Cocodrilos al acecho en el Mato Grosso
A pesar de estos reptiles, crece el turismo
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(Télam).- En la inmensidad del brasileño pantanal del Mato Grosso los hombres están muy atentos a los designios de la naturaleza y a las lluvias del verano que caen con la fuerza de los diluvios anunciados.
Después llega la seca, el pasto vuelve a brotar en el suelo arenoso y es preciso arrear a los animales desde las tierras altas.
El desequilibrio ecológico ya se advierte en esta inmensa planicie anegada por las nacientes del río Paraguay, donde el extraño pantano atrae a los aventureros del mundo.
Algo está cambiando en esa región del sur de Brasil, que tiene 210 millones de hectáreas, fronteriza con Paraguay y Bolivia, donde hay más yacarés que hombres, y donde los matorrales comienzan a ralear y los desmontes tumban las buenas maderas de araputangas, cerejeiras y angicos.
Unos pocos
En esas fazendas abrazadas por el agua la mitad del año, apenas vive la familia del encargado y no más de tres peones. Pero de a poco el turismo les está cambiando el ritmo a la vida de los pantaneiros , tanto que en sus estancias ya hay unas 200 plazas turísticas.
El 90 por ciento de los visitantes son europeos, en especial ingleses, alemanes y franceses, que recorren la región que se extiende desde la Chapada de Guimaraes hacia el Sur. Nadie se va sin probar un buen plato de piraña asada con limón y cola de yacaré.
Por allí está la Estancia de Itamaraty, en la localidad de Ponta Porá, y del otro lado, ya en Paraguay, la mítica población de Pedro Juan Caballero, y también la cercana Cerro Corá, donde hay un centro de inscripciones rúnicas grabadas en la piedra en la lengua de los vikingos.
La fauna y la flora del pantanal son fuertes atractivos para los viajeros; desde los bugios, monos americanos corpulentos y chilladores, hasta las plantas acuáticas y los millones de aves que viven en los pastizales, como garzas, marrecas y baguarís. Y el tuiuiú, de plumaje blanco y pescuezo negro, con una mancha rojo sangre, pájaro que anida en el frondoso ipé y ayuda a la hembra a empollar.
Este lugar extrañamente combina bosques, serranías y campos extensos, y es la mayor llanura inundable del continente americano, con elevaciones que el agua convierte, cíclicamente, en islas.


