a un estado de vulnerabilidad económica y de salud.
Matías Behety murió de tuberculosis el 23 de agosto de 1885 en el Hospital de Melchor Romero, donde pasó varios días internado. Como primera instancia, lo enterraron en el cementerio contiguo, sitio donde sepultaban a los pacientes con enfermedades contagiosas. Después lo trasladaron al de Tolosa, localidad del partido platense.
De acuerdo a los registros históricos, un día el amigo de Behety, Antonio Lamberti, fue a dejarle flores a su tumba y se encontró con el estado deplorable de esta, incluso sin lápida. Recién en 1902, cuando inauguraron el cementerio de La Plata, inició un proceso para trasladar todos los restos de Tolosa al predio nuevo. El 19 de marzo de 1908, el administrador del cementerio descubrió un cuerpo que estaba momificado, sin saber a quién pertenecía.

Colombo contó que, luego de encontrar el estado de momificación del cuerpo de Behety, el cementerio lo colocó en el altar de la capilla interna y lo exhibió, con el propósito de que alguien lo identificara. “Tuvieron que reforzar el servicio de tranvías por la cantidad de gente que iba a ver a este ‘muerto popular’, hasta que finalmente se decidió sacarlo de esa exhibición por el circo que se había armado. Mucha gente no lo respetaba. Incluso le arrancaban trozos de ropa como si se tratase de un santo, sin respeto ni cuidado por manipular un cuerpo humano. Algunos pidieron contactar al Papa para que lo consagrara, y llegaron a decir que movía las manos o emitía luces de colores entre los dedos”, mencionó el investigador platense respecto a lo que sucedió con la momia de Behety.

Fue su amigo Lamberti quien identificó el cuerpo y gracias a ello en 1925 la familia Behety ordenó la construcción de un mausoleo para sepultar el cuerpo como correspondía. En cuanto a su momificación, se cree que sucedió de forma natural a causa del alcohol en sangre que se conservó en los últimos días de su vida. Otros coinciden en que ocurrió esto al ser enterrado en un ataúd recubierto internamente con zinc y tapado con cal, como se acostumbraba a hacer con los fallecidos por enfermedades contagiosas.




