
Había nacido en New York y a los 13 años ya estaba fabricando y vendiendo equipos electrónicos; a los 28 se mudó al Silicon Valley, lo contrataron en Fairchild y lanzó una consola revolucionaria
Los sesgos son tan insidiosos que uno mismo puede estar frente a una advertencia flagrante y no verla. El otro día, mientras preparaba las siguientes ediciones de esta serie, tuve una revelación. Entre los 125 pioneros que había publicado hasta ahora (eso equivale más o menos a cuatro volúmenes de 300 páginas) no había ni un solo afroamericano. La única excepción era Katherine Johnson, la matemática negra que ayudó en el cálculo de las trayectorias y órbitas de la NASA antes de que existieran las computadoras (y antes de que la NASA se llamara NASA).
