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La ciudad de Buenos Aires experimentó un cambio significativo en las últimas dos décadas en las prácticas funerarias de los porteños. Durante gran parte del siglo XX, el entierro de los fallecidos fue la norma, pero a partir de 2007 la cremación comenzó a imponerse. Esta preferencia no solo ha sido sostenida, sino que se intensificó: en 2022 ya el 60% de los cuerpos fueron cremados, frente a un 40% sepultados. El fenómeno se alinea con una tendencia global.




