Los españoles se disponen a celebrar entre euros y turrones

No hay ahorros a la hora de preparar la mesas navideñas
Silvia Pisani
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15 de diciembre de 2001  

MADRID.- Los festejos de Navidad y Año Nuevo en España podrían competir por el título de los más extensos: duran no menos de 37 días: desde el 1° de diciembre hasta un día después de la fiesta de Reyes. Ese es el período en que oficialmente todas las administraciones -desde la más rica hasta la del pueblo más pequeño- inundan plazas y calles con abundante alumbrado festivo. Pero, en rigor, el festejo es un poco más largo. Ya en noviembre los principales negocios se esmeran en sus campañas de publicidad: "Falta poco para las ofertas de Navidad", advierten. Y el clima cambia. Total, entre una cosa y otra se redondean fácil los dos meses.

Lo que sí podría discutirse es lo de "ofertas". Porque no es ésta una época en la que los precios tiendan a la baja, precisamente. Aun así, y a caballo de la bonanza económica y el ánimo de consumo, los peninsulares escatiman poco. Regalos, decoración y mesa para las celebraciones se llevan notables esfuerzos. Ya desde finales del verano -en agosto- las principales productoras redoblan sus esfuerzos en la elaboración de turrones y sidras.

Sobre la fecha, lanzan campañas publicitarias no exentas de lo típico, como una taladrante melodía de gaitas como fondo, o el caso de uvas "peladas y sin semilla" para evitar accidentes al cumplir la maratónica tradición de comer uno de esos frutos con cada campanada para despedir el año. Se sabe, hubo más de un caso de asfixia entre inexpertos...

Este año, lo tradicional competirá, sin embargo, con uno de los pasos más importantes que da el continente en su carrera hacia la unificación: la llegada del euro, la moneda común. En el caso de España, reemplazará a la más que centenaria peseta, que, a pesar de sus devaluaciones, extenso servicio prestó al bolsillo español.

El Año Nuevo del Euro, pasó a llamarse este 2002. Y, como cada vez que se despide algo y llega otra cosa, hay quienes lloran -y mucho- deshacerse de "la rubia", como se dice coloquialmente a la peseta, en alusión al tono cobrizo con que se la acuña.

El gobierno logró el compromiso de varias administraciones para que el nuevo euro fuera protagonista en el momento de las 12 campanadas. El secreto mejor guardado es cuál será su papel cuando lleguen las 24 del 31. Un misterio donde lo único cierto es el momento en que será develado.

A la hora de los regalos, una encuesta publicada por el diario La Voz de Galicia revela, una vez más, el poder de la globalización. Aseguró que uno de cada dos niños de la región pedirá "algo de Harry Potter". Desde libros hasta toallas, pasando por el sombrero del popular mago. Está bien que los niños gallegos no son muchos... pero no deja de ser llamativo.

Lo otro se ve en los carteles. Abundan los Merry Christmas, en desmedro del castizo Feliz Navidad. Y eso ha generado una encendida protesta de los defensores de la lengua española. Mal final para el año de la ofensiva conjunta con países de América latina para potenciar el uso del español en Internet.

Puestos a protestar, hay de todo. Ayer, una carta de lectores del madrileño diario El Mundo cuestionaba duramente "el gasto del Tesoro público" en la extraordinaria iluminación que se ve en las calles. El morbo se lo lleva la desenfrenada búsqueda del 11.901 para la lotería de Navidad. Como se ve, coincide con la fecha de los atentados terroristas en Nueva York y Washington. "El número de Bin Laden", pasaron a llamarlo en la comarca gallega de A Mariña, donde están dispuestos a ir contra la corriente con eso de la suerte: el "billete terrorista" fue uno de los primeros en agotarse.

Nacen nuevos valores

El espíritu de la Navidad encendió en Bibi Brucco, una profesora de literatura de Banfield, la reflexión sobre la situación de nuestra sociedad. La lectora invita a no perder las esperanzas porque es una oportunidad ideal para “proponer una reestructuración ética” pues “las grandes modificaciones sociales fueron, son y serán fruto de pensamientos innovadores que se separan de la ortodoxia mayoritariamente aceptada”. Por eso, Bibi propone una interpretación de la Navidad, no sólo como nacimiento, sino como un “renacimiento de valores”.

Sonrisas y caricias a los que están solos

Se identifica como Calimero y recomienda una fórmula simple: “Regalar una sonrisa, una caricia o unos minutos de nuestro tiempo para aquellos que están solos, dándole consuelo al que sufre y aliento al que lucha contra la adversidad”. Si uno es el afligido y hace esta ofrenda de misericordia, “Dios, que es la misericordia misma, te lo dará por añadidura”, aconseja el lector.

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