La patota de los andropáusicos
Los argentinos seremos esto y lo de más allá. Todo lo que quieran. Pero, sin duda, tenemos una religión aparte, que es la amistad. Este culto nacional, que se vive con gran alegría, tiene sus campeones, sus héroes, sus mitos y leyendas... y también sus pecadores. Pues en nuestra tierra existen, naturalmente, los fallutos. Como en todo el mundo. Pero el discurso nacional los considera mala gente, como puede comprobarse en el cancionero popular, el refranero y los proverbios. No hay figura más denostada que la del mal amigo, el traidor, el de la puñalada trapera, la mala astilla del mismo palo, el buchón, el batidor, el ortiba, el alcahuete, etc.
Como quiera que sea: todos los argentinos hacen un culto de la barra de amigos. La pandilla, la patota, el grupo. Se trata de estructuras un poco cerradas, ya que, como dicen los futbolistas, "los trapos sucios se lavan en casa".
Hay grupos de muchachos que están unidos desde el colegio secundario o la conscripción: y hoy, ya abuelos, se siguen reuniendo a comer el asado (o el puchero) el primer martes de cada mes. Hay barras de chicas que, vinculadas desde el liceo de señoritas, insisten en juntarse todos los viernes para tomar el té. Estas barras o asociaciones fraternales permiten -a veces- la incorporación de los hijos o las esposas. Y se renuevan a través de las décadas.
El andar del tiempo complica un poco los vínculos. Sobre todo cuando los hombres se ponen cascarrabias, mandones, discutidores. Es lo que pasa con la vieja barra de amigos del señor González, denominada sencilamente "la barra" por todos los integrantes.
Intimos compinches desde la vereda de Devoto en que se conocieron, han llegado a los 60 y pico. Autorizaron el ingreso a la pandilla de las esposas y compañeras porque, de otro modo, la organización habría sido proscripta por el Mando Femenino. Pero, este año, las distintas fobias y manías de los varones fundadores, todos en plena andropausia, se han combinado para minar la convocatoria a la reunión de octubre.
El señor González sólo admite comer carne de animal con pelo y patas, y nada que circule por las aguas, lo cual excluye del menú a merluzas, lenguados, dorados, mariscos, paella. langostinos y camarones.
El señor García no come carnes rojas porque padece gota: por la misma razón, rechaza el jamón crudo, el salame y otros embutidos, además de los mariscos. Bebe solamente vino tinto, y poco.
El señor Ferrari sólo se reúne con un máximo de tres personas, ya que padece fobia a las multitudes.
El señor Pérez se ha divorciado de María Ester y ahora concurriría con su joven compañera Romina, pero la señora de García, que ha sido siempre íntima amiga de María Ester, ex-señora de Pérez, no acepta compartir la mesa con la intrusa.
El señor Rossi no sale del perímetro de su country-club durante el fin de semana porque tiene miedo a los asaltos, de modo que aceptaría la reunión de la barra pero exclusivamente en ese sitio preciso, que a todos les queda lejos.
El señor López sólo acepta compartir la mesa con el señor Ramírez si los ubican a varios metros de distancia, ya que López simpatiza con Elisa Carrió, mientras que Ramírez es devoto de Kirchner. Ya se trenzaron varias veces.
El señor Ferrari sólo puede concurrir, bajo estricta vigilancia de su esposa, hasta las 22 horas, ya que después de la primera copa se vuelve incontrolable: cuenta obscenidades, discute, grita, insulta, se propasa con las señoras y pide más y más botellas. Entre varios deberán reducirlo para que su señora lo lleve de vuelta a casa. La distancia no puede ser larga porque ella no maneja bien, y él no está bien.
El señor Bernárdez acaba de enviudar, y no quiere que le mencionen el tema, ya que se encuentra muy abatido, pero a la vez mantiene comunicaciones telefónicas con la hija del señor Iñíguez, otro miembro de la barra, que lo tildó de "viejo verde". Sería un encuentro tenso.
El señor Martini anunció que este año no concurrirá: está deprimido porque sus tres hijos se fueron a vivir a España.
En este panorama se están desarrollando complejas y sutiles acciones diplomáticas. Se trata de negociar con unos y otros para encontrar un lugar, un momento, un cuadrante mágico, donde la amistad podría retomar su cálido ritual. La situación es difícil.




