
Tuvieron que salir corriendo
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SAN CARLOS DE BARILOCHE (De nuestro corresponsal).- Otra vez el temor, la angustia, la impotencia, el dolor. "Hubo un momento en el que tuvimos que correr. Era increíble, se venían las llamas encima y no había nada que hacer". Sergio Barbagallo recuerda como si viera de nuevo la noche de anteayer, cuando el fuego estuvo peligrosamente cerca del camping Los Rápidos, camino al cerro Tronador.
Detrás de sus lentes oscuros de andinista se esconden ojos acostumbrados al hielo de los glaciares, en dos décadas de trabajo en el refugio Meiling, a 2000 metros de altura.
Esta vez, el peligro no fueron grietas, riscos o avalanchas, sino un enemigo incontenible: el fuego. "Vino asomando un poco de humo al mediodía, del lago de Los Moscos. Primero pensé que era un asado, pero me sonó raro. Me fui en la bicicleta hasta detrás de la laguna y no lo podía creer". Jorge Colipán, encargado del albergue de Los Rápidos, descubrió el foco que en pocas horas avanzaría sin piedad sobre miles de hectáreas de bosque nativo.
La situación era compleja. Tras dar la alarma a Parques, se determinó que lo mejor era retirar a los 20 huéspedes del hospedaje, situado en la naciente del río Manso Medio del lago Mascardi.
En Los Rápidos se bifurca el camino que nace diez kilómetros atrás, de la ruta 258 que va de Bariloche a El Bolsón. Una rama se dirige hacia el lago Hess y la cascada Los Alerces. Otra, hacia Pampa Linda, al pie del Tronador. Los miles de visitantes recibidos en las últimas temporadas hicieron de la zona la preferida del Parque Nacional Nahuel Huapi.
Pero tal vez eso cambie. "Esto no se va a arreglar fácil", piensa Tasha Joos, concesionaria del camping. Las llamas habían brotado a unos cuatro kilómetros de Los Rápidos, frente a la ruta que conduce a Los Alerces. Un centenar de turistas había quedado en ese sector y en la hostería Hess.
Otros tantos, en Pampa Linda y el hotel Tronador. A primera hora de la mañana fueron evacuados.
Afortunadamente, en el camping Carilafquen, de la congregación marista, "el último grupo, de Buenos Aires, se había ido el viernes último", comenta Carlos Azócar.
En sus doce años de encargado del predio de cinco hectáreas que descansa sobre las costas del Mascardi, es la primera vez que Azócar ve tan de cerca la amenaza de las llamas. "Anoche eran las dos de la mañana y caían las brasas acá, sobre el pasto. Las teníamos que apagar a los pisotones...".




