
Ricardo Péculo: "He llegado a brindar en la noche del 31 de diciembre arriba de un furgón con un muerto atrás. En nuestro trabajo no tenemos feriados"
No le importa ser sinónimo de muerte, porque adonde va siempre es el centro de atención. Tiene casi 40 años de experiencia en servicios fúnebres y, hombre precavido, ya mandó a hacer su propio ataúd. Hermano de Alfredo Péculo, fundador de una de las cocherías más importantes del país, Ricardo Péculo hoy da disertaciones, organiza honras fúnebres y asesora a grandes empresas para que los muertos tengan la despedida que merecen. Inhumó a Juan Domingo Perón, José Luis Cabezas, Rubén Juárez y Carlos Menem Jr., entre muchísimos otros. Protagoniza un documental, se convirtió en celebridad televisiva y, como buen tradicionalista, el ringtone de su celular toca el himno nacional. Con su voz grave, de ultratumba, cuenta que a una mujer la inhumó vestida con su traje de novia, y que a un hombre lo mandó al cementerio con su caja de pescar en el cajón. "Pero no es raro –advierte–, porque en esto no hay nada extraño. Simplemente, no hay dos servicios fúnebres iguales."
–¿Cómo definiría su trabajo?
–Lo mío consiste en hacer que la gente acepte la muerte. Porque al aceptarla, se vive mejor.
–¿Por ejemplo?
–Mirá, el otro día caminaba por Martínez cuando un tipo me paró y me dijo: Péculo, sos un genio, ¡por vos conocí Salta! Yo no entendía nada. Y ahí me explicó que él siempre había querido conocer Salta, pero la mujer no lo dejaba ir porque nunca tenían plata. Hasta que un día me vio decir en la tele que estoy cansado de escuchar a las viudas que en pleno velorio dicen ¡Ay, cómo le hubiera gustado viajar a mi marido... Así que, apenas pudo, ¡este tipo sacó los pasajes y se fue a Salta! Por eso digo que si se acepta la muerte, se vive mejor.
–Es curioso que en otros países latinoamericanos, como México, Perú y Bolivia, se permiten una relación de familiaridad con la muerte. ¿Nosotros somos más dramáticos y fatalistas?
–Es que esos países aceptan la muerte. Y por eso preparan ese día, si total nadie se va a morir antes por armar su funeral con antelación. Yo siempre comparo el funeral con la boda. Si se me ocurre organizar la fiesta de casamiento el día de la boda, lo más probable es que me salga mal. Con el mismo criterio, ¿por qué se organiza el funeral sin ninguna previsión? En México, en la fiesta del Día de Muertos, las familias van a los cementerios con los niños. Y nosotros, ¿qué hacemos con los niños? Les regalamos una mascota, y cuando el animalito se muere, les decimos a los chicos que el pobre bicho se escapó. Nos educan mal, todo el tiempo nos ocultan la muerte. Pero a la muerte hay que aceptarla porque es inevitable.
–Digamos que la tristeza es una cosa, y el drama, otra.
–Claro. Yo no digo que no hay que llorar; al contrario, el llanto me parece importante. Porque el velatorio no es un evento social; es cuando te encontrás con la realidad. Algunos dicen no, a mí no me lloren, quiero un velorio alegre y que pongan música, y a mí eso me parece una pavada. Puede haber un velorio con luces y música, todo lo que quieras, pero llorar te van a llorar. Te tienen que llorar.
–Ésa es una de las pocas cosas que no cambiarán nunca, ¿no?
–Así es. La gente muere dos veces: una, con la desaparición física; otra, con el olvido. En la primera, es normal que te lloren, porque eso significa que te van a extrañar. La segunda es la peor, la que nadie quiere. Y en esa, ni siquiera te lloran.
–Tiene casi 40 años de experiencia en servicios fúnebres. ¿Qué cosas cambiaron en todo ese tiempo?
–Bueno, ahora hay velorios temáticos, donde la capilla ardiente se reemplaza por objetos que fueron importantes en la vida del fallecido. Pero como este trabajo es un oficio muy tradicional, que pasa de una generación a otra, lo único que ha cambiado es el entorno. Antes, alguien llegaba, me contrataba para un servicio, yo me ocupaba de todo y al día siguiente me pagaba y no nos veíamos más. Esa Argentina ya no existe.
–¿Cómo es ahora?
–¡En cuotas! ¿O vos comprás algo en efectivo?
–Depende. ¿Es muy caro? ¿Cuánto cuesta un velorio?
–Hay de todo, pero partamos de la base de unos $ 8000. Con todo, ¿eh? El servicio, el ataúd, la carroza fúnebre, los trámites, el cementerio, todo. El precio varía y depende de la cantidad de coches y de la calidad del ataud.
–¿Y lo más barato?
–Bueno, también se puede hacer por $ 5000 o $ 6000. A algunos les parecerá caro, pero ¿cuánto cuesta un plasma? ¿Cuánto gastamos solamente en café? ¡Una fiesta de 15 años es muchísimo más cara!
–Usted empezó a hacer servicios fúnebres a los 16 años. ¿Recuerda la primera inhumación que le tocó hacer?
–La pregunta sería: ¿qué sentiste vos en tu primera entrevista a un famoso? Bueno, yo sentí lo mismo.
–Alguna diferencia debe haber, ¿no?
–No. En lo personal, no. En tu primera entrevista seguro estabas nervioso porque no sabías cómo te iba a salir. Bueno, cuando yo terminé de trabajar ese primer día, no me fui a llorar a casa. Yo he llegado a brindar en la noche del 31 de diciembre arriba de un furgón con un muerto atrás. En nuestro trabajo no tenemos feriados y no sabemos adónde ni a qué hora nos va a sorprender. Yo no le puedo decir a la gente que espere porque tengo una fiesta de fin de año en mi casa.
–¿Cómo se le dio por trabajar en algo así?
–Porque era un vago y me gustaba salir. Mi hermano había puesto una cochería, y eso significaba que, si yo trabajaba con él, podía salir a cualquier hora. Si había un servicio a las 3 de la mañana, ¡me iba para allá! Y si tenía un cumpleaños, luego salía para la fiesta. De a poco, cuando crecí, ya empecé a ayudar y a preparar los cuerpos.
–¿No es un poco impresionante trabajar un cadáver y luego salir de fiesta?
–No. A mí nunca me afectaron los muertos. ¿Por qué? Porque les tuve un gran respeto y jamás me involucré sentimentalmente con ellos. Yo no pensaba en si tal era padre y dejaba a una mujer sola con cuatro chicos, o si aquella era una chica joven, esas cosas. Me limitaba a hacer mi trabajo, que era preparar el cuerpo para que lo viera la familia. Y luego, la verdad es que uno se acostumbra.
–¿Y qué pasó por su cabeza cuando tuvo que preparar los cuerpos de sus padres y de su hermano?
–Fue muy diferente, por supuesto. ¡Tengo sentimientos, como todo el mundo! Mientras cerraba el ataúd de mi hermano, no podía dejar de llorar. Lo mismo me pasó con el cuerpo de mi mamá. Pero igual quise hacerlo yo, para que no lo hiciera nadie más. Imaginate la sensación al cerrar la tapa del cajón de un familiar tan cercano. Es un momento muy duro, pero también se puede ver como un homenaje.
–¿Sólo se sintió afectado cuando inhumó a familiares?
–No. Es el día de hoy que, con 36 años de experiencia, veo un angelito muerto y me jode. No tanto por él, como por los padres. Eso me embroma, sí.
–¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?
–En este momento, el reconocimiento. Mi hermano hizo el surco, yo ahora cosecho lo que él sembró. A mí, lo que más me gusta es cuando la gente me agradece. Que me den las gracias aun cuando sienten un dolor enorme, demuestra que hice bien mi trabajo.
–¿Cuánta gente inhumó? ¿Miles?
–¡Más! Pero ponele, sí, un número parecido. Fijate que, cuando mi hermano tenía la cochería, hacíamos 1500 servicios mensuales. Multiplicá esa cifra por 32 años de trabajo. Yo nunca hice la cuenta. A ver cuántos inhumé... [consulta la calculadora del celular].
–Mil quinientos por mes son 18.000 por año. Multiplicado por 30 años de trabajo, debés haber inhumado 540.000 cuerpos, más o menos.
–[silencio]. Qué bárbaro. Pero, ¿qué me hace pensar esto? En la donación de órganos. Si esos 540.000 hubieran donado su córnea, no habría ciegos en la Argentina. ¿Sabés las de córneas que tiré?
Bio
- Profesión: tanatólogo
Edad: 63 años
Su hermano, Alfredo, fundó la funeraria Péculo, que ahora él maneja y que ha organizado ceremonias fúnebres históricas. Tiene 36 años de experiencia en funerales, y hoy es uno de los mayores expertos en lo que denomina el ceremonial de la despedida.
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