Tras 20 años, resurgen las pistas de hielo
Fueron un boom en los 80, pero desaparecieron con la hiperinflación y los cortes de energía; el efecto TV
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Sobre la avenida Las Heras, casi Coronel Díaz, una imponente torre sobresale entre las demás edificaciones. En ese enorme terreno, hace unos veinte años, funcionaba una de las tantas pistas de patinaje sobre hielo que había en la ciudad.
Casi todas las otras corrieron igual suerte que la tradicional Madison Rink: desaparecieron a medida que se enfriaba -vaya paradoja- el interés de los argentinos por los patines con filo.
Hoy, ese congelado interés se está derritiendo. Despacio, casi con timidez, la gente -en su mayoría chicos que no pasan los 12 años, pero también adultos que cuentan más de tres décadas- está volviendo a las pistas para despuntar el gustito de deslizarse sobre una placa de hielo. Y, por qué no, formar el trencito y hacer el tan practicado, aunque pocas veces logrado, pasito hacia atrás.
Parte de la culpa de esta vuelta con sabor a retro, dicen, la tiene el conductor y productor televisivo Marcelo Tinelli. Es que el formato "Patinando con las estrellas", que formará parte de su programa ShowMatch en breve, promete sumar más adeptos a este deporte.
Este renovado interés se percibe desde hace un tiempo, pero se hizo fuerte este año: por ejemplo, dos empresas españolas líderes en el segmento -Hielo Emoción y N-ice- reciben varias consultas de la Argentina para instalar pistas desmontables e itinerantes, lo último en Europa.
Este formato, que permite armar en horas una pista de patinaje sobre hielo, por ejemplo, para un evento empresarial, llegó a la Argentina. Una iniciativa de este tipo la realizó Speedy, la empresa de banda ancha de Telefónica, que acaba de montar una pista de hielo dentro de los bosques de Palermo, en el parque Tres de Febrero. Este paraíso polar estará abierto todos los días hasta el 8 del mes próximo, entre las 11 y las 19. La entrada es gratuita.
Acá, en Buenos Aires, la tendencia ya había comenzado en 2005, cuando la marca de jugos Ades transformó la plaza San Martín en un enorme espejo de hielo para promocionar sus nuevos sabores.
Seguir la tradición
Pero claro, las pistas de hielo no resurgen sólo de la mano de las empresas que realizan acciones promocionales. También hay una resurrección de las pistas tradicionales en grandes predios, donde la hora cuesta unos 15 pesos (menos, si se llevan patines propios).
Hace un año abrió The Ice Planet en Avellaneda, y los mismos dueños reabrieron, hace unos meses, la vieja Alpina Skate, en Flores, también con el nombre "El planeta de hielo".
La apuesta de este grupo de patinadores profesionales, amantes de este deporte, es crear "una cultura del patín" que perdure y sea impermeable a las modas y a los vaivenes de la economía.
"Yo empecé a patinar en 1986 con unos amigos y me enganché, empecé a jugar al hockey, hasta armamos un equipo... Pero nos empezaron a cerrar todas las pistas y casi nos quedamos sin lugares para practicar", recuerda Diego Fernando García Barthe, uno de los dueños de los dos predios de The Ice Planet.
"Entre 1985 y 1989 todas las pistas que se abrieron en la Argentina respondían a una lógica comercial. A los dueños no les interesaba el patinaje como actividad. No había un propietario de una pista que fuera patinador. Es decir, no había una propuesta permanente, no se cubrió la parte deportiva ni artística y se saturó rápidamente el mercado", comentó García Barthe a LA NACION.
"La instalación y el mantenimiento son muy caros. La única manera de conservar una pista de hielo es que la mayor parte del tiempo estén usándola. Y eso se logra con escuelas de hockey y de patinaje artístico", dice el propietario de The Ice Planet, lugar por el que los fines de semana pasan entre 200 y 400 personas por día.
Muerte y resurrección
En los 80 había unas 20 pistas de patinaje sobre hielo en la Capital y una quincena en el conurbano bonaerense.
Y, claro, otras tantas en el interior. Pero todo ese bloque de hielo se cayó tras la debacle económica provocada por la hiperinflación y los cortes de luz programados, que terminaron de liquidar las pistas de hielo entre 1988 y 1989.
En esos años, apenas sobrevivieron dos reductos en la Capital. Uno de ellos, My Way, cumplió en junio 20 años. Vanesa Tedesco, responsable de marketing del complejo de Palermo, dice que la clave de la supervivencia fue no haberse dado por vencidos ni sentir que un resbalón es caída.
"La crisis se sintió, pero la clave fue no bajar nunca los brazos y redoblar la dedicación al negocio. Nosotros estamos abiertos casi todo el día, de 10 a 5 de la mañana. Por acá pasa gente de todas las edades. En el fin de semana vienen a patinar unas 400 personas", cuenta Tedesco.
Desde sus comienzos, en My Way funciona una escuela de patinaje artístico por la que pasan chicos y grandes.
"La gente lo ve como algo recreativo, pero para muchos es un excelente deporte aeróbico, permite quemar muchas calorías en poco tiempo. Tenemos varias mujeres de más de 40 años que vienen a ponerse en línea", agrega Tedesco.
Por ahora, el "huracán Tinelli" no se hizo sentir mucho. Pero en My Way no descartan que empiece a soplar dentro de poco. "Tal vez va a generar más interés cuando aparezca el segmento en televisión. Pero nosotros estamos más allá de los programas y de las crisis. My Way es como una casa; tenemos una clientela muy fiel que viene a patinar desde hace 20 años. Y ya trae a sus hijos", se ufana Tedesco.
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