Llegaron al país los "personal shoppers"
Son acompañantes de compras de exclusivos clientes de hoteles de lujo; en la Argentina, cinco trabajan para el hotel Alvear
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"Es gente que no necesita comprar nada indispensable, que parece que tiene todo. Sin embargo, en cuatro o cinco horas puede llegar a gastar hasta 5000 dólares." Así, de manera clara -y aunque cueste imaginar cómo hace una persona para gastar esa suma de dinero en tan poco tiempo-, Annie Ochoa define a los turistas extranjeros a los que acompaña como "personal shopper" (acompañante de compras). El servicio consiste en guiarlos y asesorarlos -como mínimo durante tres horas- para comprar desde ropa en las mejores casas de moda y alta costura hasta platería, antigüedades, objetos de arte, decoración e incluso vinos.
"Son clientes que viven a un altísimo nivel y están acostumbrados a comprar también a muy alto nivel. Por eso sólo buscan aquello que es único, exclusivo y lo hacen por placer", completa Ochoa para explicar a LA NACION el perfil de quienes contratan a especialistas en compras como ella.
Refinada y elegante, Ochoa es una productora de modas que trabaja desde hace más de 20 años en la organización de desfiles y eventos en el Alvear Palace Hotel, que es el único que ofrece el servicio en el país, confirma la Asociación de Hoteles de Turismo de la República Argentina.
Según afirma a LA NACION Cecilia Nigro, gerente de Relaciones Públicas del Alvear, hotel cinco estrellas situado en pleno corazón de Recoleta desde 1932, se trata de un servicio nuevo, que comenzó a prestarse en mayo de 2003, y que registra una demanda creciente en los últimos meses, sobre todo debido a las ventajas del tipo de cambio para el turista extranjero.
"Nos esforzamos para adaptarnos a las necesidades específicas de cada huésped, porque el viajero de lujo requiere la hiperpersonalización de servicios. Por eso estamos atentos a nuevas tendencias como ésta, que sólo ofrecen algunos hoteles de Nueva York y de París", sostiene Nigro.
A menudo, según indica, los turistas contratan este servicio opcional con antelación, lo que permite conocer sus requerimientos especiales, según su perfil. El costo es de 30 dólares la hora, pero se pueden agregar horas adicionales a las tres estipuladas como mínimo. Después sigue una comunicación telefónica con el "personal shopper", en la que se detalla el recorrido y se acuerda un horario.
Annie Ochoa dice que esa conversación previa es fundamental, que lo clásico es salir a las 10 y terminar la recorrida a las 13, con un auto a disposición en forma permanente. "Casi siempre son mujeres, en su mayoría norteamericanas o europeas. Pero muchas vienen acompañadas por sus esposos, que también compran. Algunos piden ver especialmente piezas textiles artesanales, como mantas andinas o telares; otros, prendas determinadas", dice.
Cada turista gasta en promedio 500 dólares por salida, según revela. "Pero a veces llegan a gastar hasta 5000 dólares", dice. ¿Cómo alcanzan esa cifra? "Muy simple, si un cinturón cuesta 600 dólares, un objeto de diseño otros 1000 dólares, y así sucesivamente, rápidamente se suma una cifra muy alta", contesta con naturalidad esta mujer que, coqueta, cuando se le pregunta su edad, sólo concede "cincuenta y pico".
Requisitos
Según describe Ochoa, para ser "personal shopper" hay que saber de moda, conocer los circuitos de galerías de arte y casas de antigüedades. El inglés es obligatorio, aunque la mayoría domina también el francés y el italiano. "En el hotel somos apenas cinco, pero sé que hay otras que prestan sus servicios de modo independiente", afirma. La edad promedio de estas mujeres coincide con las de sus clientas, entre los 30 y los 55 años.
Pero las más jóvenes también aprecian los consejos de una "personal shopper". Así lo hicieron en la tarde del jueves último Joanna Wolffer y Adriana Blakeg, dos neoyorquinas de 21 años que se probaron pulseras y aros de perlas y brillantes en la joyería Zanotti, en avenida Alvear al 1800, que finalmente no compraron.
En los EE.UU.
- Los "personal shoppers" irrumpieron como oficio en los Estados Unidos y la actividad experimentó su auge durante la década del 90. Se dedican a hacer compras para personas de altos recursos que prefieren delegar esa tarea en especialistas en consumo, en un país donde esa actividad se ha transformado en una "obligación" tediosa. Son especialistas en consumo, en calidad de productos que deben elegir y dónde adquirirlos.
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