
Una editorial que recoge aventuras de viajeros
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Un animal exótico, inimaginado y fabuloso viene levantando polvo y sacudiendo la historia argentina con su imponente andar. Es El Elefante Blanco, nombre de una editorial especializada en los relatos de los viajeros que surcaron nuestro territorio el siglo pasado, a puro coraje.
Algunos de ellos cabalgaron la inmensidad de las pampas y alternaron plácidos recorridos solitarios con inesperadas aventuras de indios y gauchos. Otros arriesgaron su pellejo y se adentraron sin temor alguno en la Patagonia inhóspita, por aquel entonces vista casi como el mismísimo fin del mundo. Otros remontaron el Paraná y subieron hasta el exuberante paisaje del Paraguay, donde fueron testigos del romance entre un gobernante autocrático, Francisco Solano López, y una dama de alta sociedad, Elisa Lynch.
Aquellos arriesgados personajes, que vivieron momentos de angustia y desazón, que vibraron y gozaron en un mundo desconocido, se dieron el gusto adicional de sentar por escrito sus aventuras y desventuras. Son los mismos trazos que ahora están a nuestro alcance, después de ser rescatados, desempolvados y traducidos, dispuestos a ser revividos por la imaginación de cada lector.
Diversión histórica
"Siempre me divirtió leer este tipo de libros. Ahora tengo la oportunidad de publicarlos y sacar a la luz a estos autores poco difundidos, que nos pueden ayudar a conocer mejor nuestro pasado y revelar nuestra identidad como país", dijo a La Nación Marta Gallardo, propietaria de la editorial.
De hecho, ella no sólo es la dueña de El Elefante Blanco, sino que lo conduce, además de elegir los libros y hacerles las últimas correcciones. "No sólo uso los libros que tenía en casa -dijo Gallardo-. Voy mucho a las librerías de la calle Corrientes, descubro obras, las leo y las elijo por intuición".
Sus elecciones ya suman quince, entre ellas dos libros sobre el perito Francisco Moreno, hasta hace poco sólo recordado por el portentoso glaciar que lleva su nombre. Ahora este descubridor del Sur se nos presenta a cada página vivito y coleando, al remontar el río Santa Cruz en 1874 y al convertirse, un año más tarde, en el primer argentino en llegar al lago Nahuel Huapi. Su odisea continúa en medio de los indios, cuando cae prisionero, es condenado a muerte y a último momento concibe un alucinante escape en balsa.
A través de la mirada ingenua y curiosa de los viajeros que trajinaron el país semidesierto, Marta Gallardo tiene la esperanza de que el lector actual alcance a percibir la vitalidad y la cultura "de la gente que armó el país antes de la llegada de los inmigrantes, que pudieron asentarse y progresar gracias a las generaciones que los precedieron".
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