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Se preguntarán porqué elegí Croacia como destino?lo cierto es que Croacia me eligió a mi. Todo comenzó un tiempo atrás cuando conocí a un chico esloveno, Sebastijan, en un viaje a la isla Margarita. La amistad fue tan espontánea que nos mantuvimos en contacto, hasta que hace dos años me fui por primera vez a Europa, y obviamente terminé siendo su invitada de lujo en Ljubljana, Eslovenia. Nos hicimos tan amigos con Sebastijan, que él me invitó a su casamiento. Estuve presente en la ceremonia y aproveché para quedarme algunas semanas más recorriendo Croacia, el país vecino. Y así, todo comenzó a fluir? Mis viajes tienen mucho que ver con los contactos que voy haciendo, y con dejarme llevar por la intuición.
Sebastijan me fue presentando a sus amigos, todas personas increíbles. La mayoría habla inglés, lo que hizo que la comunicación fuera bastante fácil. Ellos me llevaron a conocer su territorio, Istria, y probar sus comidas típicas. Entre todos, me hicieron sentir como en casa.
Istria y la herencia italiana de Pula
Ubicada al noroeste del Croacia, la península de Istria está rodeada por el imponente mar Adriático. Después de la caída del Imperio Romano de Occidente, la región fue conquistada por los godos, los lombardos, y más tarde se anexó al reino franco. A partir del año 1.000, la mayor parte de Istria se convirtió en territorio de la República de Venecia, para luego pasar a depender de Austria. Tras la victoria italiana en la Primera Guerra Mundial, Istria pasó a manos del gobierno de Italia (desde 1918 hasta el tratado de paz de 1947). También fue parte de la ex Yugoslavia (1954-1991), hasta que finalmente fue devuelta a Croacia. Todos estos vaivenes en su historia son los que le aportan una riqueza cultural incomparable.
Mi periplo empezó en Pula, la ciudad principal de la región (con 60.000 habitantes). Me llamaron la atención sus edificios antiguos perfectamente conservados, construidos por los romanos en el siglo 2 a.C. y reconstruidos de nuevo luego de las invasiones. Recorrí su puerto comercial, las playas y las callecitas del barrio viejo.
Istria está repleta de gente amable, interesante y muy hospitalaria. Es una región de tierras fértiles, viñedos y olivares por doquier, bosques frondosos, llanos verdes y brillantes. De pueblos dominados por fuertes de piedra sobre colinas (construidos por los celtas antes de la llegada del Imperio Romano). De mil historias sobre guerras, de mil tragedias superadas una y mil veces más. De gente ejemplar, gente que a pesar de las marcas del pasado, mira para adelante y no esconde su sonrisa.
Entre pueblitos croatas
No muy lejos de Pula, se encuentran Groznjan y Buzet. Son dos pequeñas comunidades, ambas montadas sobre mesetas, metidas en su caparazón de piedra. Groznjan fue declarada "pueblo de artistas". Me encantaron sus calles como salidas de un cuento de hadas, la arquitectura en piedra y las numerosas tiendas de cerámica, que visité una a una.
Buzet es una ciudad de pocos habitantes, salpicada de iglesias, murallas, torres y fuertes que datan del siglo 15; de enfrentamientos e invasiones, pero también de grandes espacios verdes ideales para practicar parapente, trekking, mountain bike y escalada en roca. Hasta allí fui una tarde con Cedo, un amigo croata que hacía tiempo no la visitaba. Quedamos fascinados con su arquitectura en piedra y su aspecto medieval.
Cedo y su familia viven en Fazana, un pueblito de no más de 700 habitantes, a 30 minutos de Pula. Tuve el privilegio de quedarme en su casa varios días, a una cuadra del mar. Es un lugar sereno, con playas solitarias y un coqueto puerto pesquero. En frente, se encuentra el archipiélago que alberga el Parque Nacional Brijuni, de una belleza inigualable.
También visité el Parque Natural Kamenjak, ubicado sobre la playa, en la misma península de Istria. Son unos 30 minutos en bicicleta (desde Pula) y realmente vale la pena el viaje. Me sorprendí al mirar hacia ambos lados y encontrarme rodeada de esas tranquilas aguas azules, es una sensación que no se puede explicar...
Disfruté del mar, nadé, escalé en las rocas que forman la costa, y al final del día probé una sangría en un bar rústico al aire libre, rodeado de hojas de palmera y cañas, con hamacas, ruedas de hámster gigantes, toboganes. ¡Muy divertido!
Zagreb, la capital
A 290 km de Pula se encuentra Zagreb, la capital de Croacia. Decidí no mirar el mapa durante mis días en la ciudad, para vivirla como una local.
Me sorprendió lo fácil que es moverse: los tranvías pasan cada cinco minutos y las distancias son bastante cortas; lo mismo pasa con los autobuses y taxis, que tampoco son muy caros.
Croacia no forma parte de la Unión Europa todavía, por lo que la moneda corriente es la kuna. En cuanto al cambio, no hay mucha diferencia con el peso argentino. Para tener una idea, comer cuesta más o menos lo mismo que en nuestro país.
Tuve la suerte de coincidir con el Festival Internacional de Arte Callejero, es decir que pude ver manifestaciones de teatro, música, circo y performances en cada rincón del centro?no se si será por este evento, pero encontré a la ciudad muy fresca y relajada, como a sus habitantes.
Dentro de los imperdibles, no puedo dejar de nombrar la Catedral, el mercado de frutas y verduras, la plaza principal, los enormes parques y plazas de sus alrededores, elegantemente decorados con fuentes y flores.
Para contactarse con la autora: viribovo@gmail.com
Por Virginia Bovo. Extracto de la nota publicada en revista Lugares 196.



