
¿Qué puede decirte realmente una prueba de edad biológica?
Los expertos analizan la precisión y la utilidad de estas pruebas
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NUEVA YORK.- ¿Cuántos años tenés? ¿Cuántos años sentís que tenés? ¿Son esos dos números iguales?
Las pruebas de edad biológica han validado lo que muchos intuíamos: nuestras células no siempre coinciden con nuestros certificados de nacimiento.
A medida que estas pruebas evolucionaron durante la última década, los investigadores especializados en longevidad empezaron a utilizarlas para identificar qué comportamientos y condiciones hacen que las personas envejezcan más rápido y si existen intervenciones capaces de ralentizar ese proceso.
Y aunque las pruebas fueron diseñadas originalmente para la investigación de laboratorio, cada vez más consumidores pagan cientos de dólares a empresas de bienestar y longevidad para conocer su edad “real”.
Esto es lo que los expertos creen que estas pruebas pueden decirte y cuándo, si es que alguna vez lo es, vale la pena hacerse una.
Un concepto prometedor
Las pruebas de edad biológica buscan informar cómo se encuentra tu organismo al indicar a qué edad se asemejan más los resultados de tus análisis de sangre.
“En cierto modo, cuando la edad biológica es mayor que la edad cronológica, tenés un mayor riesgo de sufrir resultados adversos para la salud”, dijo Luigi Ferrucci, director científico del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento. “Cuando tu edad biológica es menor que la cronológica, de algún modo estás más protegido frente a esos problemas de salud”.
Las pruebas más conocidas buscan modificaciones en el genoma, un proceso llamado metilación del ADN, que influye en si un gen determinado está activo o no. El descubrimiento de que algunas de estas modificaciones ocurren de manera consistente con el paso del tiempo condujo en 2013 al desarrollo del reloj de Horvath por parte del genetista Steve Horvath, considerado ampliamente como la primera prueba de edad biológica.
Hoy existen tres generaciones de este tipo de pruebas. La primera generación, integrada por el reloj de Horvath y otros similares, predice literalmente cuál debería ser tu edad en función de la metilación de tu ADN, explicó Raghav Sehgal, investigador principal del Instituto Marcus para la Investigación del Envejecimiento, afiliado a la Facultad de Medicina de Harvard.
“Por lo tanto, te dirá que tu metilación del ADN parece la de una persona de 20 años o la de una persona de 40 años”.
Los relojes de segunda generación, con nombres como PhenoAge y GrimAge, aparecieron aproximadamente cinco años después y buscan sitios de metilación asociados con el riesgo relativo de mortalidad de una persona. Los resultados vuelven a expresarse como una edad, según si el riesgo de muerte se parece más al de una persona promedio de 50 años o al de una de 70.
Los relojes de tercera generación, como DunedinPACE, que apareció en 2022, miden la velocidad a la que envejece una persona. Los investigadores utilizaron una analogía con un automóvil para describir las diferencias entre las pruebas: los modelos de primera y segunda generación funcionan como un odómetro, al medir la edad o la proximidad a la muerte. Los de tercera generación funcionan como un velocímetro.
“Los relojes de primera generación dieron visibilidad a este campo, lo hicieron conocido y probablemente siguen siendo los más populares”, dijo Daniel Belsky, profesor asociado de epidemiología de la Escuela Mailman de Salud Pública de la Universidad de Columbia y desarrollador de DunedinPACE. “Pero los relojes de segunda y tercera generación demostraron ser más informativos a la hora de predecir la salud a largo plazo”.
Estos relojes más recientes también son más sensibles a comportamientos y tratamientos relacionados con la salud, señaló Sehgal. En un estudio reciente, comparó 16 pruebas de edad biológica. Los relojes de segunda y tercera generación mostraron una mayor probabilidad de registrar cambios en respuesta a distintas intervenciones relacionadas con la longevidad, como dietas y medicamentos.
Algunos detalles por pulir
Incluso las mejores pruebas presentan interrogantes sobre su precisión y confiabilidad, especialmente cuando se utilizan a nivel individual.
Albert Higgins-Chen, profesor asistente de psiquiatría y patología de la Facultad de Medicina de Yale, señaló que factores como la hora del día, cuándo fue tu última comida o qué tan bien dormiste la noche anterior parecen influir en los resultados. No se trata de un problema exclusivo de las pruebas de edad biológica, pero es algo que los científicos todavía necesitan aprender a controlar y que las personas deberían tener en cuenta al momento de realizarse una prueba.
Morgan Levine, que desarrolló PhenoAge durante su etapa como investigadora posdoctoral en la Universidad de California en Los Ángeles, señaló que si te hacés múltiples pruebas de edad biológica, probablemente cada una te arroje un resultado diferente.
Eso se debe, en parte, a que cada prueba mide aspectos ligeramente distintos. Pero también a que fueron desarrolladas utilizando diferentes conjuntos de datos para definir qué se considera promedio para cada edad.
“No creo que la gente deba poner demasiado énfasis en ese número que obtiene”, dijo Levine, que actualmente impulsa una empresa de biotecnología e inteligencia artificial. (Levine desarrolló y otorgó la licencia de otra prueba de edad biológica junto con Sehgal e Higgins-Chen).
Para Mohammad Arfan Ikram, profesor de epidemiología del Centro Médico Erasmus, en Rotterdam, la principal limitación de estas pruebas es que no indican qué puede estar funcionando mal en el organismo para generar una edad biológica más elevada ni qué debería hacerse para corregirlo.
Volviendo a la analogía del automóvil, Ikram explicó que saber que un vehículo tiene 100.000 kilpometros recorridas no permite determinar si lo primero que va a fallar son los frenos, el motor o el embrague.
Ese problema surge en parte de lo que miden estas pruebas. Cuando los investigadores aíslan el ADN de una muestra de sangre, en realidad están analizando únicamente el ADN de los glóbulos blancos.
“Podés medir los cambios en estas células sanguíneas”, dijo Tony Wyss-Coray, profesor de neurología y ciencias neurológicas de Stanford, “pero no ves los cambios que pueden ocurrir en las neuronas del cerebro, en las células del hígado o en el páncreas”.
Para intentar resolver esa limitación, Wyss-Coray y otros investigadores comenzaron a analizar muestras de sangre en busca de miles de proteínas liberadas por distintos tejidos. Eso les permite evaluar cómo funcionan múltiples órganos y tipos celulares, en lugar de inferir el estado general de salud de una persona únicamente a partir de sus glóbulos blancos.
Algunos especialistas creen que este enfoque aportará información más útil y accionable porque, aunque la idea de resumir el estado de salud de todo el cuerpo en un único número resulta atractiva, desde el punto de vista médico probablemente sea más valioso saber qué órgano podría generar problemas primero.
Sin embargo, esta técnica es más costosa y todavía no está disponible de manera masiva para el público. (Wyss-Coray es cofundador de una empresa orientada directamente a consumidores que pretende comercializar esta prueba en uno o dos años).
Para qué sirven
A pesar de sus limitaciones, los especialistas señalaron que estas pruebas pueden ser herramientas de investigación valiosas cuando se utilizan para analizar grandes conjuntos de datos.
Por ejemplo, los científicos las están utilizando como una nueva manera de cuantificar cómo determinadas experiencias de vida, como un embarazo o la pérdida de un ser querido, afectan la salud de las personas.
Quizás el aspecto más prometedor es que las pruebas pueden utilizarse para evaluar, en períodos relativamente cortos, si un medicamento u otra intervención estudiada en un ensayo clínico es capaz de ralentizar el envejecimiento.
Esto representa una ventaja importante para la investigación sobre longevidad porque seguir a una persona durante décadas para determinar si un tratamiento modificó su expectativa de vida no resulta práctico.
Las pruebas ya se utilizaron con este objetivo en algunos ensayos, incluido uno que evaluó los posibles beneficios de suplementos ampliamente utilizados y otro que investigó si la restricción calórica podía mejorar la longevidad humana.
Pero en algunos casos las pruebas plantearon más preguntas que respuestas. En el ensayo con suplementos, por ejemplo, la intervención ralentizó de forma significativa algunos de los relojes de edad biológica, pero no produjo cambios en indicadores de salud más concretos, como la presión arterial.
Belsky, que participó en ese estudio, planteó la hipótesis de que esta discrepancia podría deberse a que las pruebas están detectando cambios sutiles que aparecen antes que los signos más establecidos de enfermedad.
También existe la posibilidad de que las pruebas estén midiendo algo relacionado con el envejecimiento o la salud que no produzca una diferencia importante aunque se modifique.
Por ejemplo, a las personas les salen canas y se les arruga la piel con el paso de los años, pero corregir cualquiera de esas dos cosas no las hará más jóvenes ni más saludables.
Para los consumidores, el tiempo dirá
Varios expertos describieron un escenario optimista para el futuro, en el que las personas podrían comprar estas pruebas y utilizarlas eficazmente para controlar su salud a largo plazo y detectar señales tempranas de deterioro.
“Creo que las pruebas de edad biológica son una especie de tierra prometida para la medicina preventiva”, dijo Sehgal. Sin embargo, agregó: “Todavía no estamos ahí”.
Higgins-Chen señaló que ve un beneficio potencial en el presente: los consumidores podrían elegir una prueba y realizarla periódicamente para seguir la evolución de su puntuación con el paso de los años o después de comenzar una nueva medicación o rutina de salud.
“El envejecimiento es un proceso longitudinal que se desarrolla durante períodos muy largos”, explicó. Por eso, el verdadero valor de estas pruebas sería detectar cuándo y cómo cambia la salud de una persona a lo largo del tiempo.
En términos generales, sin embargo, los especialistas coincidieron en que las pruebas directas al consumidor disponibles actualmente, especialmente cuando se utilizan una sola vez, no resultan demasiado informativas.
Para Ikram, es preferible realizar pruebas médicas convencionales, como los análisis de colesterol y glucosa.
“Eso ya te da una imagen mucho mejor” e identifica aspectos “sobre los que podés actuar directamente”, sostuvo.
En el mejor de los casos, las pruebas de edad biológica pueden ofrecer una visión aproximada de la salud de una persona, explicó Levine.
“Las personas que suelen obtener puntuaciones más bajas probablemente sean, hasta cierto punto, más saludables que aquellas que suelen obtener puntuaciones más altas”.
Sin embargo, añadió que la mayoría de las personas ya tiene una idea bastante aproximada de cuál es su estado de salud.
Si hacés ejercicio, seguís una alimentación equilibrada y no fumás, es probable que tu edad biológica resulte menor. Y probablemente ya lo sepas.
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