
Ver el pasado a millones de años luz
El desierto de Atacama, donde llovizna cada cinco años y nunca se nubla, es ideal para escudriñar los misterios del cielo
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CERRO PARANAL, Chile.- ¿Qué miraría usted si tuviera a su disposición el telescopio más grande del mundo? Probablemente la Luna o los planetas de nuestro sistema solar.
Sin embargo, para los astrónomos que trabajan en el Observatorio Europeo del Sur (ESO), las respuestas a sus preguntas se encuentran a muchos millones de años luz de distancia. En el universo lejano.
Veámoslo de este modo: si abordáramos una nave imaginaria capaz de viajar a la velocidad de la luz (unas 8 vueltas a la Tierra en un segundo), tardaríamos apenas 1 segundo y fracción en llegar a la Luna. Un viaje a Marte llevaría unos 6 minutos y alcanzar la órbita de Júpiter, tres cuartos de hora.
Puntos antiguos y lejanos
Si entonces quisiéramos visitar la estrella Alfa Centauri, nuestra vecina más cercana, el viaje -siempre a la tremenda velocidad de la luz- demandaría una travesía sin escalas de 4 aburridísimos años. Por eso se dice que Alfa Centauri se encuentra a 4 años luz de la Tierra.
Lo mismo, pero en sentido inverso, ocurre con la luz que produce Alfa Centauri: tarda 4 años en llegar hasta nuestro planeta y, por lo tanto, lo que vemos de ella es lo que le ocurrió hace 4 años. En otras palabras, los astrónomos ven a través del tiempo.
Ahora bien. Atravesar toda nuestra galaxia a la velocidad de la luz (y estamos hablando apenas de una de los miles de millones de galaxias que contiene el universo) requiere un viaje de 100.000 años. Nuestra galaxia, de punta a punta, entonces, mide 100.000 años luz.
Lo maravilloso es que con el telescopio de Cerro Paranal los científicos pueden ver estrellas que se encuentran a 12 o 13 mil millones de años luz. Son los objetos más antiguos y lejanos del universo, ya que se cree que todo comenzó hace 15.000 millones de años con una gran explosión: el Big-Bang.
Cuando el universo era joven
Cuando en la óptica del telescopio hay una estrella que se encuentra a 13.000 millones de años de la Tierra, lo que vemos en realidad es un objeto de cuando el universo era un joven de 2000 millones de años.
"Esto es muy importante para nosotros -explica Gautier Mathys, un astrónomo belga que desde agosto último vive en el observatorio-. Uno de nuestros grandes temas es averiguar cómo es que partiendo de una explosión llegamos a las primeras estrellas y galaxias. Y eso es algo que ocurrió más o menos en esa época."
Claro que ésa no es la única pregunta astronómica. La lista de temas sobre los cuales el observatorio puede brindar información es larguísima.
Por ejemplo, desde hace pocos años, los científicos comenzaron a detectar planetas que se encuentran fuera del sistema solar; que giran en torno de otros soles. Sucede que jamás los han visto. Sólo se sabe de su presencia por perturbaciones en el movimiento de las estrellas.
Un telescopio potentísimo
Sin embargo, cuando en el 2005 el complejo de Cerro Paranal funcione a pleno quizá más de una sorpresa aguarde a los astrónomos.
Mathys lo explica: "Con el método de la interferometría, por el cual los cuatro telescopios grandes y los tres más pequeños que se construyen aquí funcionarán como una única pieza muy potente, esperamos por primera vez ver directamente esos planetas".
Mientras tanto, el complejo está en construcción. De allí las estrictas medidas de seguridad: dentro del predio nadie puede quitarse el cinturón de seguridad si se desplaza en automóvil. También es obligatorio el uso de casco y zapatos especiales.
Habitantes y visitas duermen en contenedores especialmente acondicionados. Cada uno está dividido en dos habitaciones y un baño. El lugar no cuenta con provisión de agua propia y, por ello, el líquido es un bien preciado. Periódicamente, enormes camiones cisterna la traen desde Antofagasta.
Ingenieros y astrónomos
Una curiosidad: casi todos los habitantes del Cerro Paranal -unas 400 personas- son técnicos e ingenieros. Los astrónomos no llegan a una docena. Y entre todos se respira un clima parecido al de un campamento.
Como buenos europeos, quienes trabajan en Paranal cenan temprano: la comida se sirve alrededor de las 19.
En el momento de abandonar el comedor, la noche del desierto se vuelve fresca y en lo alto un sendero de miles de estrellas apretadas completa el marco. "Habitualmente decimos que se trata de la vía láctea -explica Jorge Ianiszewski, del Departamento de Relaciones Públicas de la ESO-. Sin embargo, es apenas uno de los tentáculos de nuestra galaxia: se trata del brazo carina-sagitario. ¿Cuántas estrellas vemos a simple vista...? Quizás unas 10.000, de las cuales sólo una centena tiene nombre. Al resto se las denomina con números y letras. Por ejemplo, una estrella cualquiera puede ser la RXJ185635-3754".
Aunque las cuatro inmensas cúpulas plateadas están listas, sólo dos de los cuatro telescopios principales están completos: el Antu (Sol, en mapuche), y el Kueyen (Luna, en la misma lengua).
En uno de los edificios, unos técnicos franceses están terminando de armar el soporte del tercer telescopio, el Melipán (Cruz del Sur), que contendrá el gigantesco espejo de 8,2 metros de diámetro y 23 toneladas.
"Los 900 millones de dólares, el dinero que se gasta en la construcción del complejo, es toda una inversión -explica Mathys-. Es cierto que no se ven ganancias económicas inmediatas. Sin embargo, para la industria finalmente el beneficio es tremendo, ya que participar en todo esto implica desarrollar nuevas tecnologías."
Un nuevo gigante
Para dentro de algunos años, la ESO tiene previsto construir otro gigante. Un telescopio cuyo espejo principal tendrá 100 metros de diámetro. No será una pieza única, pero funcionará como tal. "Aún no está decidido el sitio en donde se emplazará -se entusiasma Mathys-. Tiene que ser un lugar con muy poco viento, ya que será un aparato muy sensible. Quizás en Kazakhstán o aquí, en Chile."
La predilección por el desierto de Atacama es comprensible. En este lugar caen unas tenues lloviznas cada 4 o 5 años. Hay grandes extensiones despobladas (alejadas de cualquier fuente de luz), y casi nunca se nubla. Ideal para telescopios.
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