
"Tuvieron el sadismo de sacarle fotos después de haberlo matado"
"Se tomaron el tiempo de regodearse", dijo sobre los delincuentes la madre del joven asesinado en Tigre
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Aquella fotografía la obligó a rebobinar y a volver a ver su pesadilla desde la primera imagen: el cuerpo de su hijo Santiago tendido en el suelo de la habitación y con un balazo en la cabeza. Ella intentaba resucitarlo, traerlo de vuelta a la vida. Desde entonces, ese 10 de octubre de 2009, esa secuencia se le aparece una y otra vez en sueños. Despierta, intenta cambiar el trágico final. Pero es inútil.
Durante la audiencia del juicio en el que se juzga a los asesinos de Santiago Urbani, Julia Rappazzini, la madre del joven asesinado en Tigre durante un asalto, sintió náuseas y un fuerte dolor en el pecho. No pudo soportar más el relato de una testigo, convocada por la fiscalía: una joven menor de edad amiga de los imputados por el crimen, que contó que los asesinos, después de matar a Santiago, le sacaron fotos al cuerpo.
La adolescente relató que unos días después del hecho fue a la casa de sus amigos, vio la cámara y empezó a ver las fotos. Que se sorprendió cuando se encontró con las imágenes de un adolescente muerto con un balazo en la frente. Según contó la chica, los jóvenes actuaban naturalmente y hablaban de otro tema. Ella no quiso seguir mirando.
"Yo no sabía que esta chica iba a declarar. Cuando empecé a escucharla, sentí nauseas. Antes de que el fiscal pudiera pedir permiso para que me retirara de la sala, yo ya había salido con mi hija", dijo Rappazzini a La Nacion.
"No pude dormir en toda la noche. Esa es la imagen que tengo grabada en mi cabeza desde hace un año y medio y que me persigue. Repito y repito la secuencia intentando cambiar el final: yo estaba sobre Santiago intentando hacerle la resucitación y no pude. Y de pronto me entero de que, ante esa misma situación, estos chicos tuvieron una actitud completamente sádica: sacarle fotos y tomarse el tiempo de regodearse", relató la mujer con la voz entrecortada.
En la madrugada del 10 de octubre de 2009, Santiago Urbani llegó a su casa situada en la avenida Liniers 1988 de Tigre, en su Chevrolet Corsa azul. Cuatro delincuentes que llegaron en un Ranault 18 lo obligaron a entrar en su domicilio, donde dormían su madre y su hermana, Florencia. Lo asesinaron de un escopetazo en la habitación de su hermana y, luego, robaron distintos objetos de valor, entre ellos la cámara de fotos en cuestión.
Hasta ahora, habían existido distintas versiones acerca de la existencia de esas fotografías, pero ningún testigo había declarado en el juicio haberlas visto.
Que antes de huir le hayan sacado fotos prueba, según la madre de Santiago, que los delincuentes tenían toda la intención de matar. "No son dos pobres niños de pecho que entraron a robar y mataron sin intención. Tuvieron sadismo, morbo. Hasta ahora, aun cuando a mi hijo le pegaron un tiro en la cabeza, para la Justicia no estaba probado que existió intención de matar. Es un planteo ridículo", insistió Rappazzini.
Vuelco en la causa
"Pasé un día terrible. Afortunadamente hoy la causa dio un vuelco importantísimo. Es lo único que me puede dar un consuelo entre tanto dolor: la Cámara (de Apelaciones y Garantías de San Isidro) finalmente agravó la calificación penal de los menores", sostuvo la mujer, tal como se informa por separado.
"Esta maldita imagen me va a perseguir cada día de mi vida. Necesito poder elaborar el duelo de la pérdida de mi hijo y seguir adelante, pero no puedo. Vuelve una y otra vez. Hasta que no se haga justicia no voy a conseguir alejarla de mi mente", dijo.
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