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A Radia Perlman le dieron una semana para arreglar algo que ella misma había avisado que se iba a romper. No le creyeron, hasta que pasó
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Radia Perlman. La “Madre de Internet” que resolvió un dilema épico en dos días, y en el tiempo que le quedó compuso un poema llamado Algorhyme

Reniega de esa maternidad, porque afirma –con razón– que la red de redes es una obra colectiva; pero le queda bien, sus ideas fueron fundamentales, y su personalidad, entrañable

Reniega de esa maternidad, porque afirma –con razón– que la red de redes es una obra colectiva; pero le queda bien, sus ideas fueron fundamentales, y su personalidad, entrañable

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Una palabra define a Radia Perlman con entera precisión: afable. Conocida popularmente como la Madre de Internet (aunque ella reniega de ese título, y por varios motivos), tiene algo de entrañable personaje literario y es al mismo tiempo una mente brillante, e incluso tiene claro que es una mente brillante. Su humildad no pasa por bajarle el precio a sus aportes; todo lo contrario. Sabe (y lo dice sin rodeos) que Internet funciona así, sin fisuras, automágicamente, en parte gracias a sus creaciones. Una en particular, llamada Spanning Tree Protocol o STP, para abreviar. La humildad de Radia está más bien en su simpatía, su sonrisa perpetua, el humor con el que se toma las cosas y la forma amigable con que lanza afirmaciones que son tan ciertas como tremendas. Por ejemplo, que la desigualdad de género es tan alta, que una mujer llega a naturalizarla; lo mismo había dicho en su momento Katherine Johnson. O, en otro orden de cosas, que en el mundo de hoy, aunque seas un genio, si no escribís un libro nadie te toma en serio. Ella publicó uno esencial (y otros en colaboración), lo que me lleva al siguiente capítulo de esta historia.