
Tristeza y ausencia en el colegio de Candela
El ausentismo es fuerte; medidas de seguridad
1 minuto de lectura'
El acceso a la escuela N° 28 permanecía ayer cerrado. Cada vez que una persona quería entrar o salir del edificio, personal de la institución abría y cerraba con llave la puerta de rejas verdes. "Vinieron muy pocos chicos de todos los cursos", explicó una maestra ante la consulta de La Nacion.
Aún quedan marcas en los vecinos de Villa Tesei, Hurlingham, luego del asesinato de Candela Rodríguez. Poco a poco, algunos se fueron incorporando a la rutina, luego de un crimen que horrorizó e indignó a toda la localidad.
Candela asistía a sexto grado en la escuela situada en Francisco de Gurruchaga y Bustamante, a diez cuadras de donde vivía. Ayer, la institución retomó la actividad luego de que el jueves, la Municipalidad de Hurlingham decidiera suspender las clases.
A las 10, se oían los gritos de algunos niños que estaban en recreo y, minutos después, sonó el timbre para regresar al aula. Afuera, el verde de la escuela se entremezclaba con los árboles del barrio Cartero, que rodea la institución con sus casas blancas y bordó. Aunque había muy poco movimiento, algunos vecinos hacían compras en el quiosco de la esquina.
En la entrada del edificio, se veía un cartel rosa, sobre un atril. "¡¡Con los chicos, no!! En el amor a los chicos está el verdadero maestro/a." Adentro, los docentes permanecían reunidos con orientadores del Ministerio de Educación bonaerense y del distrito.
"Estamos atravesando un duelo. Queremos recordar a Candela como era: una persona muy alegre. Yo tenía esperanzas. Pensé que la iban a devolver. Siento que me sacaron un pedacito de mí", afirmó en la puerta de la escuela Andrea Fiore, maestra de Lengua y Ciencias Sociales de la menor brutalmente asesinada.
"Hay que ser fuertes"
"Es duro, pero hay que ser fuertes por los chicos. Al comienzo de la clase, charlamos unos minutos sobre el tema; ellos expresaron un poco su dolor y recordamos las cosas lindas de Candela. Después, comenzamos con la clase de lengua", detalló Fiore, a quien, desde que la menor desapareció, se vio en cada marcha, en cada manifestación, pidiendo la aparición de la niña.
Luego de confirmar que la asistencia de los alumnos a todos los cursos había sido escasa y respecto de la posibilidad de que los docentes continuaran organizando marchas, la maestra dijo: "Nosotras vamos a acompañar lo que decida la familia, incondicionalmente".
Pasadas las 11, y mientras unos grupos de policías realizaban allanamientos en los alrededores de Bustamante al 1500, Carola Labrador, la madre de Candela, hablaba con una decena de periodistas frente a su vivienda (ver aparte).
Minutos después, algunos vecinos comentaban con pesar el asesinato de la niña, en un comercio situado a pocos metros de la casa donde vivía. Según sus versiones, hace más de diez años que Carola Labrador y su familia habitan en esa vivienda.
"Cuando apareció Candela muerta, me sentí defraudada, usada, y la verdad es que ellos [por la familia de Candela] no son ningunos santos", afirmó María, vecina del barrio Luna.
Distinta fue la opinión de Jorge, conocido de la madre de Candela. "Carola es trabajadora; hace tortas; ha laburado de lo que sea, y sé que cuida mucho a sus hijos. También entiendo que la gente del barrio esté enojada y se sienta un poco defraudada", dijo el vecino.
1
2El viaje de 6400 kilómetros de “Diana”, la tortuga boba rescatada en Ceuta que cruzó el Atlántico
3“Milagro”: revolucionó la educación de un pueblo, llegó al Ministerio y su receta es referencia en toda América Latina
4Hay alerta amarilla por tormentas para este miércoles 11 de marzo: las provincias afectadas


