Robaron el corazón de Mamerto Esquiú
El hecho ocurrió por segunda vez
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Un hombre de barba vestido de jean y campera ingresó en la Iglesia San Francisco, de esta capital, rompió la urna que protege el corazón del fraile Mamerto Esquiú y se llevó la reliquia histórica.
"Yo vi al hombre, nunca me imaginé que había robado el corazón de fray Mamerto Esquiú. En ese momento no me enteré de que era un robo. Yo trabajo en la plaza, y en ese momento venía de tirar botellas", declaró ayer por la tarde la testigo del robo a una radio catamarqueña.
El corazón descansaba en una urna, la cual habría sido violentada con un objeto contundente durante el robo. Fray Mamerto Esquiú fue el orador de la Constitución nacional.
El padre Jorge Martínez denunció que el único móvil del robo fue hacerse de la reliquia. "Es claro que el robo era por el corazón, porque no se llevaron nada más. Es muy triste, esperemos que se resuelva pronto."
En 1990 sucedió un hecho similar y la reliquia apareció poco tiempo después.
Fray Mamerto Esquiú nació, débil de salud, en la localidad catamarqueña de Piedra Blanca, el 11 de mayo de 1836. A los cinco años, muy enfermo, vistió por primera vez un hábito franciscano: su madre se lo confeccionó con la promesa de vestirlo siempre con él, en un desesperado intento para que sanara.
Apenas cumplidos los 10 años, ya huérfano, ingresó en el convento de San Francisco, donde fue ordenado sacerdote el 18 de octubre de 1848. Entregó gran parte de su vida a la docencia; sólo quiso dedicarse a los demás y vivir "desconocido e ignorado".
A fines de 1880 fue nombrado obispo de Córdoba, donde también daba misas en penales y hospitales y recibía en su casa a pobres y necesitados, entre quienes repartía su dinero.
Murió el 10 de enero de 1883. Mientras sus restos mortales descansan en la catedral de Córdoba, su corazón permanecía hasta hoy en el convento franciscano de Catamarca.
El pasado 3 de febrero, la Comisión de Teólogos del Vaticano aprobó la heroicidad de las virtudes de Esquiú, que pasaron a consideración de obispos y cardenales de la Confederación de los Santos, último trámite que la comunidad franciscana espera desde hace 80 años. Se le atribuyen unos 300 hechos milagrosos.






