"Las sanciones escolares no sirven para nada"
Lo dijo una especialista mexicana al debatir con maestros, directores de escuelas y estudiantes de magisterio
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Cuando ya pasó más de un año de la masacre de Carmen de Patagones, donde un adolescente de 15 años mató a tres compañeros y baleó a otros cinco chicos dentro de una escuela, cinco nuevos casos violentos se registraron en las últimas horas en aulas de Mendoza, Catamarca, Córdoba, La Plata y Buenos Aires.
Esos hechos pusieron en evidencia la deficiente tarea del observatorio contra la violencia escolar y el efímero resultado del programa de desarme nacional, que proponía a los chicos el canje de un arma por un juguete.
Ante la seguidilla de hechos violentos en ámbitos educativos, y con el fin de aportar distintas miradas y soluciones a esa problemática, LA NACION reunió -en una charla informal- a la especialista mexicana en casos de violencia escolar Rossana Reguillo Cruz con directores de escuelas, maestros y estudiantes de magisterio que le plantearon su visión sobre el tema.
Docentes y estudiantes coincidieron en que hoy los padres ya no respetan tanto al maestro y no le brindan el apoyo incondicional que aportaban en otras épocas. Además, dijeron que los chicos ahora son protagonistas de nuevas manifestaciones de violencia, como la toma de edificios escolares y el corte de calles, entre otras.
Durante su paso por Buenos Aires, Reguillo Cruz recomendó abrir espacios de diálogo en los que los propios alumnos sean los que pongan las reglas de convivencia. Y aseguró que los docentes no están formados ni preparados para afrontar la violencia escolar que, cada vez con mayor frecuencia, se registra en aulas de colegios públicos y privados del país.
"Las sanciones [escolares] no sirven para nada. No hay soluciones de manuales ni estrategias que puedan ser repetidas. Cada caso es particular. La experiencia dice que lo fundamental es generar espacios para que las partes dialoguen. No hay que imponer desde las instituciones educativas soluciones que los chicos puedan ver como una norma que los amenaza y los interpela", dijo Reguillo Cruz a LA NACION.
La especialista indicó que si los chicos son incorporados como actores y ellos mismos definen una política para frenar hechos violentos en la escuela, la espiral de violencia en los colegios podría ser controlada.
Protestas
Silvia Ledo, vicedirectora del Normal N° 9 de esta ciudad, comentó que a mediados de año los maestros de esa casa tuvieron que enfrentar un hecho singular. "Los alumnos tomaron el colegio y salieron a cortar calles como forma de protestar por las deficientes condiciones edilicias en que se encontraba la escuela. Eso provocó momentos de tensión entre docentes y un pequeño grupo de chicos que se oponía a la medida", recordó la vicedirectora.
Reguillo Cruz dijo que el problema en este tipo de casos, donde existe una cierta atmósfera de violencia institucional, es que los maestros fracasan al transmitir la norma a los alumnos. "Se les intenta decir a los chicos que está mal que corten las calles, que tomen la escuela. Pero el problema es que ellos tienen que comprender por qué está mal eso. Es ahí donde fallan los maestros: no en transmitirles la norma, sino el sentido de esa norma", sostuvo la especialista.
Según la docente Silvia Fernández, del Instituto San Miguel de Lanús, gran parte de la impotencia y la rabia que la sociedad tiene contra las instituciones democráticas se focalizan contra el colegio. "El ciudadano ya no cree en los políticos, duda de la Justicia y en el único lugar donde se lo escucha es en la escuela, que termina convirtiéndose en una especie de confesionario donde las personas descargan sus problemas y esperan ser escuchadas", indicó.
Por su parte, Reguillo Cruz recomendó: "En muchos casos la exigencia de incorporar a los padres a la problemática escolar es contraproducente. No siempre conviene hacer reuniones con los padres. Depende de cada situación. Pues en distintas capas sociales la realidad familiar de los chicos es muy compleja: algunos no conocen a su papá, otros ni siquiera los tienen. Y cuando se convoca a una reunión de padres el alumno se siente solo".
Otros protagonistas
Carla Páez, estudiante de tercer año del Instituto de Formación Docente N° 174 de Villa Ballester, opinó que si bien muchas veces se ve a los chicos como los actores principales de hechos de violencia, no se objeta el papel violento -esa violencia instituida- de los maestros, que lo ejercen desde el poder al frente del aula.
Reguillo Cruz coincidió con la estudiante de magisterio, pero aseguró que, para superar todas las formas de violencia en el aula, en los últimos años "los maestros han pasado de la perplejidad a la queja y, ahora, a la dinámica que impulsa estrategias para frenar esta problemática que se ha instalado con fuerza en todas las escuelas públicas y privadas".
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