
Tragedia con el helicóptero de C5N
Murieron el piloto y el camarógrafo que viajaban en el aparato; por motivos desconocidos, cayó y se incendió
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Ayer, la noticia fueron ellos. El camarógrafo Fernando González, de 25 años, y el piloto Enrique Miguel Vila, de 51, miembros de uno de los equipos que tantas coberturas realizó a bordo de un helicóptero para el canal informativo C5N, murieron ayer cuando la nave cayó por motivos que se desconocen y se incendió en el jardín de una casa, en Villa Martelli.
Poco después de las 9 de ayer, el aparato (un Messerschmitt-Bölkow-Blohm BO-105, fabricado en Alemania, registrado con la matrícula LV-WJX) descendió bruscamente sobre la manzana delimitada por las calles Güemes, Bernardo de Irigoyen, Las Heras y Estanislao del Campo, según relató a LA NACION Francisco Stanic, que atiende un almacén en la esquina de Las Heras e Irigoyen.
En segundos, había bajado tanto de altura que rozó el alerón del techo de tejas del chalet de dos plantas situado en Güemes 3344, donde vive la hija de Stanic, Sonia, y derribó la medianera que separa esa vivienda de la contigua, numerada con el 3346, para finalizar el trágico vuelo al estrellarse en el jardín delantero del chalet.
Apenas tocó tierra, según coincidieron varios testigos del hecho ante LA NACION, el helicóptero se prendió fuego. Las llamas alcanzaron la altura de la ventana del segundo piso.
"Oí un golpe; me acerqué a la ventana y vi fuego. Solamente atiné a bajar la persiana de la ventana que da al frente y correr hacia el fondo. Primero pensé que se había incrustado un auto", relató Sonia a su padre, Francisco, según reprodujo el comerciante a LA NACION.
La reacción de su vecina fue totalmente opuesta. Estela, que vive en una casa más humilde, de una planta con terraza, en el 3346 de Güemes, salió corriendo a la vereda, al ver la bola de fuego sobre la medianera. Según confió su esposo, Sergio, a LA NACION, la mujer lo llamó a los gritos, presa del pánico, y debió ser atendida por un pico de presión alta. Ni los esposos ni los hijos de Sonia y de Estela estaban presentes en el momento del accidente.
En su derrotero, la caída del helicóptero de C5N y luego las llamas destrozaron los medidores de la vivienda de Stanic y algunos cables, por lo que, al atardecer, la casa seguía sin servicio de gas, luz ni teléfono.
Alrededor de las 17.30, los restos de la nave ya habían sido removidos del jardín y sólo quedaba una enorme mancha negra que cubría el pasto, las tejas desprendidas y los restos de la medianera destruida por el impacto. Todavía podía sentirse un olor penetrante, probablemente del combustible de la aeronave.
Antes de la tragedia, según revelaron el jefe de cámaras de C5N Diego Barbato y Daniel Hadad, propietario del canal, González y Vila habían viajado a cubrir un accidente vial en la autopista Buenos Aires-LaPlata y regresaban al helipuerto de San Fernando, donde hacía base el BO-105 LV-WJX. El equipo trabajaba en el turno mañana, desde que salía el Sol y hasta cerca de las 14, según dijo Barbato a LA NACION. Luego, sobrevolaban la ciudad otros dos colegas.
Emotivo recuerdo
"Fernando tenía un gran futuro -agregó-. No perdimos a cualquiera: perdimos un valor incalculable. Lo que él hacía desde el aire era lo que marcaba la diferencia del resto de los canales." El duelo por el fallecimiento del joven camarógrafo no alcanzó ayer sólo a C5N, sino a otros canales televisivos. Sucede que su padre trabaja en el área de montaje de Artear y su hermano es camarógrafo de Canal 9.
Los compañeros de Fernando contaron, además, que el joven estaba por mudarse junto con su novia, con quien había construido una casa.
Respecto de Enrique Vila, lo calificaron de "hombre de mucha trayectoria dentro de la Policía Federal". En rigor, según dijeron voceros de la fuerza, también cumplió allí funciones como piloto de las naves BO-105 y se retiró hace muchos años con el grado de oficial principal, tras recibir un ofrecimiento de trabajar como piloto privado en el Sur. Regresó a Buenos Aires, específicamente, para conducir el helicóptero adquirido por Hadad para el canal.
Sobre los últimos minutos del piloto y del camarógrafo son pocos los datos. Se ignora si un desperfecto mecánico provocó el accidente o si, tal vez, Vila sufrió una dolencia que pudiera afectar su desempeño.
Las únicas pistas las brindaron testigos de la caída. "Cuando descendía, uno de los hombres abrió la puerta y miró hacia abajo, como si quisiera saltar", dijo Chavela, una vecina de lugar que, desde su casa, observó el rápido descenso del aparato.
"Oí un ruido infernal, intermitente, similar al de la falla de un motor. Pero era más fuerte y venía de arriba", dijo Santiago Pizzuto, de 36 años, vecino de la calle Irigoyen. "Después, fue el estruendo. Salí; corrí hasta la casa y pude ver al helicóptero, con la puerta del conductor abierta, que se encendía fuego", contó conmocionado.
Según Francisco Stanic, padre de la moradora de Güemes 3344, y Sergio, el vecino de Güemes 3346, el cuerpo del piloto no sufrió quemaduras y quedó atrapado por la turbina del helicóptero, que se había desprendido, mientras que el cadáver de González sí estaba quemado. "El motor seguía funcionando con la nave estrellada", contaron.
En la Administración Nacional de Aviación Civil, que controla el espacio aéreo, aclararon que el helicóptero contaba con la habilitación correspondiente, vigente hasta el 31 de agosto de este año, y que también el piloto tenía la licencia pertinente, con la certificación psicofísica en vigor. "La última comunicación con el piloto fue a las 9.05. Informó que iba a cruzar General Paz y Libertador, en dirección a provincia. Luego, a los cuatro minutos, perdimos la conexión", informaron a LA NACION.
Técnicos de la Junta de Investigaciones de Accidentes de Aviación Civil, que busca determinar la causa del siniestro, trabajaron en la escena del hecho. El vocero de la Fuerza Aérea, capitán Mariano Mohaupt, dijo que el dictamen "demorará meses".





