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En la Buenos Aires previa al siglo XX, la posibilidad de tomar un baño y asearse no era algo de todos los días. Las personas resolvían su aseo personal como podían y según cuenta Ana María Di Consoli, miembro de la Junta de Estudios Históricos de Montserrat, el que tenía la posibilidad se bañaba en su casa, pero tampoco lo hacía muy seguido. Las personas solían recurrir a tinas y trataban de aprovechar el agua al máximo; era común que del más grande al más chico de una familia se higienizara en la misma bañadera sin cambiar el agua.




