
Peligran variedades de algarrobo
Alerta: expertos y entidades ecologistas advirtieron que en Entre Ríos la intensa tala amenaza el futuro de varias especies del árbol.
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PARANA.- María de Lourdes Cura mira pasar las cargas vegetales "como cortejos fúnebres" y con esa frase sintetiza el pesar y el enojo de muchos.
Ella es presidenta de la Asociación Amigos del Arbol. Y asegura que con la tala compulsiva de algarrobos en Entre Ríos "dejaremos un desierto como herencia".
A su juicio y el de la entidad que preside, la moda de los muebles de algarrobo desencadenó una avalancha de buscadores de esta preciada madera que están arrasando los montes.
Los ambientalistas coinciden en una exigencia: prohibir las extracciones antes que lamentar la extinción total de los montes y la desaparición de la fauna que los habita.
En un principio, los explotadores utilizaron el ñandubay para los postes de los alambrados en la pampa. Después arrasaron con el ñandubay y el algarrobo para abastecer las locomotoras del ferrocarril con carbón natural.
Hoy, la furia por los muebles de algarrobo vuelve a sacudir la flora nativa.
Tránsito comercial
A diario, los pesados troncos de algarrobo parecen hundir los camiones en el asfalto rumbo al túnel Hernandarias. Son las mismas maderas que, en pocas horas, se convertirán en tablas y luego, en mesas, modulares o juegos de dormitorio.
Tanto el algarrobo negro (Ibopé hú) como el blanco (Prosopis nigra y alba) ofrecen una madera que los muebleros pueden utilizar apenas es aserrada, verde.
Esta cualidad condena a la especie, en comparación con otras que obligan a esperar dos o tres años para que su madera se seque.
"El distrito del algarrobo entre Feliciano y La Paz ya fue devastado; Alcaraz es la vergüenza provincial, se cortó todo; los aserraderos están cerrados y ahora se lanzaron sobre Bovril", denunció Cura.
No sólo la tala. También la falta de reforestación agudiza el problema.
El Ibopé pará o árbol puesto en el camino para comer -como llamaban los guaraníes al algarrobo blanco- es otra de las especies que están en peligro.
Las quejas por la situación también provienen de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de numerosas entidades preocupadas por el ecosistema.
"Hace poco comprobé en Alcaraz (departamento La Paz) que arrasaron un campo de 200 hectáreas; esto escapa de las manos de los organismos de control", afirmó Norberto Muzachiodi, encargado del parque San Martín.
Las áreas protegidas en la provincia suman 17 -algunas de ellas muy pequeñas-, que en total alcanzan a 14.000 hectáreas, sólo el 0,14 por ciento del territorio provincial.
En tanto, el diputado Carlos Fuertes logró media sanción en la Legislatura provincial para su proyecto de protección de las especies de prosopis. Pero el proyecto aún no completó su trámite parlamentario.
Mientras tanto, los expertos coinciden en que la deforestación impacta negativamente sobre el suelo y el escurrimiento de las aguas en busca de un curso. Algo de lo que, desgraciadamente, la memoria cercana de la provincia sabe mucho por experiencia.





