En la isla de las Gallinas hasta los menos corajudos se tiran al agua
A 15 minutos de navegación desde Bariloche, un original museo subacuático En los alrededores también se hacen bautismos y cursos de buceo La transparencia del agua alcanza los 25 metros de visibilidad Entre esculturas de madera se ven percas y truchas
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.- El crecimiento continuo del buceo en nuestro país hace que constantemente se renueven las posibilidades de descubrir nuevos puntos de inmersión.
Otros sitios ya conocidos van abriendo alternativas, creando parques artificiales para dar una nueva imagen a la vida bajo el agua.
San Carlos de Bariloche es uno de esos lugares que se renueva constantemente. Esta vez la operadora de la zona construyó, bajo las transparentes aguas del lago Nahuel Huapi, un museo subacuático con figuras entalladas en troncos de hasta de 3 metros de altura en los alrededores de la Isla de las Gallinas.
Las inmersiones se realizan en varios puntos de la zona, accediendo desde la costa o desde una embarcación.
Bajo el agua, cuya transparencia alcanza los 25 metros de visibilidad, se puede ver desde bosques sumergidos hasta grandes paredes rocosas.
Las especies más vistas son la trucha criolla y la perca, autóctonas de la zona, y otras introducidas como el salmón, la trucha arco iris y la trucha marrón. La isla de las Gallinas es la única que combina todos los paisajes subacuáticos en un mismo lugar y por eso es la elegida a la hora de sumergirse. Es el punto más completo, ideal para bautismos, buceo nocturno o profundo y apto para todos los niveles.
La isla se divisa desde la costa, se puede llegar en 15 minutos de navegación desde el kilómetro 6 de avenida Bustillo. Sin importar las condiciones del tiempo es una zona totalmente reparada de los vientos, cualquiera sea su dirección e intensidad. De todos modos, el dios Neptuno protege las aguas. Si le faltaba algún atractivo más a la isla, la creación del parque subacuático la vistió de fiesta.
Sonrisas tras la máscara
Los buceadores podrán ver, apenas se sumerjan, una estatua del dios Neptuno a 15 metros de profundidad y será la parada obligatoria para apreciarla bien de cerca y tomar fotografías.
Luego, el recorrido llega hasta la silla de un teleférico que fue hundida con el propósito de que los buceadores puedan sentarse cómodamente dentro de uno de los símbolos invernales de Bariloche. Cada inmersión es de dos tanques, la primera parte del circuito llega a una profundidad de 30 metros (la máxima que se alcanza) y coincide con la ubicación de la boya que señaliza la zona de buceo. Desde allí se asciende recorriendo una inmensa pared que dejaron los glaciares. Un pequeño bosque sumergido permite recorrer la zona pasando entre los largos y finos troncos que juegan con los rayos de sol. El fondo está tapizado por quelinas.
Luego de un intervalo de superficie, en el que se comparte un almuerzo en la isla, con una vista panorámica (la única oportunidad de visitarla, porque no es una zona destinada al turismo), se procede al segundo buceo. A menor profundidad, se llega al canal de las percas, muy cerca del Neptuno. Más de uno vuelve para despedir a la inmensa figura de 3 metros de altura.
Para quienes ya están con las valijas listas para descubrirlo, conviene saber que la mejor temporada es de noviembre a abril. El agua oscila entre los 8 y 12° y la profundidad máxima de buceo es de 30 metros.
También valen la pena estos datos útiles. En la Escuela de Buceo de Juan Carlos Mazzola ASA, en la marina del hotel La Cascada, se realizan bautismos en la isla y cursos de todos los niveles. Informes por el (02944) 427088; Internet, www.buceomazzola.com.ar


