Cómo minimizar los riesgos de usar celular

Ariel Torres
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4 de junio de 2011  

Era hora de que la Organización Mundial de la Salud se expidiera sobre el tema de los celulares y su posible relación con el cáncer de cerebro. Por varios motivos.

Primero, ya nos habíamos desensibilizado respecto del tema, principalmente porque había docenas de estudios, cada uno llegaba a un resultado diferente y, peor aún, se sacaban conclusiones muchas veces opuestas sobre los mismos resultados. La credibilidad de todo el asunto estaba más o menos en el nivel de los estudios sobre ovnis y estas noticias ya no llegaban a la primera plana ni con propulsores de combustible sólido.

Esta falta de credibilidad resulta pésima para las políticas sanitarias porque al final creemos que todo es un cuento chino, y si un gobierno intenta hacer alguna clase de recomendación, promulga una ley o tiene la peregrina idea de regular algo relacionado con nuestro uso de una tecnología, no le prestamos atención. Por nuestra parte, si antes habíamos adoptado alguna clase de precaución, la vamos abandonando. Le damos lugar al escéptico pero trágico no pasa nada .

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El núcleo de la noticia no es, pues, que los celulares causen cáncer -de hecho, no es eso lo que dijo la OMS–, sino que por fin la autoridad máxima en estos asuntos se haya hecho cargo del enigma. Ni los fabricantes, que venden los equipos, ni los enemigos de cualquier cosa electrónica, porque se toman el asunto de forma emocional, ni los gobiernos, que o temen tomar medidas antipáticas o perciben beneficios de diferente índole por la fabricación y venta de celulares, eran voces calificadas.

Sí, claro, lo son las de las prestigiosas universidades e institutos que indagaron el efecto de los celulares sobre la salud, pero como las emisiones de las radios de los móviles no son francamente cancerígenas (han sido, precisamente, ubicadas en el Grupo 2B), entonces no importaba cuán seria fuese la metodología ni cuán extenso el grupo de estudio; al final, todo dependía de las interpretaciones, que las había tantas como las que se han escrito sobre Un perro andaluz .

Además de oportuna, la declaración de la OMS me parece muy juiciosa. Puede estar completamente equivocada, quizá los celulares son más inofensivos que el puré de calabaza o quizá son terriblemente letales, pero por eso digo que la OMS se comportó de forma responsable. Puso a los celulares en la misma categoría de sustancias, radiaciones y condiciones ambientales en la que se encuentran (anote) el café, el mate muy caliente, los gases de escape, apagar incendios, trabajar en una tintorería y colocar alfombras. Es una larga lista que el lector puede cotejar en este PDF de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer: http://monographs.iarc.fr/ENG/Classification/ClassificationsGroupOrder.pdf

El caso del mate es particularmente significativo; asustó a muchos, de entrada, porque aquí y en Uruguay tomamos esta infusión a diario y durante horas; enseguida verá que, en un sentido, está relacionado con los celulares. La posible relación entre el mate y el cáncer se basa en beber constantemente un líquido, no importa cuál, a temperatura muy alta, casi hirviendo.

Si se lo pone a pensar, beber durante muchas horas por día de forma regular no es algo que hagamos normalmente; excepto con el mate. Si lo hacemos, además, con el agua casi hirviendo, la agresión constante del calor sobre la lengua y la faringe coloca a nuestro querido mate en el Grupo 2B. ¿Cuál es el parentesco entre esto y la telefonía móvil? Que usar el celular es una cosa y hablar tres horas por día con el celular pegado al parietal durante diez años seguidos es otra muy diferente.

Menos pánico, más prudencia

Ahora, y hasta que haya nuevos estudios, la de la OMS es la única conclusión creíble que tenemos en este asunto. Una conclusión, por otro lado, verosímil. Que una radio que emite frecuencias de 850 o 1900 MHz con la energía suficiente para alcanzar la antena más cercana (más de 250 mW) sea 100% inofensiva es bastante poco probable. Viceversa, que los celulares sean tan cancerígenos como el tabaco, una dosis excesiva de rayos X o el gas mostaza cuando hace 15 años que hay millones de personas usándolos sin que hayamos tenido una epidemia de cáncer de cerebro, suena igualmente poco aceptable.

Durante una década me vienen preguntando si es cierto o no que los celulares producen cáncer de cerebro. Obviamente, no era mucho lo que podía responder, si sólo esta semana la Organización Mundial de la Salud logró sacar algo en limpio. Pero debo decir que el asunto me molestaba bastante. Interrogante legítimo, además, porque hay 5000 millones de personas que usan celular no porque sea cool, sino porque es indispensable.

Aceptémoslo de una vez. Si mañana descubren que hablar por un móvil es tan malo como nadar en el Riachuelo, entonces los ingenieros van a tener que arreglárselas para inventar algo que no haga daño y cumpla la misma función. No sólo nos hemos habituado al celular, no es solamente cosa de confort; hemos basado buena parte del funcionamiento de la economía sobre el supuesto de que podemos hablar en cualquier momento y desde cualquier lugar. Mire alrededor: el móvil es la herramienta de trabajo más difundida, ubicua y práctica que hemos desarrollado. Si usted sale sin él, posiblemente regrese a buscarlo. Para no pocos es peor perder el celular que la billetera. No sé si esta dependencia del móvil es buena o mala, no es el punto. Y me encanta contar con el celular, además.

Como el celular no es un opcional, la respuesta a la pregunta de si es seguro usarlo se vuelve apremiante. Pese a esto, no podía responder nada concreto. Es más, llegó un punto en el que me dije: ¿y qué pensás hacer vos con tu uso del celular? Tengo uno desde 1995, así que estoy en un grupo de riesgo. ¿Cuál sería la práctica más razonable?

Desde que me lo planteé en esos términos, las cosas se me aclararon bastante, porque dejó de ser un asunto abstracto, y, al menos, pude tener una serie de consejos para ofrecerles a las personas que me consultaban; los mismos que puse en práctica para mi relación con el celu. Lo dije hace unos días en un programa de radio: no sabemos si el uso del celular es dañino o no, así que lo más prudente sería usar audífonos cableados, sobre todo si necesitamos hablar mucho cada día, todos los días.

Esto es, también, lo que aconsejaron esta semana, haciéndose eco de la declaración de la OMS, varios oncólogos. Traducido: de momento tenemos poca evidencia, así que el mejor consejo que podemos darle es: "Sea prudente". La OMS, dicho sea de paso, ha hecho hincapié en la necesidad de seguir investigando.

Mis reglas (y las sigo a rajatabla) son:

* No use más el celular sin auriculares, excepto durante uno o dos minutos. No tanto por el peligro que podría encerrar el celular (aunque sí podría encerrar alguno, eso es lo que todavía ignoramos), sino porque el hombre es un animal de costumbre. Cuando nos habituamos al cinturón de seguridad, no podemos manejar sin él, nos sentimos desprotegidos. De la misma suerte, si se acostumbra a usar el celular con audífonos ya no querrá volver a acercarse ese aparato a la cabeza más que por unos minutos.

* OK, de pronto habló un cuarto de hora seguido y ahora siente pánico. No. Espere. El daño, hasta donde sabemos, se produce cuando hay una agresión sostenida y constante durante años. Sí debería cambiar sus hábitos si tiende a estar todo el día hablando por celular.

* La intensidad de las radiaciones electromagnéticas como la luz o las ondas de radio es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia a la que se encuentra la fuente. Esta es la razón por la que si nuestro planeta estuviera sólo un poco más cerca del Sol sería inhabitable. Así que sí es importante mantener el celular lejos. Lejos no significa en la cochera. Con ponerlo sobre el escritorio donde trabajamos en lugar de tenerlo en la cintura o el bolsillo ya estaríamos ganando algo. De hecho, la distancia segura podría ser tan pequeña como 15 milímetros (ver a continuación).

* Lo mismo ocurre cuando hablamos. Apple sostiene, en la información de seguridad del iPhone, que el teléfono debe mantenerse a 15 mm o más del cuerpo para hablar; de otro modo, excederá el SAR ( Specific Absorption Rate , el ritmo al que el cuerpo absorbe la energía de una radiofrecuencia) máximo indicado por la Comisión Federal de Comunicaciones. Se pueden ver los lineamientos de Apple para sus iPhone en http://manuals.info.apple.com/es_MX/iPhone_4_informacion_importante.pdf

* A menos que espere llamadas de noche, apáguelo o póngalo en Modo Avión si tiene la costumbre de dejarlo en la mesa de luz; su cabeza quedará bastante cerca del teléfono en ese caso. Esa distancia es mucho mayor del centímetro y medio que recomienda Apple, ¿pero para qué arriesgarse si no va a usar el móvil?

* Los auriculares cableados no emiten energía por sí mismos y son la opción más segura.

* Los Bluetooth son otra historia. Los Clase 1 tienen una potencia de salida de 100 mW, lo que los pone cerca del nivel de los celulares. Los Clase 2 y Clase 3 tienen una potencia de salida de 2,5 y 1 mW, respectivamente. Son, por lo tanto, mucho menos ofensivos que un móvil. Ahora, tener el auricular Bluetooth todo el día colocado en la oreja no me parece nada inteligente; está bien para el villano de una película hollywoodense, pero sinceramente lo evitaría. (A propósito, la Clase a la que pertenece su auricular puede leerse en las especificaciones técnicas del manual o en el sitio Web del fabricante, en el apartado Bluetooth.)

* Use mensajes de texto. Pueden resolver la mayoría de las cuestiones sin acercar el equipo a la cabeza.

* Finalmente, lo más importante. Como dijo con mucho acierto Guillermo Lobo en TN cuando se habló de este tema, los chicos tienden a usar los celulares como si fueran juguetes. Está claro que no lo son. Así que no es ninguna mala idea inculcarles las prácticas seguras desde pequeños. Casi con total certeza vivirán en un mundo donde las radiofrecuencias los rodearán mucho más que ahora.

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