
Se cumplen 20 años del primer trasplante de médula ósea en el país
Fue el 13 de septiembre de 1986; tres pacientes cuentan sus experiencias exitosas
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Es la primera vez que se encuentran, pero la conversación fluye como si fueran viejos amigos. Con total espontaneidad, bromean y recuerdan anécdotas, porque aun sin conocerse, María Marta Basa, Marco Paolini y Jonatan Epstein comparten una experiencia que les cambió la vida: los tres recibieron un trasplante de médula ósea y, después de una excelente recuperación, hoy están curados.
Para celebrar todas estas historias y recordar el primer trasplante de este tipo realizado en la Argentina (el 13 de septiembre de 1986) hoy, en el Hospital Británico, se desarrollará una reunión científica sobre la temática. Participarán expertos extranjeros, autoridades del gobierno nacional y un grupo de pacientes.
Una de ellas es María Marta Basa, que fue trasplantada en 1993, y recuerda que "todo empezó con un pequeño dolor de garganta y fiebre. Estaba segura de que tenía angina, y decidí pasar por una clínica muy cerca de casa para que me recetaran algo. Pero me dejaron internada y luego me hicieron una biopsia. El diagnóstico fue aplasia medular terminal [un trastorno de la médula que origina una alteración en la producción de glóbulos rojos] y sin un trasplante me quedaban sólo siete días de vida".
Luego de someterse a un severo tratamiento que incluyó fuertes sesiones de quimioterapia, María, al igual que la primera paciente intervenida hace 20 años en el Hospital Británico, quedó en manos del equipo del doctor Eduardo Bullorsky, jefe del servicio de hematología y de la unidad de trasplante de médula ósea de la institución.
"El de María fue un caso de trasplante alogeneico, es decir, de donante a receptor. Tuvo la suerte de contar con un donante relacionado, ya que uno de sus hermanos resultó compatible; una chance que se da en 1 de cada 4 casos", explica el doctor Bullorsky.
Además de la excelencia de los profesionales, los pacientes que dialogaron con LA NACION confiesan que el apoyo incondicional de los seres queridos también fue un sostén decisivo para afrontar el tratamiento.
"La noticia de que tenía un linfoma me sorprendió con 31 años, una hija chiquita y otro bebe en camino, con lo cual estaba convencido de que ése no podía ser el momento de partir", recuerda Marco Paolini, un ingeniero civil a quien hace ya 14 años le realizaron un autotrasplante de médula ósea, un recurso que suele ponerse en marcha ante este tipo de patología.
"Sencillamente, la situación no me entraba en la cabeza, y pude encarar el tratamiento gracias al apoyo de mi mujer; ella hizo que todo fuera mucho más sencillo -reconoce-. Tampoco dejé de trabajar, excepto en los momentos que tenía que estar internado."
La doctora Claudia Shanley, integrante del equipo del Hospital Británico, agrega que ésta es una técnica que posibilita mejorar la perspectiva y calidad de vida de los pacientes con enfermedades muy graves, como leucemia, linfomas, mielomas o aplasia medular, entre otras patologías.
Después del trasplante, Jonatan Epstein, que hoy tiene 32 años, aprendió a disfrutar de cada minuto de su vida. "Es una experiencia que me ayuda a reflexionar en una gran cantidad de situaciones. Mi escala de prioridades cambió a partir de ese momento, y ahora valoro las cosas de otra manera", confiesa.
En 1998, a Jonatan le diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda, "y los estudios de compatibilidad de mi única hermana fueron de un 99,9 por ciento". Pero Jonatan, a diferencia de María y Marco, nunca quiso tener demasiada información sobre lo que estaba sucediendo. "Yo sabía que tenía que seguir adelante con todo, y que no podía bajar los brazos. No quería conocer tantos detalles de la técnica, pero confiaba plenamente en que todo iba a funcionar bien. Y funcionó", dice con una sonrisa.




