
En Lomas de Zamora, se ubica la necrópolis Dr. Herzl, levantado en 1912; un espacio sagrado donde se mantienen los ritos funerarios de la colectividad
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La recordación, más que un recuerdo, es el talante de la memoria activa. Recordar como un ejercicio perpetuo. En las lápidas del cementerio ashkenazi de Lomas de Zamora el mitzvá es la pulsión de una comunidad que no quiere olvidar a los muertos, que se niega a que el tiempo difumine sus rostros. Familias y amigos ofrecen piedras a las tumbas en vez de flores. El tamaño, color o textura es irrelevante, lo vital es que perduran. El espacio es sobrio, desabrido incluso, y pretende mantener la ley mosaica de que la extravagancia u ostentación son barreras para la elevación de las almas.
Por Jesús Allende
