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Conversación con la otra Argentina

Una charla con Wenceslao Casares, uno de los fundadores de Patagon, la compañía argentina por la que el banco Santander pagó 585 millones de dólares. Ideas y claves de la nueva economía
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20 de marzo de 2000  

A diferencia de lo que ocurría en el pico de la Revolución Industrial -cuando las maquinarias se fabricaban en Manchester, tardaban tres meses en llegar a la Argentina y sólo entonces se tomaba contacto con la tecnología-, ahora, en el instante en que sale algo nuevo en Silicon Valley, tenés una cantidad de cráneos acá, en el Centro, en San Telmo, que la manejan a la perfección. Estoy totalmente de acuerdo con que Internet es una importante ventana de oportunidades para el país." Esto me decía el jueves último Wenceslao Casares, fundador, junto a Constancio Larguía, de Patagon, la empresa argentina cuyo 75% adquirió el Banco Santander Central Hispano hace 10 días por 585 millones de dólares.

Cosas de la globalización, cuando comencé a rastrear a este ejecutivo argentino de 26 años su secretaria, en Miami, me dijo que él estaba en Chile o, en realidad, volando de Chile de vuelta a los Estados Unidos. Esa tarde pudimos acordar una conversación telefónica para el día siguiente a las 15, hora de Miami, es decir, las 5 de la tarde de aquí. "En Chile vi cosas increíbles -me comenta-; el ministro de Educación me mostró una red que están armando para conectar a todas las escuelas con Internet, tienen aulas con computadoras y allí los chicos pueden usar las máquinas para lo que quieran, sin restricciones de ninguna clase, ni de tiempo ni de contenidos."

Estamos hablando, claro, de cómo hace el país para aprovechar esa ventana de oportunidades que le presenta Internet y esta nueva economía sin fronteras. "No creo que estemos para competir con el Silicon Valley o con Microsoft, ésa no es la idea -añade-. Pero el hecho es que compañías como Patagon o MercadoLibre han sido creadas por muchachos argentinos comunes y corrientes. Aquí no hace falta ser rico, ni venir de una familia rica, ni tener un título. Yo ni siquiera terminé la Universidad. Pero sería hipócrita si no admitiera que no todos llegan hoy en iguales condiciones a la línea de largada; la educación es crucial para que el país en su conjunto pueda aprovechar esta revolución digital. Por eso te contaba lo de Chile."

-¿Qué puede aportar nuestro país a la nueva economía, qué aportaron ustedes?

- Buenas implementaciones. Muchos ejecutivos de la Argentina y de otros países de América latina tienen una gran creatividad, son dinámicos y poseen una buena capacidad de ejecución. Por eso, lo que nosotros aportamos trasciende la tecnología, esa idea debe quedar clara; mucha gente en nuestro país quizá nunca llegue a tener una computadora personal en su casa, pero en el futuro va a estar conectada a Internet utilizando el celular o el televisor.

Internet está cambiando todo. Para nosotros, para la gente común que no está en las grandes decisiones técnicas, semejantes cambios asustan y muchas veces la solución es desviar la mirada, resistirse a cualquier cosa que suene a modernidad, a tecnología. Le pregunto a Wences (así lo llaman sus conocidos, incluso en la oficina) para qué tenemos que estar preparados, en este nuevo mundo que se está perfilando.

-Hay que estar abiertos a recibir la tecnología. Fijate lo que ocurre cuando entra, por ejemplo, una videocassettera en la casa. Siempre hay alguien que la investiga, que se interesa, que trata de aprender cómo se usa; y siempre hay alguien que le pide a otro que ponga el cassette. Esta segunda actitud es muy peligrosa, y cada vez lo va a ser más.

Además de la actitud individual, dictada en parte por la idiosincrasia, Wenceslao señala que hay que fomentar esto desde la educación, hay que tener un pueblo entero donde la primera actitud se fomenta. Lógico: la educación forma idiosincrasias.

Destaco su insistencia sobre el punto y le pregunto si la educación es una de sus preocupaciones como argentino. "Sí", responde sin dudar. Y agrega:

-Me parece importante que la gente, sobre todo los chicos más jóvenes, no tomen lo que ocurrió con Patagon como una lotería, como que nos sacamos la grande . Momentos como los de la semana última (se refiere a la compra por parte del Santander) son excepcionales, raros, todo el mundo te felicita, te sacan fotos, etcétera. Pero la mayoría de las veces esto es muy duro.

-¿Cuál sería entonces tu consejo para quien quiere empezar una empresa virtual?

-Primero, creer sinceramente en tu idea, en tu visión. Creer de corazón que vas a construir valor. No lo hagas sólo por el dinero. Segundo, estar dispuesto a ser muy perseverante, a que tu idea se realice, o a morir en el intento.

Es una metáfora, claro, pero Wenceslao sabe hacerse entender. Le pregunto si tiene planes, que me imagino que debe tener un millón de ideas en la cabeza para iniciar nuevas compañías...

-No, nada -responde-. Mi plan es seguir con Patagon. Y si hablamos dentro de 10 años poder sentirme orgulloso del valor que hemos creado. Esa fue la idea también detrás de la alianza con el Santander; en Patagon armamos el negocio para tener un socio estratégico y poder seguir creciendo. Recuerdo todavía cuando nos atrevimos a salir de la Argentina y vinimos a Miami; ahora tenemos que ser globales.

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