
Una "república" en el corazón de Córdoba capital
Festejos: el barrio cordobés de San Vicente cumplió 130 años; fue cuna de artistas y reconocido por sus corsos de carnaval.
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CORDOBA.- "¡Viva la República!", gritaron fervorosos los vecinos de San Vicente, y estallaron en aplausos. Enseguida, hundieron el cuchillo en la enorme torta y cantaron el "Feliz Cumpleaños". Orgullosos, y emocionados, los sanvicentinos festejaron los 130 años de vida del barrio, fundado en 1870 por don Agustín Garzón, un joven de 30 años propietario de esas tierras, en las que decidió construir una nueva población y ponerle el nombre del santo de su devoción: San Vicente de Paul.
El festejo oficial, del que participaron autoridades municipales, dirigentes de las instituciones barriales, vecinos ilustres y familias enteras que nacieron y se criaron allí, se realizó el lunes último. Pero el aniversario de San Vicente se celebrará durante todo el mes. Es que un solo día no alcanza para homenajear la particular historia de esa barriada cordobesa y a sus protagonistas.
"Nosotros estamos aquí no sólo para recordar la fundación de San Vicente, sino una historia que nos llena de orgullo y nos distingue en todo el país", explicó Luis Fernando Vidal, de 70 años, sobrino del pintor Francisco Vidal, uno de los sanvicentinos que alcanzaron reconocimiento mundial. Otros fueron los pintores José Malanca y Roberto Viola y el folklorista Santiago Ayala, El Chúcaro.
Al margen de ser cuna de artistas, San Vicente se hizo un lugar en la historia a raíz de un acontecimiento original que explica el temperamental orgullo de sus habitantes y la pompa de sus celebraciones: en 1932, cuando la Municipalidad de Córdoba prohibió la realización de los tradicionales corsos de carnaval del barrio, los vecinos organizaron un corso "revolucionario" y proclamaron la "república de San Vicente", independiente de cualquier poder que no fuera el instaurado por ellos mismos.
Los famosos corsos de San Vicente les quitaban brillo a los que por esos años se hacían en el "centro" de la ciudad. Gente de todos los barrios se acercaba a la avenida San Jerónimo para ver los carruajes adornados, los juegos de serpentinas y papel picado, las máscaras y las numerosas comparsas. En 1932, el comisionado municipal Ricardo Belisle prohibió la fiesta y amenazó con usar la fuerza pública si no respetaban la decisión.
Identidad rebelde
En el día del cumpleaños número 130, frente al escenario que se armó en el Centro Cultural de San Vicente (donde funcionaba el Mercado), los que participaron de esa gesta recordaron cómo desafiaron "la decisión injusta del poder" municipal. "El corso se hace igualÉ Y ese 8 de febrero, desde muy temprano, los jóvenes hicieron correr la voz invitando a todos a participar. Usamos los autos como palcos y sacamos cables de cada casa para poder iluminar la calle. Nos habían cortado la luzÉ", recordó Ada Sullivan de Galán, de 81 años.
Mientras se repartían la torta y la sidra, todo supervisado por el responsable del Centro Cultural, el artista plástico Sergio Blatto, la gente aprovechó para sacar a relucir sus anécdotas. María Lidia Beaute de Acosta, de 101 años, sólo dijo, en voz baja, que "lo de la república no es ningún cuento". Su hija agregó: "Es que somos una república aparte; cuando hay algún evento, enseguida estamos todos presentes".
"Recuerdo la luna sobre las barrancas de San Vicente, y las chicas...", rememoró Domingo Huerte.
La idiosincrasia rebelde de San Vicente también tuvo proyección internacional. Fue en 1970, cuando el "gabinete" de la "república" envió una nota a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otra a la Organización de los Estados Americanos (OEA) pidiéndoles que intercedieran ante la Municipalidad de Córdoba para que ésta reparara la calle Estados Unidos, que era motivo de reclamo desde hacía seis años.
El insólito episodio fue comentado en todos los diarios del país y causó tanta gracia como efecto; el comisionado municipal, el coronel Isola, ordenó el llamado a licitación para pavimentar la calle y en noviembre de ese año la obra ya estaba terminada.
El pueblo que nació como una colonia de veraneo para los cordobeses "del centro", con huertas, casonas con enredaderas trepadoras, es hoy uno de los más poblados de la ciudad. Sus calles ya no están atravesadas por tranvías, tampoco existe el "gabinete" que se ocupaba de los reclamos barriales y los corsos ya no tienen el brillo de aquella época. Pero los vecinos, fieles al espíritu de sus antepasados, prometen recuperarlo.
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