Siguen varados en Brasil: la incertidumbre de 292 pasajeros tras el aterrizaje de emergencia de Plus Ultra
Tras el aterrizaje de emergencia en Natal, los viajeros atraviesan demoras, problemas de alojamiento y conexiones perdidas, mientras aguardan el avión que debe llevarlos a Madrid
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“Mi madre escuchó dos fuertes explosiones y vio humo”, cuenta desde España Bárbara Blum. Su mamá, de 77 años, estuvo a bordo del vuelo de Plus Ultra que partió el domingo desde Ezeiza rumbo a Madrid y terminó con un aterrizaje de emergencia en Natal, Brasil. Desde entonces, permanece allí, varada junto a otros 292 pasajeros.
La mujer, reconstruye su hija, viajaba cerca de las alas cuando percibió los estruendos. Se levantó para preguntar qué había ocurrido y, según el relato que luego le transmitió a su hija, una azafata todavía no sabía qué había sucedido. Aproximadamente una hora después, les comunicaron que debían desviarse por problemas técnicos.
Otra pasajera también registró en video los momentos previos al descenso. Era de noche y, desde una de las ventanillas, se observaban chispazos en el exterior de la aeronave. En la grabación se escucha a otros viajeros preguntar si las chispas alcanzaban a verse en las imágenes. Finalmente, el avión consiguió aterrizar en la ciudad brasileña.

Hoy, dos días después, el viaje todavía no continuó: la mayoría de sus pasajeros permanecen varados en Natal a la espera de una aeronave de reemplazo que, según informó este martes la compañía a LA NACION, está previsto que despegue hacia Madrid este martes a las 20.30, hora local, la misma que en la Argentina.
Consultada por este medio sobre el motivo que obligó a interrumpir el vuelo original, Plus Ultra respondió que se produjo un inconveniente en “un indicador del avión” y que el comandante tomó la decisión de aterrizar “por seguridad operacional”. La empresa no brindó mayores precisiones técnicas sobre la falla ni sobre la situación actual de esa aeronave.
Entre los pasajeros circuló una versión diferente. Enrique, argentino, de 67 años, que viajaba junto con su esposa, contó que escuchó que el piloto había conseguido aterrizar con un solo motor operativo. Esa información no fue confirmada por la compañía.
“El viaje fue perfecto, el avión no se movió”, dijo Enrique a LA NACION. También defendió a la tripulación frente a las recriminaciones que, según contó, recibió después del aterrizaje. “Yo sé que no es culpa del piloto si hay una avería, un desperfecto. Llegó un momento en que tanto el piloto como las azafatas y los chicos que estaban a bordo no sabían qué hacer. Muchos se la agarraron con ellos, que no tenían nada que ver. Vivieron lo mismo que vivimos nosotros”.
Una vez en tierra, la emergencia aérea dio paso a otra dificultad: conseguir alojamiento, comida, traslados e información para casi 300 personas que habían quedado fuera de su itinerario.
“Estuvimos en un colectivo cuatro o cinco horas”
Tamara Gallardo es de Zárate, Buenos Aires, y viajaba a Alemania para mudarse por trabajo. Tenía previsto llegar a Madrid el lunes por la mañana y tomar a las 20 un vuelo hacia Múnich. Esa conexión se perdió.
Después del aterrizaje en Brasil, Gallardo permaneció durante horas en el aeropuerto. Cerca de la 1 de la madrugada, según reconstruyó, llegaron colectivos para trasladar a parte de los pasajeros hacia distintos alojamientos. El suyo recorrió aproximadamente una hora hasta un hotel, pero cuando llegaron recibieron una noticia inesperada: no había habitaciones disponibles.

“Estuvimos en el colectivo cuatro o cinco horas en el estacionamiento del hotel”, contó a este medio. Finalmente los llevaron nuevamente al aeropuerto. Según su relato, recién alrededor de las 10 de la mañana del lunes recibió bebida y comida por parte de la aerolínea.
La espera continuó allí. Los pasajeros recibían las indicaciones de trabajadores del aeropuerto de Natal y, durante la mañana, les informaron que debían presentarse para realizar el check-in porque supuestamente llegaría una aeronave desde Madrid para buscarlos. A las 12.30, mientras estaban formados, recibieron otra comunicación: ese lunes finalmente no viajarían.
“Eran las 17 y no sabían a qué hotel mandarnos aún”, recordó Gallardo. Recién después fue trasladada a un alojamiento. Desde aproximadamente las 20 del domingo hasta las 17 del lunes, aseguró, no había tenido una habitación ni acceso a una ducha.
Su problema ahora se extiende más allá de Natal. Viaja sola, con el equipaje de una mudanza, perdió su conexión hacia Alemania y asegura que no cuenta con dinero para comprar otro pasaje. “Intento comunicarme y no me contestan. Cuando llegue a Madrid, voy a ir a la oficina de Plus Ultra porque no sé qué hacer, honestamente”, explicó.
Pía Garbiero, de 24 años y de la ciudad de Buenos Aires, viajaba a España de vacaciones junto con otras tres personas. Su grupo atravesó una situación similar durante la primera madrugada. Fueron trasladados hacia un hotel que tampoco tenía capacidad para recibirlos y permanecieron entre las 2.00 y las 6.00 de la madrugada en el estacionamiento.
“Había mucha tensión y discusiones”, recordó. Ante la incertidumbre, los cuatro terminaron reservando alojamiento por su cuenta.
Para Garbiero, uno de los principales problemas fue la falta de un interlocutor claro. Cuando los pasajeros llamaban al centro de atención de la compañía, sostiene, les indicaban que debían seguir las instrucciones del personal aeroportuario. Al mismo tiempo, los empleados de Natal les explicaban que esperaban indicaciones de Plus Ultra. “Solo era un teléfono descompuesto”, reusmió.
Diferentes recorridos
No todos atravesaron las mismas condiciones. Enrique y su esposa fueron alojados junto con otros pasajeros en el Majestic, frente a la playa. Su evaluación de la asistencia fue muy distinta.
“Nos dieron de merendar, de almorzar, de cenar. El hotel es un lujo. Tiene piletas, tiene gimnasio, nos trataron diez millones de puntos”, relató. En su alojamiento había 26 integrantes del vuelo y, según contó, estaban cómodos.
Enrique también puso el foco en la complejidad que implicó resolver de manera imprevista la situación de cientos de viajeros. “Llegar a un aeropuerto a las dos de la mañana, donde ya no había gente de Migraciones, donde no había gente en el aeropuerto, coordinar a 300 personas es medio complicado”, sostuvo.
Sobre la reacción de Plus Ultra, agregó: “No sé si se calentó a tiempo, si hizo lo que tenía que hacer a tiempo, pero yo creo que lo hizo. Por lo menos para mí y para mi esposa”.
Consultada este martes por LA NACION, la empresa sostuvo que está brindando a los afectados la asistencia “que corresponde por ley” y detalló tres puntos: alojamiento, alimentación y protección de conexiones.
La decisión de no esperar más
Para la madre de Bárbara Blum, la solución terminó llegando por fuera del operativo de Plus Ultra. Después de más de 20 horas de espera, decidió comprar otro pasaje.
Según su hija, primero había conseguido un vuelo alternativo con el que podría haber llegado este martes a Madrid a las 15.30. Lo canceló después de que los pasajeros recibieran la información de que una aeronave llegaría el lunes a Natal y saldría hacia España a las 19.30. Ese viaje no se realizó.
Cuando supieron que no habría una salida ese día, madre e hija volvieron a buscar opciones. “Podrás comprender el costo de los viajes al comprarlos de un día para el otro. Había muy pocos a un precio moderado”, explicó Blum.
Finalmente encontraron un itinerario con una escala de seis horas en San Pablo. La mujer salió de Natal a las 3.30 de este martes y quedó a la espera de la conexión que debía llevarla finalmente a Madrid. Desde allí todavía tendrá que tomar un tren hacia Valencia, donde su hija la espera desde el lunes.
“Mi madre, con 77 años, no daba más. Estaba muy angustiada, cansada y con mucho estrés”, contó Blum.
Para ella, el alivio de que el aterrizaje terminó sin víctimas convive con el enojo por lo sucedido después. “Agradezco que no terminó en tragedia”, afirmó. Luego cuestionó las condiciones que, según el relato de su madre, atravesaron algunos pasajeros durante las primeras horas en Brasil.
Mientras algunos buscaron alternativas por su cuenta, la mayoría continuó en Natal. La necesidad de compartir información llevó a los pasajeros a crear un grupo de WhatsApp, “Viaje Ultra Pasajeros”, que este martes reunía a 233 integrantes.
LA NACION accedió al grupo. Durante el mediodía, las conversaciones mostraban una preocupación concreta: saber cuándo dejarían los hoteles y a qué hora serían trasladados hacia el aeropuerto. Las indicaciones variaban según el alojamiento. En algunos establecimientos les habían informado que debían realizar el check-out a las 12, que tendrían el almuerzo incluido y que serían buscados alrededor de las 15. En otros, los pasajeros todavía preguntaban cuándo llegaría el colectivo.
También había inquietudes sobre el avión que debía recogerlos. Algunos buscaban saber si alguien había podido comunicarse con la tripulación; otros pedían reunir toda la información posible antes de volver a embarcar.
Las diferencias entre los propios viajeros aparecían en la conversación. Mientras algunos expresaban su enojo por los días de vacaciones perdidos, conexiones, trenes, hoteles y excursiones ya pagados, otros planteaban que preferían intentar aprovechar las horas en Natal y realizar posteriormente los reclamos correspondientes. En un punto coincidían: el itinerario original había quedado completamente alterado.
Un nuevo horario y otra espera
El primer dato oficial sobre la nueva salida llegó mediante un comunicado de Plus Ultra fechado el 24 de agosto en Madrid. Allí la compañía informó que el vuelo PUE902 Natal-Madrid estaba programado para despegar este martes 25 a las 18.50 y aterrizar en la capital española el miércoles 26 a las 7.40, en horarios locales.
En el documento, la empresa atribuyó la reprogramación a “circunstancias operacionales imprevistas” y señaló que había dispuesto alojamiento y asistencia para los afectados. También les pidió permanecer en sus hoteles y mantener disponibles sus teléfonos para recibir novedades sobre los traslados hacia el Aeropuerto Internacional de Natal.
Este martes, sin embargo, Plus Ultra dio a LA NACION un horario diferente. Ante la consulta de si estaba confirmado que el vuelo partiría durante esta jornada, respondió afirmativamente, pero indicó que la salida estaba prevista para las 20.30.
La compañía informó además que 292 personas permanecían varadas. Consultada sobre si el avión de reemplazo ya había llegado a Natal, respondió: “Está volando al momento”. No precisó desde qué aeropuerto había partido ni cuál era su horario estimado de llegada a Brasil.
Para los pasajeros, la modificación se suma a las indicaciones que fueron cambiando desde el lunes. Garbiero recibió este martes, mientras se dirigía hacia el aeropuerto, un correo electrónico con la reprogramación. “Es la primera comunicación oficial que recibimos desde que nos bajaron del avión”, aseguró.
La joven y sus amigos todavía no iniciaron el reclamo económico. Esperan hacerlo cuando termine el viaje. Entre los gastos que pretenden presentar se encuentran el alojamiento que contrataron por su cuenta y la comida, además de las reservas que perdieron por no haber llegado a España en la fecha prevista.
A esta hora, el escenario sigue abierto. La aeronave anunciada para reemplazar al avión que realizó el aterrizaje de emergencia todavía debe completar el operativo que permita sacar de Natal a los pasajeros. El horario de las 20.30 es, por ahora, el previsto por Plus Ultra: el despegue aún no ocurrió.
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