“Pensamientos horribles”: el caso que cuestiona lo que se sabe sobre los cambios psiquiátricos en las mujeres posparto
Los expertos afirman que, tras dar a luz, las ideas intrusivas son comunes y mayormente benignas; la historia de Lindsay Clancy, que mató a sus tres hijos, ofrece una excepción inquietante
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NUEVA YORK.– Durante las semanas previas a que matara a sus hijos, mientras probaba un régimen de fármacos psiquiátricos tras otro, Lindsay Clancy mantuvo un registro cuidadoso de los síntomas que la perturbaban.
“Pensamientos intrusivos”, escribió en su diario el 8 de diciembre de 2022. Al día siguiente, “pensamientos intrusivos horribles”. El 11, 12 y 13 registró más “pensamientos horribles”. Para el 14 algo había cambiado: la intensidad. “Pensamientos HORRIBLES”, escribió, subrayando ambas palabras. El 24 de enero de 2023 cometió los asesinatos.
Tres años y medio después, el caso de Clancy puso los cambios psiquiátricos que experimentan las mujeres tras el parto en el centro de un debate. En su juicio por asesinato en Estados Unidos, que terminó este mes con un jurado estancado, su defensa argumentó que ella estaba psicótica y no podía ser considerada legalmente responsable por estrangular a sus tres hijos de 5 años, 3 años y 8 meses; los fiscales argumentaron que estaba deprimida, pero era racional.
Que estaba atormentada por pensamientos intrusivos –ideas o imágenes angustiantes que aparecen sin ser invitadas en la mente de una persona– es claro para ambas partes. Incluso la policía estatal pareció entender su importancia; una pieza de evidencia que recolectaron fue un libro que Clancy tenía en su cocina, llamado Las buenas madres tienen pensamientos aterradores: una guía de sanación para los miedos secretos de las nuevas madres.

El enfoque del juicio en los pensamientos intrusivos, un síntoma clásico de los trastornos de ansiedad, desestabilizó un consenso en la psiquiatría y subrayó lo poco que se entiende sobre el cerebro posparto.
En los últimos años surgió investigación que muestra que, a medida que el cerebro se prepara para la tarea maratónica de proteger a un recién nacido, casi todos los padres primerizos experimentan pensamientos no deseados de daño hacia su bebé. Los expertos tranquilizan a las mujeres en posparto asegurándoles que esto no indica un riesgo de violencia; de hecho, los pensamientos aterradores pueden producir una respuesta protectora, de forma muy similar a como el miedo a las alturas puede hacer que alguien se aleje reflexivamente de un precipicio.
Pero la defensa de Clancy argumentó que sus “pensamientos horribles” eran algo más raro y alarmante: delirios o alucinaciones que señalaban una espiral hacia la psicosis posparto. Este caso inusual, con su trágico desenlace, causó repercusiones entre los especialistas perinatales, llevando a algunos a revisar cómo distinguir los pensamientos intrusivos inofensivos de los peligrosos.
“Tenía mucha certeza antes de este caso”, dijo Karen Kleiman, autora de Las buenas madres tienen pensamientos aterradores. Kleiman hizo su misión tranquilizar a los nuevos padres de que los pensamientos intrusivos son normales. Durante mucho tiempo recomendó una prueba simple para determinar si tales pensamientos podrían señalar una psicosis: si la paciente encontraba los pensamientos repelentes o aterradores, “decimos: ‘OK, bien, no estás psicótica’”.
“Bueno, ya no podemos hacer eso, de hoy en adelante”, advirtió. Ahora, señala, recomendaría que los clínicos profundicen más, buscando otros síntomas como manía, confusión o paranoia. Se puso en contacto con sus editores para considerar realizar cambios en algunas de las ilustraciones y el texto del libro.

“Lo que realmente estamos aprendiendo es cuánto no sabemos –dijo–. Cuánto no saben los expertos”.
En 2017, cuando Kleiman comenzó a solicitar relatos de mujeres sobre pensamientos intrusivos en el sitio web del Postpartum Stress Center, el centro de tratamiento que dirige en las afueras de Filadelfia, las historias llegaron a raudales.
“Me da miedo tropezar y caer mientras sostengo a mi bebé”. “Tengo visiones de mi hijo corriendo hacia el tráfico, escapando de un tren o cayendo al agua”. “Vi su muerte tantas veces en mi visión y me asustó”.
Los investigadores descubrieron que pensamientos como estos son casi universales en las primeras semanas después del parto, tanto para los padres como para las madres. Una posible explicación es que el cerebro está preparando al nuevo padre para la vigilancia al dirigir altos niveles de hormonas reproductivas a áreas que producen imágenes vívidas.
Un estudio de 2022 de Nichole Fairbrother que siguió a 763 mujeres canadienses durante seis meses después del parto encontró que el 96% reportó pensamientos de dañar accidentalmente a su bebé, mayormente por asfixia o muerte de cuna, y el 54% reportó pensamientos de dañar intencionalmente al bebé, a menudo sacudiéndolo o gritándole.
Esos miedos estaban en su punto más intenso durante los primeros dos meses posparto, luego comenzaron a disminuir y se resolvieron en gran medida dentro de los seis meses.
Los pensamientos intrusivos están clásicamente asociados con el trastorno obsesivo-compulsivo, que es más común en mujeres posparto, afectando alrededor del 6% al 8%, mientras que en la población general la prevalencia es de alrededor del 1% al 3%. El TOC generalmente se trata con terapia de exposición y, si es necesario, un antidepresivo de dosis alta.

En aislamiento, estos pensamientos pueden servir realmente una función protectora, sostuvo Julia Riddle, directora de psiquiatría ambulatoria en el Women’s Mood Disorders Center de la Universidad de Carolina del Norte (UNC) en Chapel Hill.
En un artículo de 2008 en los Archives of Women’s Mental Health, Fairbrother y Sheila Woody encontraron que los padres que tenían pensamientos de dañar intencionalmente a su bebé eran, de hecho, inusualmente vigilantes. Tendían a revisar frecuentemente al bebé y evitar situaciones que veían como peligrosas.
Las buenas madres tienen pensamientos aterradores, el libro de 2019 de Kleiman, fue diseñado para entregar este mensaje tranquilizador. El libro era tan accesible que algunos hospitales lo distribuyeron a las nuevas madres. Kleiman lo ve como su mayor logro profesional, porque impulsó a muchas mujeres a abrirse sobre sus síntomas.
Cuando una mujer confía en un profesional, “su ansiedad pasará de un 10 a un 5, según mi experiencia –indicó–. Porque alguien que sabe de lo que habla me está diciendo que estoy bien”.
Perdiendo la percepción
Mientras que muchas nuevas madres experimentan cambios mentales posparto, el testimonio en el juicio de Clancy sugirió que su enfermedad siguió un camino atípico.
Comenzó a sentirse mucho peor en septiembre de 2022, cuando su tercer hijo, Callan, tenía casi cuatro meses y ella lo estaba destetando. Pidió una cita con un psiquiatra, describiendo “ataques de ansiedad, disminución del apetito, estado de ánimo deprimido, distracción fácil, preocupación excesiva, culpa, incapacidad para sentir placer, incapacidad para conciliar el sueño y pensamientos acelerados”.
Durante los meses siguientes, una serie de clínicos intentaron identificar un trastorno subyacente, diagnosticándola, en diferentes puntos, con trastorno de ansiedad generalizada, trastorno bipolar y trastorno depresivo mayor. Iniciaron ensayos de 13 medicamentos psicotrópicos diferentes, entre ellos antidepresivos, benzodiacepinas, antipsicóticos y estabilizadores del estado de ánimo.

Pero Clancy respondió mal a muchos de los medicamentos, los cuales dijo que le causaban insomnio y entumecimiento emocional. Siguió probando nuevos tratamientos y siguió empeorando.
A finales de noviembre, Clancy mencionó por primera vez pensamientos intrusivos a su psiquiatra, Jennifer Tufts. En ese punto, parece, los pensamientos eran principalmente suicidas.
“Pensamientos horriblemente intrusivos, quería que todo terminara”, le envió un mensaje a una enfermera practicante, Rebecca Jollotta, el 2 de diciembre, según el testimonio judicial.
“Quiero asegurarte que no es poco común y no significa nada sobre quién eres como madre”, le respondió Jollotta. Sugirió que Clancy comprara el libro de Kleiman.
A mediados de diciembre, los pensamientos de Clancy parecieron volverse más perturbadores. Su madre, Paula Musgrove, testificó que Clancy se acercó a ella y a su esposo, Patrick, en la cocina. “Recuerdo que estaba muy nerviosa. Dijo: ‘Tengo que decirles algo’. Y luego nos dijo que tenía pensamientos de dañar a los niños”, detalló.
Clancy afirmó que el 23 de enero de 2023 sus síntomas se intensificaron y que experimentó una alucinación de comando: una voz masculina que le decía que matara a sus hijos. Esto, argumentó su defensa, fue psicosis posparto, que afecta a entre 1 y 2 de cada 1000 nuevas madres. Aunque es tratable con estabilizadores del estado de ánimo, la psicosis posparto se considera una emergencia psiquiátrica clara, que generalmente dicta la hospitalización.
Nuevas preguntas para los expertos
Los expertos en ansiedad posparto explican que hay una distinción clara entre los pensamientos ansiosos e intrusivos, que son comunes y generalmente no representan peligro, y los pensamientos psicóticos. La pregunta importante, dijeron, es si la paciente encuentra el pensamiento repelente o incómodo.
“Mi lectura de la literatura es bastante clara en que cuando las personas tienen TOC, generalmente tienen una respuesta de miedo a esos pensamientos”, apuntó Jonathan Abramowitz, profesor de psicología y neurociencia en la UNC Chapel Hill.
En la psicosis, por el contrario, una persona generalmente encuentra que sus pensamientos son creíbles y justificados. “Envuelven su realidad alrededor de los pensamientos”. Las dos experiencias, dijo, son “cualitativamente diferentes”. Afirmó que nunca había tratado o evaluado a un paciente con TOC cuyos pensamientos aterradores se hubieran convertido en delirios.
Si eso sucediera, advirtió, reevaluaría el diagnóstico y consideraría la posibilidad de un trastorno psicótico.
Fairbrother, directora del Perinatal Anxiety Research Lab en la Universidad de Columbia Británica, también informó que nunca había tratado a una paciente cuyos pensamientos ansiosos e intrusivos se hubieran convertido en síntomas psicóticos, como escuchar voces.
“Eso no es una opción. [Si hubiera sucedido] Sería porque una enfermedad nueva, separada y paralela estaba ocurriendo”, consideró.
Una paciente en psicosis típicamente muestra otros síntomas, como confusión o paranoia. Con el TOC, los pensamientos intrusivos tienden a venir en forma de imágenes, palabras o impulsos, describió; una alucinación, que ocurre en la psicosis, es más probable que sea experimentada como una voz.
Esta distinción es importante, aclaró, porque generaciones de mujeres tuvieron miedo de revelar pensamientos intrusivos severos a los clínicos, temiendo que les quitaran a sus hijos. Es un miedo razonable, añadió. Pero algunos clínicos dijeron que el límite puede ser borroso.
Uruj Kamal Haider, profesora asistente de psiquiatría y obstetricia y ginecología en la UMass Chan Medical School, recordó a una paciente que estaba en tratamiento por pensamientos intrusivos severos, que entendía claramente que no eran reales. Pero luego su bebé dejó de dormir bien y, después de tres noches sin dormir, la paciente alucinó una voz de mando, que le ordenó alimentar con una dosis fatal de lorazepam a su perro que ladraba.
“Lo que quedó claro es que desarrolló esta pérdida repentina de percepción”, destacó Haider. En psiquiatría, la “percepción” es la conciencia de que las experiencias de uno son el resultado de una enfermedad mental. En ese punto, trató a la paciente –exitosamente– por psicosis posparto.
Riddle, quien trabaja en la unidad de hospitalización de psiquiatría perinatal en la UNC Chapel Hill, confió que había visto un puñado de casos especialmente desafiantes en los que pacientes en tratamiento por TOC posparto perdieron su percepción y se volvieron delirantes.
Dio como ejemplo hipotético a una paciente que tiene miedo de sacar a su bebé; al principio, puede entender que su miedo es un síntoma y armarse de valor para salir. Pero si pierde la percepción, puede llegar a creer, “como un hecho concreto”, que el mundo no es seguro para su hijo.
“Realmente te inclinás hacia pensamientos psicóticos –dijo Riddle–. Se convierte en un delirio”.
Puede ser difícil discernir cuándo esto le está sucediendo a una paciente, señaló; el mejor enfoque es entrevistar a las otras personas en su vida, quienes pueden reconocer la paranoia emergente o cambios en su comportamiento.
Un desafío más amplio, mientras todo un país considera el caso Clancy, es recordar a las mujeres que sufren de trastornos posparto que “no son villanas ni malas madres”, para que puedan sentirse cómodas buscando tratamiento, relató Riddle.
“Estoy emocionada por que finalice, porque es tan espantoso y porque está asustando a nuestras pacientes”, dijo, hablando del furor en torno del juicio de Lindsay Clancy. Y concluyó: “Eso es algo terrible. El mayor miedo es que, cuando termine, todo vuelva al éter y a la gente nuevamente no le importe la salud de las mujeres”.
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