
El experto Wayne Holmes cuestionó la idea de que la inteligencia artificial vuelva innecesario estudiar matemática y advirtió que su llegada a las aulas puede profundizar la brecha educativa
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Wayne Holmes es profesor de Estudios Críticos de Inteligencia Artificial y Educación en el UCL Knowledge Lab, de University College London. Su trabajo analiza el impacto de la IA en la enseñanza y el aprendizaje. Sostiene que las herramientas disponibles no necesariamente mejoran la educación y que su uso en las aulas puede profundizar desigualdades.
Invitado por la Universidad Austral, Holmes habló en Buenos Aires y, en una conversación con LA NACION, detalló su mirada sobre la inteligencia artificial, la educación y el poder.
-En una entrevista reciente, el CEO de Nvidia dijo que los chicos ya no van a necesitar estudiar matemática porque la IA puede resolver esos problemas. Que mejor estudien otra cosa. Lo comparó con la aparición de la calculadora. ¿Qué pensás?
-Creo que el tipo es un idiota rico. Dirige una gran empresa que gana dinero vendiendo herramientas de IA, así que, claro, eso es lo que piensa. Empecemos por la metáfora de la calculadora. Cuando aparecieron las calculadoras, hubo preocupación: “Dios mío, ya no necesitamos la matemática”. Y hubo algunos cambios en el tipo de matemática que hacemos por la aparición de las calculadoras.
Pero hay una diferencia fundamental entre una calculadora y la IA generativa. Si apretás los botones correctos, en el orden correcto, en una calculadora, obtenés la respuesta correcta siempre. Con la IA generativa no, es una lotería. Puede que obtengas la respuesta correcta o puede que no. Nunca sabés. Así que la comparación no es justa.
Él dirige una de las empresas más grandes del mundo por capitalización, y su dinero depende por completo de que usemos estas tecnologías. Por eso no confío en lo que dice sobre educación. Creo que su idea del futuro es ridícula. Es una locura.
En mis charlas solía mostrar una imagen de un bebé y un chip de computadora. Mi argumento era: si estas herramientas son tan geniales y completas, y ya no necesitamos hacer todas estas cosas, cuando nazca un bebé podríamos ponerle en la cabeza un chip con toda Wikipedia. Problema resuelto. No hace falta educarlo.
Espero que les parezca una idea absurda. Pero eso es lo que está haciendo Elon Musk. La tecnología existe; es completamente posible. Y esa es exactamente la lógica de lo que él plantea.
-Hace poco hablé con algunas personas del mundo tecnológico, no necesariamente ejecutivos de alto nivel, de Estados Unidos. Me llamó la atención que tenían hijos y hablaban sobre su educación de manera totalmente escéptica. Sus hijos habían entrado a algunas de las mejores universidades del mundo, y ellos se burlaban de la decisión de estudiar una carrera. ¿Creés que en algún sentido tienen razón, que las universidades deberían reorganizarse o enseñar de otra manera?
-Creo que ese grupo está muy metido en el mundo tecnológico. Su forma de pensar es muy limitada. Tienen un pensamiento de grupo bastante preocupante. Son muy buenos en lo que hacen: crear grandes empresas y tecnologías interesantes. No puedo discutir eso. Es lo que hacen.
Pero cuando intentan presentar sus ideas sobre el futuro, ahí es cuando empiezan a tropezarse. La idea de que en el futuro no vamos a necesitar hacer estas cosas sería trágica si se hiciera realidad. A lo largo de la historia, los seres humanos hemos aprendido cosas, ideas y habilidades nuevas. Hace 50 años, la gente no podía correr una milla en cuatro minutos. Ahora miles de personas lo hicieron. Nos desarrollamos y cambiamos con el tiempo. Lo que sugieren es que llegamos a un punto final en el que ya no necesitamos hacer nada.
Creo que esa idea fue refutada a lo largo de la historia de la filosofía. Cada vez que alguien piensa que llegamos a ese punto, después ocurre una enorme variedad de cosas. También escuchamos desde Silicon Valley —y esto se está volviendo político— que muchos creen que la democracia, tal como la conocemos, debería desaparecer. En su lugar, deberíamos tener una autocracia dirigida por personas técnicas e inteligentes, porque saben cómo gobernar el mundo, proporcionar alimentos y organizar las cosas. Así que, en ese sentido, no confiaría en nada de lo que dicen.
-En tu charla mencionaste que implementar IA en las escuelas podría aumentar la desigualdad entre los chicos de familias más ricas y los de familias más pobres. ¿De qué manera?
-Te referís a la brecha digital de la IA en la educación. Durante muchos años hubo investigaciones y debates sobre la brecha digital entre las personas de nivel socioeconómico más alto y las de nivel más bajo. El argumento es que quienes tienen un nivel socioeconómico más alto acceden más a tecnologías costosas y, por eso, avanzan más rápido que quienes no pueden acceder a ellas.
Pero eso supone que la tecnología es buena, y no necesariamente sabemos que lo sea. De todos modos, lo que estamos viendo es un cambio. Los chicos de familias de nivel socioeconómico más alto reciben clases en lugares donde siguen teniendo acceso a docentes humanos, a profesores de verdad. En muchas otras circunstancias, en cambio, tienen que arreglárselas con computadoras.
Ya lo estamos viendo. Las mejores escuelas privadas no se promocionan diciendo: “Vengan, tenemos computadoras excelentes” o “Usamos IA todos los días”. Dicen: “Vengan, tenemos a los mejores docentes del mundo”. Eso es lo que está pasando.
Cada vez más, a los chicos de familias pobres y de zonas rurales donde faltan docentes les dicen: “Podemos resolverlo: pongamos una computadora”. No creo que eso sea bueno, porque la educación es el fundamento de la democracia. Si esa brecha aumenta, debilitamos la democracia para todos.
-¿Cómo funciona la estandarización en la educación? Mencionaste que el uso de modelos de IA estandariza la educación. ¿De qué manera?
-Las herramientas parecen generar cosas distintas. Sus resultados parecen novedosos, interesantes y creativos. Pero están basadas en conjuntos de datos muy específicos, y esos datos no cambian. En cualquier caso, la manera en que funcionan conduce a la estandarización.
La IA generativa tiene que predecir cuáles son las próximas palabras más adecuadas para producir una respuesta. Cuando hace una predicción, se pregunta: ¿cuál es la palabra más probable que sigue? Por definición, las palabras menos probables se descartan. Así, el resultado es una larga lista de las palabras más probables.
Por ejemplo, hablo mucho sobre el aprendizaje personalizado. No me gusta; no creo que funcione. Cuando aparecieron las herramientas, probé preguntarles sobre el tema: “¿Qué problemas tiene el aprendizaje personalizado?”. El único problema que podían mencionar era que es difícil de implementar, no que sea malo para la educación ni nada parecido. No podían hacerlo. ¿Por qué? Porque solo un grupo pequeño de personas habla de esas ideas. La gran mayoría dice que el aprendizaje personalizado es algo bueno y enumera todas las razones. Los medios retoman esa idea y la exageran cada vez más.
Después, cuando se entrenan las herramientas, esa postura se vuelve dominante. Al armar una oración, es más probable que en los datos aparezca la idea de que el aprendizaje personalizado es algo bueno. Entonces las herramientas reproducen esa idea y descartan la posibilidad de que no lo sea.
-Sé que repetís que no te corresponde decirle a la gente qué hacer, pero quiero proponerte un ejercicio de imaginación. Si hoy tuvieras que construir una escuela para enseñarles a chicos durante los próximos diez años, en este contexto, ¿usarías IA de alguna manera? Si la usaras, ¿cómo? ¿Quizá para los chicos o para los docentes?
-En las escuelas enseñamos sobre la energía nuclear, pero no llevamos la energía nuclear al aula. Así que es perfectamente posible enseñar sobre una tecnología sin introducirla en el aula.
No creo que implementar ninguna de las herramientas disponibles de las grandes tecnológicas y las empresas de tecnología educativa ayude a la gente. Así que no, no usaría ninguna de ellas.
-¿La IA formaría parte del programa de estudios?
-Sí, pero sobre todo en lo que respecta a la dimensión humana de la IA. Creo que eso es fundamental. Si trabajara en esta escuela imaginaria, ese sería mi foco. Querría que mis estudiantes y, en particular, mis docentes entendieran todas las complicaciones que mencioné, además de las que no mencioné o ni siquiera conozco, para que puedan preparar a los jóvenes para un futuro próspero en un mundo donde la IA está en todas partes.
No digo que los echaría si llevaran una herramienta de IA al aula. Podría haber circunstancias en las que introducir una herramienta, usarla y experimentar con ella fuera una manera útil de entenderla, y eso está bien. Pero no alentaría ni elegiría usar ninguna de las herramientas de IA que vi para ayudar a los estudiantes a aprender otra materia. No usaría IA para enseñarles historia, matemática ni ninguna otra cosa. Principalmente, porque no funciona. Y también porque su uso tiene un impacto muy negativo en el medio ambiente, en los derechos humanos y demás. No la elegiría por esa razón.
Pero en la vida todo es un equilibrio. Yo manejo un auto, y eso no es bueno para el medio ambiente. Así que siempre hay que encontrar un equilibrio. No prohibiría la tecnología, pero pondría el foco principal en entenderla, más que en usarla.




