
El clima festivo que marcó la previa del partido duró poco. En el minuto 14 del primer tiempo, el primer gol de Egipto opacó la ilusión generalizada que hasta entonces primaba en la Plaza Seeber, sede de la Fan Fest de Palermo. Ya nada parecía quedar de los bombos, los cantos y la murga improvisada que, pocos minutos antes, habían acompañado la ilusión de los miles de hinchas que se reunieron allí a ver el partido.
“Fue muy desesperante. No quería que lo metieran. Y cuando Messi erró el penal me dieron ganas de llorar”, contó un chico que llegó junto a su papá, su tío y su hermano para vivir por primera vez un partido en la plaza palermitana.

La fe que él y muchos de los presentes mantenían se disipó minutos después, con el segundo gol de Egipto. Entonces sí, la plaza quedó en silencio. Ya no hubo gritos de bronca ni reclamos al árbitro, como en el gol cancelado. Algunos de los presentes ya empezaban a lamentarse y a mostrarse resignados, sin imaginar lo que vivirían en el segundo tiempo: un subibaja emocional que los mantendría al límite hasta el último minuto.
“Fue infartante”, dijo Inés Umfuhrer, jubilada, de 60 años, al final del partido, recordando el primer tiempo, que cerró con Egipto ganando 2 a 0. Aseguró que, a diferencia de muchos, ella nunca dejó de creer que el partido podría remontarse. Y así fue.
Sus ilusiones comenzaron a tomar forma con el primer gol argentino, que volvió a encender la Fan Fest de Palermo. Los hinchas saltaron de sus mantas y reposeras y se abrazaron con familiares, amigos y hasta con completos desconocidos.
El empate, pocos minutos después, desató la locura. Apenas Messi convirtió el 2 a 2, los hinchas estallaron en gritos y enseguida se organizaron en un canto unánime: “¡Messi, Messi!”. Mientras, desde distintos rincones comenzaba a escucharse el clásico: “Soy argentino, es un sentimiento que no puedo parar”.
La remontada se consumó y Plaza Seeber explotó. El tercer gol de la Argentina provocó una mezcla de llanto, abrazos y saltos interminables. La angustia quedó finalmente atrás: solo hubo euforia, desahogo y la sensación compartida de estar viviendo otro capítulo inolvidable de la Selección.
“Me volví a ilusionar. Estoy feliz”, dijo, todavía emocionado, Sebastián Canavesio, de 54 años, quien llegó al Fan Fest junto a parte de su familia y vivió la remontada con los nervios a flor de piel. Para él, la clasificación a cuartos de final dejó una enseñanza clara: “Este equipo tiene fuerza y corazón”.
Para Anabel More, empleada doméstica porteña, de 27 años, la remontada también fue una montaña rusa emocional: “Cuando hicieron el segundo gol, pensé que ya estaba. Perdí las esperanzas y hasta me quería ir”, admitió. Fue su pareja quien la convenció de quedarse hasta el final. “Me decía: ‘Vamos hasta el último momento, Argentina va a ganar’”. La remontada terminó dándole la razón. “Ahora nos vamos al Obelisco a festejar”, contó sonriente.
Jesica Coria, ama de casa, de 41 años, llegó desde Lanús para ver el segundo tiempo junto a su familia. En su casa nunca miran los partidos de la Selección. “Tenemos la cábala de escucharlos mientras hacemos otras cosas”, dice, entre risas. Esta vez decidieron romper la costumbre y acercarse al Fan Fest. Cuando llegaron, Argentina ya perdía 2 a 0. “Era un silencio total. Después vino el gol anulado y volvimos a creer”, recordó.
“Ustedes, en esencia, son fútbol”
Entre los presentes hubo también extranjeros sorprendidos por la manera en que los argentinos viven el fútbol. Alexandra Helbing, profesora de yoga de 49 años, llegó desde Paraguay junto a su familia y aprovechó su visita a Buenos Aires para vivir el partido en Plaza Seeber.
“Hoy nos levantamos y dijimos: ‘Vamos al Fan Fest a ver cómo disfrutan los argentinos el fútbol’. Ustedes, en esencia, son fútbol”, dice. Aunque en su país también hubo un espacio similar durante el Mundial, asegura que quería experimentar el clima argentino. “Nos encanta vivir con ustedes esta alegría. Es una fiesta sudamericana”, resumió.
Lucas Chila, brasileño, de 34 años, también eligió ver el partido en Plaza Seeber. Admirador de Messi, aseguró que la remontada fue “muy buena y muy difícil” y que se sorprendió por el clima que encontró en Buenos Aires. “La gente es muy alegre, muy contenta”, resumió antes de perderse entre la multitud que abandonó la plaza cantando.

La celebración continuó incluso fuera del Fan Fest. Mientras el público abandonaba Plaza Seeber, los bocinazos empezaban a escucharse sobre Avenida del Libertador y las banderas argentinas se asomaban por las ventanillas de los autos que pasaban.
