Un nadador va por el récord Guiness en el Río de la Plata

Gustavo Villarreal, que tiene amputada una parte de su pierna, intentará mañana ser el primer deportista con capacidades diferentes que cruza a Uruguay a nado. Por Valeria Musse
Valeria Musse
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7 de diciembre de 2009  • 21:04

LA PLATA.- En toda la historia, sólo 15 nadadores lograron cruzar el río más ancho del mundo, el impresionante Río de la Plata que une la Argentina con el vecino país de Uruguay. Pero hay alguien que quiere doblegar la apuesta. Gustavo Villarreal, 49 años, tiene amputada la parte baja de su pierna izquierda, pero cuando nada siente que su cuerpo muta. "No hay nada que pueda detenerme", afirma.

La travesía se iniciará mañana cuando este hombre, oriundo del partido de Morón, se zambulla en las frías aguas de la costa de la ciudad charrúa de Carmelo para, cerca de 10 horas más tarde, pisar tierra firme en el puerto de San Isidro.

Hace 27 años ni se imaginaba que terminaría soñando tal objetivo. Gustavo era muy joven. Su pasión por las motos lo había incentivado para prepararse como mecánico y tenía su propio taller. Además, nadaba desde los 5 años representando al Club Morón. Su padre era un recurrente jugador de bochas en ese lugar y entonces, mientras él participaba de un torneo, dejaba a su hijo aprendiendo los primeros movimientos acuáticos.

En 1982 bastó un segundo para que Gustavo cambiara su filosofía de vida. Un trágico accidente con su motocicleta lo dejó internado más de 45 días en terapia intensiva y sin la parte de la pierna izquierda que continúa bajo la rodilla porque tuvo que ser amputada.

"Entre la invalidez que sufrí imprevistamente y algunos problemas personales caí en una profunda depresión que me llevó al mundo de las drogas y el alcohol", contó Gustavo a lanacion.com. Durante más de 10 años el nadador perdió el rumbo. No sabía qué hacer de su vida y le costaba enfrentar la amputación de su miembro.

Luego de caer en la cuenta lo que estaba viviendo, por iniciativa propia se internó en un centro de rehabilitación. Claro que la ayuda de su incondicional esposa, Claudia Vázquez, fue determinante. En 2002 salió, recuperado, y un "clic" en su cabeza, contó, le recordó que el agua era su hábitat.

No hubo más pasos atrás. Dejó de fumar los dos atados de cigarrillos diarios que solía comprar y comenzó a entrenar en las piletas de la Universidad Nacional de La Matanza más de cinco horas por día. "¡Che, loco, ni se te nota que te falta una parte de la pierna!", le dicen, orgullosos, quienes ven cómo se mueve en el húmedo ambiente.

El esfuerzo en el trabajo lo ha preparado para que pueda permanecer nadando más de 20 horas seguidas. "Este es mi primer objetivo: demostrar que con perseverancia se puede salir adelante sin dejarse vencer", afirmó Gustavo, muy confiado. Ese compromiso no se acaba. A pocas horas de la gran hazaña acaba de salir de un lago artificial en Pilar en el que estuvo braceando cinco horas. Ya tiene preparada la vestimenta adecuada para el cruce: las mismas antiparras, traje y gorra que viene usando hace muchos años.

Durante los 57 kilómetros que tendrá que recorrer su esposa Claudia será uno de sus compañeros fieles. Ella, como "Las viejas del agua de Pilar" – como se hace llamar un grupo de amigos -, viajará en una embarcación a la par de su "ejemplo a seguir", como le contó a La Nacion. Quizá se anime a nadar con él los últimos metros hasta la meta, en San Isidro. Es el deseo de Gustavo.

Si logra "cruzar el charco", Villarreal dejará una huella en el Libro Guiness de los Récords como el primer deportista con capacidades diferentes en atravesar a nado el Río de la Plata. Pero no es lo que más le importa. Humilde, pero muy seguro de sí mismo, recalcó: "Quiero demostrarle al mundo que se puede continuar pese a las adversidades".

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