
Se ordenaron catorce sacerdotes en una multitudinaria ceremonia
Fue en el Luna Park, ante unas 5000 personas; presidió el acto monseñor Bergoglio
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Catorce jóvenes de entre 25 y 35 años fueron ordenados sacerdotes en una ceremonia llena de alegría, que se realizó ayer en el Luna Park, ante 350 sacerdotes y un público de cerca de 5000 personas, entre los que se contaban familiares, amigos y fieles de distintas parroquias porteñas.
El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, monseñor Jorge Bergoglio, los exhortó a compenetrarse con Cristo para anunciar el Evangelio, la palabra de Dios, que ellos mismos recibieron con felicidad.
También subrayó la importancia de una profunda coherencia en la vida: "Meditando la ley del Señor, crean lo que leen, enseñen lo que creen y practiquen lo que enseñan".
Este tipo de ceremonias se realiza una vez al año en Buenos Aires.
La frase que eligieron para su consagración Francisco Baigorria, Adolfo Benassi, Matías Brunori, Diego Carmona, Gustavo Carrara, Diego Ibarvia, Francisco Laveder, Pablo Malía, Adalberto Odstrcil, Horacio Ortiz, Martín Poladián, Mariano Rodríguez Moncalvo, Gustavo Sánchez y Fernando Solari fue: "Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él".
Los asistentes, provenientes de toda la ciudad de Buenos Aires, dieron un marco festivo a este importante paso en la vida de los nuevos sacerdotes. Entre ellos, llamaba la atención un grupo de chicos sordos e hipoacúsicos que acompañaban los cantos religiosos con lenguaje de señas.
"Me da mucha alegría poder expresarme con mis manos porque siento que Dios se pone al lado mío", aseguró Verónica Villarreal, que enseña ese lenguaje en el Instituto Fátima.
Alegría en la plaza
Al terminar la ceremonia, la fiesta siguió en la calle y la plaza Roma. Con bombos y banderas, los jóvenes recibieron una ovación espontánea de parte de la concurrencia. Muchos fueron llevados en andas o lanzados al aire por grupos de amigos efusivos.
Por ejemplo, un grupo de chicas coreaba el nombre de Adalberto Odstrcil mientras los varones lo lanzaban al aire. "Llegó a nuestra parroquia a principios de este año, pero enseguida se hizo querer", aseguraron sus amigas de la iglesia de Santa María, en Caballito. Las razones que llevaron a cada uno de estos jóvenes a ordenarse dan origen a distintas historias.
"Cuando era chico estaba alejado de la fe; no tuve educación religiosa y sólo a los 24 años recibí el primer llamado. Entonces, hablé con un sacerdote que me fue guiando y dos años después entré en el seminario, mientras daba las últimas materias de Derecho en la Universidad de Buenos Aires", recordó Odstrcil.
Las dudas, por supuesto, siempre existen: "Te tentás muchas veces por la vida laboral afuera, o uno se puede enamorar, pero son los problemas humanos a los que esta sometido el sacerdote", confesó, feliz con la decisión que tomó junto con sus compañeros.
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