
Pasar fin de año en la guardia del hospital
El Hospital Oftalmológico Santa Lucía y el Hospital del Quemado intensifican su rutina cada 31 de diciembre; a pesar de la demanda por los accidentes con pirotecnia, los médicos de guardia celebran a su modo junto a pacientes y familiares
1 minuto de lectura'

Mientras la ciudad festeja, dentro de los nosocomios se pone en marcha una dinámica diferente, aunque no exenta de celebración, para atender el incremento de las consultas por los accidentes producidos por la manipulación de pirotecnia o el descorche incorrecto de botellas.Debido a sus especializaciones, las vísperas de las Fiestas y los días posteriores son fechas de alto impacto en las guardias del Hospital de Oftalmología Santa Lucía y del Hospital de Quemados, ambos dependientes del Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires.
En la medida de lo posible, los profesionales de la salud también se permiten disfrutar del consabido Vitel Toné y el brindis, obviamente sin alcohol, junto a sus compañeros, los familiares que se acercan a saludarlos y, desde ya, los pacientes recién arribados o aquellos que permanecen internados desde días anteriores.
Como en cualquier casa, pero con ciertas precauciones. Y, sobre todo, con el guardapolvo puesto para interrumpir el ritual y comenzar con otro: el de la atención de las urgencias. Cardiólogos, anestesistas, neurocirujanos, clínicos, pediatras, bioquímicos, enfermeras, son solo algunos de los protagonistas de las guardias hospitalarias, un verdadero batallón de profesionales al servicio del paciente y de su familia.
“Para personas como nosotros, que hemos transcurrido 35 años en el hospital, prácticamente toda una vida aquí, tenemos asimilado pasar las Fiestas trabajando. Nos hemos casado, nacieron nuestros hijos y sabemos que para estas fechas llega el momento de atender algunas patologías específicas El médico que hace guardia está acostumbrado a estar en su puesto durante las Fiestas”, explica Eduardo A. Torres, Subdirector de Atención Médica del Hospital Oftalmológico Santa Lucía.

En el Hospital de Quemados la situación es similar. Se enciende el arbolito, se arma la mesa y se festeja, pero dependiendo de la demanda espontánea de la guardia. El paciente siempre es quien decide cuánto durará el bacanal de los médicos: “Si está todo tranquilo, nuestra propia familia se acerca y se adhiere al festejo hasta la hora en que comienza el ajetreo”, explica Armando Escobar, Director del Hospital de Quemados. En las primeras horas de la noche, hijos, nietos, padres y parejas llegan para saludar, acercan algo rico para comer y le cambian el ritmo habitual al hospital.
El 31 de diciembre y el 1° de enero son días de intenso trajín. Aún más que en Nochebuena y Navidad. La ciudad tira la casa por la ventana y en medio de la euforia, los brindis y los deseos a cumplir en el nuevo año, se producen algunos desenfrenos.

Con las celebraciones aparecen los conocidos, aunque evitables, accidentes. Quemaduras en diversas partes del cuerpo y heridas en los ojos conforman los diagnósticos más habituales. Si bien las campañas de prevención y el alto costo de la pirotecnia han logrado descender considerablemente el número de heridos con respecto a décadas pasadas, aún resta mucho por hacer en cuanto a la concientización de la sociedad.
“Trabajamos todo el año, pero en esta fecha cobramos visibilidad”, aclara Mirta Silvia Rivas, supervisora del turno mañana del Hospital de Quemados. Los festejos de fin de año permiten, viendo la otra cara de la moneda, no solo difundir la actividad de los profesionales de la salud sino también reforzar las campañas de prevención.
De guardia
“Mi última guardia fue un 31 de diciembre, hace muchos años ya. Recuerdo que mis hijos eran chicos y lo pasaron con mis padres. A las doce me dio una angustia tremenda. Pasarlo lejos de los hijos es bravo, pero, también, con tantos años de guardias y trabajo compartido, la familia de uno pasa a ser ésta, la del hospital. Además de compañeros de trabajo somos una familia con sus más y sus menos, como toda familia”, explica Estela Fernández Rey, directora del Hospital Santa Lucía.
Mercedes Portas es la Jefa del Departamento de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital de Quemados. Lleva 38 años trabajando en ese edificio ubicado en la coqueta Avenida Pedro Goyena de Caballito. Al igual que muchos de sus colegas, son incontables las fiestas de fin de año que pasó atendiendo pacientes. “Es una fecha especial porque uno trabaja cuando la mayoría de la gente está festejando con su familia. Pero nosotros tenemos la familia del hospital”, explica con orgullo.

Valeria Fernández es cirujana y una de las tantas profesionales que disfruta de su vocación y hasta de compartir celebraciones importantes en el Hospital de Quemados: “Estuve en todas las Fiestas. Somos un grupo humano importante, muy unidos, y tratamos de pasarla lo mejor posible, teniendo en cuenta el dolor del paciente y atentos a las urgencias de la noche y de la madrugada. Nos manejamos como en cualquier casa. Todos traemos comida y se comparte. ¡Hay de todo, hasta pan dulce!”, confiesa muy simpática y atenta a disfrutar de su nuevo fin de año en el hospital que tanto ama.
Los enfermos y sus allegados también son parte del programa: “Cuando llegan los familiares de los pacientes, se les permite pasar a verlos siempre y cuando la persona internada no esté grave. Además, se arman mesas en los diferentes servicios y se comparte todo”, explica Rivas. En idéntica sintonía la doctora Fernández Rey reconoce que “es muy lindo estar en el hospital para las Fiestas porque hay un ambiente distinto, a pesar del intenso trabajo”.
En el Hospital de Quemados se pone en marcha una modalidad especial con motivo del fin de año. Pequeñas licencias que le hacen más confortable la estadía al paciente y a los suyos. “Los que pueden salir de su habitación, se les permite ir al pasillo a saludar a su familia. En general, los niños no pueden estar, pero en esa fecha se hace una dispensa especial, siempre y cuando no haya infecciones o alguna patología que lo contraindique. Hay permisos especiales”, explica la doctora. Portas. El doctor Escobar diferencia las necesidades del internado y las de sus seres queridos: “El paciente quemado es un paciente especial. No se trata de alguien que programó una cirugía. Así que en ese sentido, me parece que al paciente le importa poco la fecha especial. Los familiares son los que más tienen el deseo de estar con él para apoyarlo, protegerlo, contenerlo”.

A pesar de las emergencias y las urgencias. A pesar del trajín. A pesar de la lejanía con los seres más queridos, es importante que los profesionales puedan transitar apaciblemente esas noches especiales. El doctor Torres explica que “es fundamental que haya un ambiente festivo que estimule a los profesionales, para que el hecho de estar de guardia no sea un castigo sino un aspecto inherente a la profesión a la que se llegó por vocación. Y que esas guardias se repetirán no sólo para fin de año sino también en cumpleaños, eventos familiares y sociales”.
Todos los profesionales coinciden en que no hay reclamos de sus propias familias por la ausencia. Saben que esa pasión es también una misión. Y el orgullo se traslada entonces a hijos y nietos que valoran el trabajo y dejan de lado el costo de la ausencia.
“Cuando aparece una emergencia, cada uno sabe qué tiene que hacer. Nadie ordena nada, todo se pone en marcha automáticamente”, grafica la Lic. Portas y agrega que “no solo para fin de año, también sucede así en casos especiales como fuero el incendio de la disco Cromañón o la tragedia del avión de Lapa”.
Agradecimientos
Las anécdotas y las emociones fuertes se suceden en estas fechas que calan hondo en los sentimientos. Todo se agudiza. El dolor es más fuerte, la soledad se profundiza y los médicos también se convierten en los receptores de dolencias que van más allá de lo físico. “Hubo un fin de año en el que tuvimos a un paciente sentado en la sala de espera, aguardando las doce de la noche. Al consultarlo, comprobamos que, en realidad, no tenía ninguna dolencia sino que estaba solo y no tenía con quien pasar el 31. Entonces lo invitamos a brindar con nosotros”, cuenta emocionado el Dr. Eduardo Torres. La Dra. Fernández Rey también se emociona al recordar a los pacientes que “nos dejan notas, nos agradecen, nos miman”.
Beatriz Rojas es enfermera del Hospital Santa Lucía desde hace 35 años. Pasó varios fines de año sin sus hijos y sin sus nietos. Pero no le molesta. Hay disfrute en poder ayudar a que otros alivien su dolor en fechas tan especiales: “La gente llega muy angustiada, así que lo primero que hacemos con el paciente es tranquilizarlo, hablarle, contenerlo. Se lo acuesta en la camilla, se busca que se relaje y, si es necesario, se lo anestesia. Este hospital recibe gente de la provincia que, muchas veces, no tiene a nadie en Buenos Aires, entonces se busca contener para que la persona no sufra”. La profesional sabe lo que es estar en la trinchera del trabajo. Y que ese esfuerzo también tiene sus frutos más allá de la sanación física: “Los pacientes me agradecen por Facebook o regresan para sacarse fotos. El día de la enfermera también se acuerdan y me saludan”.

Los momentos dolorosos son imborrables. Dejan huella. Marcas indelebles. Pero también, generan infinita gratitud en aquellos que contribuyeron a superarlos. “Mucha gente que estuvo internada durante el año llega en estas fechas a saludar y agradecer. Los pacientes más humildes te sorprenden cuando aparecen con un pan dulce o con algo para brindar. Eso conmueve”, confiesa la Dra. Fernández Rey.
Prevención
En casa de herrero, cuchillo de palo. La Lic. Portas recuerda que un 31 de diciembre la cuadra del hospital se había desbordado con la utilización de pirotecnia que hacían los vecinos. Cuando ella consultó por qué tanto bullicio, no dudaron en decirle que “no les preocupaba un accidente porque tenían enfrente el hospital”.

Todos los profesionales coinciden unánimemente en la prevención. “No se debe utilizar pirotecnia. Solo debe ser manejada por personas especializadas y en espectáculos para tal fin”, dice la Dra. Fernández Rey que ha visto cientos de ojos arruinados por estos objetos. El Dr. Torres agrega: “Las botellas se deben destapar con servilletas, evitando que el corcho salga disparado. Los accidentes con corchos provocan hemorragias internas dentro del ojo que son muy severas. Además, no se debe colocar petardos dentro de recipientes de vidrio porque estallan y provocan heridas penetrantes como rotura del globo ocular”.
“La mejor pirotecnia es la que no se usa. Hasta una estrellita puede provocar una lesión. Nada es inocuo. Ahora los artefactos son muy sofisticados y pueden generar quemaduras graves. Además, hay pirotecnia legal e ilegal. Desde ya, la legal es más segura. Ante cualquier quemadura, se debe lavar con agua la herida, hacer compresas frías con agua y acudir rápido al hospital. A la quemadura no hay que ponerle crema, ni dentífrico, o cualquier otro invento casero. Agua y al hospital”, dice categórico el doctor Escobar.
Para ellos no hay descanso cuando la mayoría está festejando. Pero hacen de ese esfuerzo un motivo de orgullo y de placer. La sociedad les agradece. El primer día de cada año el Hospital Santa Lucía y el Hospital de Quemados ocupan espacio en los medios de comunicación. Pero su tarea es de doce meses, las veinticuatro horas del día poniendo de relieve el valor de la salud pública.
1
2Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
3Después de los therians, llegó el “Hobby dogging”: de qué se trata la nueva tendencia de pasear a perros imaginarios
4Tos convulsa: no ceden los casos y piden reforzar la vacunación antes del inicio de las clases

