La mayor parte del “cáncer de ovario” no lo es: y ese hecho puede salvar vidas
La gran mayoría de los casos comienza en las trompas de Falopio, y extirparlas puede reducir el riesgo en casi un 80 por ciento
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NUEVA YORK.- Kira Wynn hará casi cualquier cosa para evitar el cáncer de ovario, que mató a su madre.
“Mi mamá pensó que se había desgarrado un músculo en el costado”, dijo Wynn. El médico de su madre, agregó que “le dijo que hiciera fisioterapia”.
Como suele ocurrir con el cáncer de ovario, la enfermedad de la madre de Wynn ya estaba en una etapa avanzada cuando fue diagnosticada. Murió 10 meses después.
Las pruebas genéticas no pudieron identificar una mutación que revelara si Wynn también estaba en riesgo de padecer cáncer de ovario.
Por eso, Wynn, de 37 años, tuvo una consulta con Rebecca Stone, oncóloga ginecológica de Johns Hopkins Medicine. Lo que escuchó no fue lo que esperaba.
“Cáncer de ovario”, le dijo Stone, es un nombre inapropiado. Casi todos los cánceres de ovario, y casi todos los cánceres de ovario mortales, son en realidad cánceres de las trompas de Falopio. El 20% aproximadamente que comienza en los ovarios es diferente, dijo Stone, y generalmente puede curarse.
Las mujeres a las que se les extirpan las trompas, los conductos con forma de gusano de goma que transportan los óvulos desde los ovarios hasta el útero, reducen sus posibilidades de contraer cáncer de ovario en casi un 80%. Es una operación de cinco minutos que puede realizarse como parte de casi cualquier cirugía abdominal, incluyendo una histerectomía, ligadura de trompas, cirugía de vesícula biliar y reparación de hernia.
Sin embargo, ningún médico, dijo Wynn que le había mencionado nunca la extirpación de las trompas de Falopio.
Eso no es sorprendente, dijo Stone, porque la mayoría de los médicos (y el público) no conocen este nuevo enfoque, a pesar de que grupos profesionales como la Sociedad Americana contra el Cáncer, el Colegio Americano de Cirujanos y la Sociedad Europea de Oncología Ginecológica emitieron recientemente declaraciones alentando a los médicos a ofrecer la extirpación de las trompas al momento de otras cirugías abdominales.
La Sociedad Americana contra el Cáncer está trabajando ahora en una campaña nacional para que más mujeres y médicos sepan que la extirpación de las trompas puede ayudar a prevenir la mayoría de los cánceres de ovario. El grupo planea comenzar la campaña el próximo año, dijo Anne Reynolds-Doerr, una vocera.
Las mujeres tienen, en promedio, un 1,1% de riesgo de ser diagnosticadas con cáncer de ovario, uno de los más mortales de todos los cánceres. El cribado para detectarlo a tiempo no funciona (las tasas de mortalidad no se mueven). La ecografía, los análisis de sangre y las imágenes avanzadas fallaron. Y la mayoría de las 20.000 mujeres al año que reciben un diagnóstico de cáncer de ovario no tienen factores de riesgo conocidos. Para cuando descubren por qué tienen síntomas vagos como hinchazón y dolor abdominal, el cáncer se extendió por todo el cuerpo. Es poco probable que la cirugía y la quimioterapia, los tratamientos estándar, las curen.
Los tumores comienzan como pequeños focos microscópicos de células cancerosas que se derraman desde el extremo ancho de la trompa de Falopio que está ubicado contra un ovario. Siembran el ovario y el abdomen, donde crecen y se vuelven letales.
Kara Long, especialista en cáncer de ovario del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, compara estas diminutas células cancerosas con el polvo que sube de una alfombra y flota por una habitación.
Stone dice que son como caspa que cae sobre los hombros de una persona.
Ese descubrimiento, dijo Long, “fue un momento de iluminación para nosotros”. Explicó por qué el diagnóstico temprano fallaba tan a menudo: esas células diminutas no aparecen en la ecografía u otras imágenes.
Pero el hallazgo no pareció penetrar en la comunidad médica. “¿Cómo se toma un descubrimiento crítico, uno de los descubrimientos más críticos de mi vida, y se convierte en el estándar de atención?”, preguntó Stone.
La primera sospecha de que la mayoría de los cánceres de ovario comienzan en las trompas de Falopio comenzó en 2000 con un estudiante de doctorado holandés, Jurgen Piek. Sabía que las mujeres con ciertas mutaciones en cualquiera de los dos genes, BRCA1 o BRCA2, tenían un riesgo mucho mayor de cáncer de ovario. Muchas deciden extirparse los ovarios preventivamente para protegerse.
Así que Piek comenzó a estudiar los ovarios que las mujeres elegían extirparse, buscando signos tempranos de cáncer. Los médicos que extirpan los ovarios también extirpan las trompas de Falopio al mismo tiempo, porque aunque los ovarios pueden sobrevivir sin las trompas, las trompas no pueden sobrevivir sin los ovarios, de los cuales dependen para su suministro de sangre.
Piek notó algo que lo sorprendió: no vio ninguna célula precancerosa en los ovarios, pero a menudo las encontraba en las trompas. Las células se veían exactamente como el cáncer de ovario en etapa temprana.
En 2001 postuló que el cáncer de ovario comienza en las trompas de Falopio. “Estuve en algunas conferencias en ese momento como estudiante de doctorado”, dijo Piek. La mayoría de los asistentes, recordó, dijeron “es un lunático”. Otros, agregó, estaban intrigados.
Siguieron años de trabajo.
“Nos llevó mucha ciencia sentirnos realmente seguros acerca de recomendar que las personas se extirparan una estructura”, dijo Long. Hubo preguntas críticas: ¿Eran las trompas la fuente de cáncer en mujeres que tenían un riesgo promedio? (La respuesta es sí). ¿Es seguro extirpar las trompas? (Sí). ¿La operación daña los ovarios? (No).
Joseph Sakran, cirujano de Johns Hopkins Medicine, advirtió, sin embargo, que los artículos publicados no eran suficientes para cambiar la práctica. “Existe una brecha entre tener los datos disponibles y tenerlos implementados”, dijo.
Debido a que la extirpación de las trompas de Falopio afecta la fertilidad, los médicos se encargan de explicar las implicaciones antes de ofrecer el procedimiento. Quieren proceder con cuidado, asegurándose de que las mujeres no piensen que están siendo presionadas hacia la esterilización. Existe una larga historia de esterilización forzada de personas con discapacidad, negras y pobres.
Ahora, Break Through Cancer, una fundación en Cambridge, Massachusetts, y la Sociedad Americana contra el Cáncer están realizando un estudio en el Memorial Sloan Kettering, el MD Anderson Cancer Center y Johns Hopkins. A cada mujer programada para una cirugía abdominal se le ofrece la oportunidad de ver un video que explica lo que se sabe sobre el cáncer de ovario, y luego se le pregunta si le gustaría que le extirparan las trompas durante su cirugía. Cualquier mujer puede negarse a ver el video o negarse a que le extirpen las trompas de Falopio, por ejemplo, si está considerando quedar embarazada algún día o simplemente se siente incómoda con la idea de que le extirpen una parte sana del cuerpo.
Rolester Garner, de 79 años, que vive en Baltimore, vio el video recientemente cuando fue a Johns Hopkins para una visita preoperatoria antes de someterse a una reparación de hernia. No tiene antecedentes familiares de cáncer de ovario, dijo, ni ningún riesgo genético conocido. Y no tenía idea de que la mayoría de los cánceres de ovario comienzan en las trompas de Falopio.
Pero después de enterarse, dijo: “Iba a seguir adelante con eso”. Sakran le extirpó las trompas el 13 de julio.
Long dijo que ella y Stone revisaron los registros médicos de sus pacientes con cáncer de ovario para ver cuántas habían tenido una cirugía abdominal en el pasado. Si hubieran tenido la oportunidad, podrían haberse extirpado las trompas, previniendo sus cánceres.
“Más de una cuarta parte tuvo una oportunidad perdida”, dijo Long. “Oh, Dios mío, son cientos de pacientes”.
Kristin Buser, de 42 años, que vive cerca de Annapolis, Maryland, es una de ellas. Estaba entrenando para una carrera de 10 kilómetros el año pasado cuando comenzaron sus síntomas. “Algo no estaba bien”, dijo. “Tenía problemas de intestino irritable”.
Su médico pensó que Buser tenía síndrome de intestino irritable, pero la envió a una tomografía computarizada “para descartar cualquier cosa rara”, dijo Buser.
Recibió un diagnóstico el 15 de mayo del año pasado: cáncer de ovario avanzado. El tratamiento hasta ahora involucró cinco cirugías, nueve rondas de quimioterapia y cinco rondas de inmunoterapia.
Los patólogos descubrieron que su cáncer había comenzado en su trompa de Falopio izquierda. Había tenido una cesárea hace 10 años, junto con una ligadura de trompas, que cortó las trompas pero no las extirpó. “Me tenían abierta de par en par”, dijo Buser. Hubiera sido tan fácil extirpar sus trompas.
Pero, dijo, “me niego a mirar esto desde el punto de vista de pobre, pobre, lastimosa de mí”. En cambio, agregó, quiere contar su historia para ayudar a otros para que no pierdan la oportunidad de prevenir el cáncer de ovario.
“Lo más importante en mi vida”, dijo Buser, “es seguir adelante y mantenerme positiva”.
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