
La semilla que creció después de Francisco: cómo Ópera Villera pasó del Bajo Flores al Vaticano y ahora espera a León XIV
Francisco los invitó a Roma, pero murió antes del viaje; su sucesor los recibió y ahora los jóvenes de Ópera Villera esperan reencontrarse con él en la Argentina
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Una estola violeta con la bandera argentina, las de Bolivia, Perú y Paraguay y la wiphala fue el regalo que una joven música del Bajo Flores le entregó a León XIV en el Vaticano. Llevaba también un deseo: que el pontífice pudiera usarla si visitaba la Argentina. Ahora, ante su llegada al país, los integrantes de la Orquesta Ópera Villera esperan reencontrarse con él. Según Mailén Ubiedo Myskow, fundadora del Centro Artístico Solidario Argentino (C.A.S.A.), ya recibieron invitaciones para participar en distintas actividades, algunas con músicos de la orquesta y otras con integrantes del coro. Una nueva presentación ante el Papa, sin embargo, no está confirmada.

Mientras los ojos del mundo están puestos en Roma, donde mañana será intervenido el Papa tras el hallazgo de un nódulo en el pulmón, los ensayos en Buenos Aires no paran.
En un salón del Bajo Flores, los violines siguen las indicaciones de la directora mientras una joven violonchelista observa su partitura. Entre guitarras, contrabajos, percusión y atriles, algunos de esos chicos recuerdan los seis minutos que tuvieron para tocar ante una multitud en la Plaza de San Pedro. La estola nació como una manera de identificar a los músicos, que suelen presentarse vestidos de negro. Para León XIV confeccionaron una versión más larga, similar a las sacerdotales. Una de las jóvenes se acercó a entregársela y explicarle el significado de sus colores, vinculados con las comunidades que forman parte del proyecto.
La iniciativa nació hace 15 años, cuando un grupo de estudiantes voluntarios comenzó a trabajar junto a Gustavo Carrara, entonces párroco del barrio. Había un club y escuelas primaria y secundaria, pero faltaba una propuesta artística. Organizaron clases gratuitas con los instrumentos disponibles; después llegaron docentes, colaboradores y la constitución formal de la asociación civil, que también desarrolla actividades en Villa Soldati.

“Al principio era un grupito de unas 10 personas. Hoy, los sábados, tenemos más de 125 alumnos”, cuenta Mailén a LA NACION. Las clases ocupan aulas de primaria, salas de apoyo, la biblioteca y cualquier espacio disponible. Ya no queda lugar para abrir nuevos cursos, aunque la demanda sigue creciendo. La mayoría de los estudiantes vive o asiste a la escuela en el barrio, pero también llegan desde distintos puntos de la ciudad, en parte, según la fundadora, por el cierre de otros programas similares. Hay chicos de seis y siete años y jóvenes que, después de avanzar en su formación musical, regresan para colaborar como asistentes.
Estudian cuerdas, vientos, percusión, guitarra, teclado y canto. Pero Ópera Villera no consiste únicamente en aprender a ejecutar un instrumento: los propios alumnos escriben las obras, crean personajes, diseñan el vestuario y preparan las escenografías. Participan de todo el proceso, desde la composición hasta la puesta en escena. Mailén destaca que el papa Francisco ayudó a visibilizar el trabajo comunitario en los barrios populares, aunque aclara que no todos llegan por motivos religiosos. La música forma parte de una red que también acompaña a las familias ante necesidades alimentarias, sanitarias y sociales.

La invitación que sobrevivió a Francisco
El viaje a Italia comenzó a gestarse a partir de un proyecto documental cuya productora iba a financiar el traslado. Mailén pidió a sacerdotes cercanos a Francisco que consultaran si los recibiría. El pontífice respondió con una carta de invitación para tocar durante una audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro. Dos meses después murió. Se cayó el documental y también el financiamiento, pero los chicos ya tenían la ilusión de viajar.

La elección de León XIV abrió otra oportunidad. Con gestiones ante las representaciones diplomáticas argentinas ante la Santa Sede e Italia, el apoyo de empresas y parroquias y alojamiento en la iglesia argentina en Roma, pudieron concretar el recorrido: viajaron 26 integrantes, permanecieron 10 días y ofrecieron seis conciertos. Uno fue durante la audiencia general del nuevo Papa.
Disponían de apenas seis minutos y no habían podido llevar todos sus instrumentos. Por eso crearon Rezo del Mundo, una obra adaptada al grupo viajero y concebida como una oración ecuménica por la paz: pequeños cuadros operísticos, pasajes cantados en distintos idiomas y referencias a diferentes credos. La mezzosoprano argentina Guadalupe Barrientos los acompañó en una interpretación que combinó música académica, ritmos populares, latín y chacarera. También incorporaron expresiones de Francisco, como “tierra, techo y trabajo” y “una Iglesia pobre para los pobres”. Era una manera de homenajear al hombre que había impulsado el encuentro.

El calor rondaba los 40 grados. Mailén estaba pendiente del agua, la comida, los instrumentos y la salud de los chicos. Durante la prueba de sonido, una nota aguda de Barrientos resonó en la plaza. Después llegaron la presentación, los aplausos y el entusiasmo del público. “Nunca había tenido la experiencia de tocar ante un público tan grande. La plaza estaba llena, era una locura”, recuerda.
Pero su momento más íntimo ocurrió lejos del escenario. En una visita anterior a Roma había entrado a la basílica de Santa María la Mayor sin saber que allí estaba enterrado Francisco. Al descubrir su tumba sencilla, se prometió regresar con los jóvenes. Esta vez pudo hacerlo. Tras días concentrada en que nada fallara, llegó junto al grupo y finalmente se permitió dimensionar lo ocurrido. “Ahí me lloré todo”, cuenta. La invitación había sobrevivido a la muerte de quien la escribió.

El reconocimiento y las cuentas pendientes
La noche posterior a la presentación recibieron otra noticia: Bizarrap había conocido el proyecto y decidió colaborar. El contacto surgió a través de Dale Play, que les había facilitado sus estudios para grabar Rezo del Mundo. Para Mailén, que todavía procesaba la emoción de haber tocado en el Vaticano, fue otra sorpresa. Los fondos de una subasta benéfica permitieron comprar timbales y atriles.
La ayuda no resolvió el problema de fondo. Un contrabajo puede costar más de un millón de pesos y los timbales adquiridos rondaban los tres millones. Al momento de la entrevista, C.A.S.A. tenía presupuesto apenas hasta el mes siguiente. Mailén fue seleccionada entre ocho iniciativas de Abanderados; si obtiene el premio por votación del público, estima que podría financiar otros seis meses. También reciben aportes mensuales para sostener las clases gratuitas.

Mientras buscan recursos, preparan el V Festival de Ópera Villera para noviembre. En la Legislatura porteña se presentó, además, un proyecto del diputado Alejandro Salvatierra para declarar sus actividades de interés social y cultural. El contraste persiste: lograron tocar ante el Papa, pero todavía deben conseguir cómo continuar enseñando música.
Mailén quisiera regresar a Italia con otro grupo. Los contactos obtenidos facilitarían el alojamiento y la alimentación; faltarían los pasajes. Sin embargo, su proyecto más ambicioso está mucho más cerca. Frente a las instalaciones que utilizan, sobre la avenida Cruz, imagina conseguir una fábrica o un depósito y convertirlo en un teatro barrial con sala de espectáculos, aulas de música y talleres de vestuario, escenografía y caracterización, abierto tanto a los vecinos como a artistas de otros sectores de la ciudad.

“Así como en otro momento parecía un delirio viajar a Italia con un grupo tan grande como el que pudimos llevar a tocar frente al Papa, hoy esto me resulta un delirio, pero lo cuento porque siento que siempre hay alguien que puede estar leyendo”, dice.
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