Sexo argentino en el Festival de Cine de Mar del Plata
Quienes en su momento vieron Batman habrán fantaseado con la figura enigmática de Gatúbela lamiéndose la mano y enfundada en un catsuit de látex negro. La prenda fue la primera imagen que me vino a la cabeza cuando una amiga me contó que había sido convocada para el papel de dominatriz en una película independiente que participa este fin de semana en el 32 º Festival de Cine de Mar del Plata. “Hasta que me desates” dirigida por la joven realizadora Tamae Garateguy indaga en la vida de una bailarina que pierde a su familia en un accidente y, deprimida, decide morir. En el camino se cruza con un médico de dudosa reputación y con Mirna, una Ama sin códigos protagonizada por Jazmín Rodríguez.

Encantada con la noticia, y algo empapada en el tema (gracias a este espacio) me puse a explorar un poco más sobre los ingredientes del rol que le tocaba en la ficción. Por suerte los seres humanos sexualmente activos están perdiéndole el miedo al sadomaso y al bondage desde que la literatura y el cine aligeraron el morbo que pesa sobre estas prácticas, en las que el goce se consigue a latigazos y humillaciones (de mentira, casi siempre). Para el papel mi amiga contó con el asesoramiento exclusivo de un Amo verdadero.
“Lo primero que tuve que entender es que la satisfacción no tiene que ver con el sexo. Se goza experimentando el poder sobre otra persona, encontrándole el punto de quiebre. En qué momento y de qué manera lográs humillarlo. Mi personaje es una dominatriz que no respeta los códigos de los sados, algo que es importante para ellos, y es conocida en el ambiente por excederse en las sesiones y no respetar, por ejemplo, la palabra de seguridad, algo clave. En la película representa a la muerte. La protagonista desea morirse y por eso recurre a Mirna” cuenta horas antes de partir a la Feliz para subir a la alfombra roja del estreno.
Otro punto que planteó la construcción del personaje fue el vestuario de rigor, algo que enfatiza el carácter de la dominadora. La pobre tenía que meterse adentro de un envoltorio de látex muy sexy pero asfixiante. Entonces recordé que al menos hasta el 2010 existió en Buenos Aires la Casona del sado, un espacio donde los fans de estas prácticas encontraban además de servicios, todo tipo de adminículos para hacer de amos o sumisos. En la web descubrí también que a los amantes de este material les llaman rubbers (del inglés rubber, caucho), que tienen su propia bandera (de "orgullo rubber") y que la era del trabajo a distancia alentó la demanda del oficio en todo el mundo, pues en los países civilizados las humillatrices ganan hasta 200 dólares por el servicio online. Es un laburito tentador: solo requiere invertir en una buena cámara para grabar videos a medida de las fantasías del cliente, y abrir una cuenta en Skype.
Protagonizada por Martina Garello, Jazmín Rodríguez y Rodrigo Guirao Díaz, la película se exhibe viernes y sábado en el marco del festival y seguramente llegará a los cines en 2018. Ahí estaremos, látigo en mano.
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