En París hay mercados de pulgas que son una fiesta
Baratijas, pájaros, verduras y antigüedades se mezclan sin discriminación
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PARÍS (El País, de Madrid).- Las Pulgas es la institución parisiense por excelencia. Los tres mercados de las Pulgas (Saint Ouen, Montreuil, Vanves) aparecieron en el siglo XIX, a las puertas de París, en el límite con la zona suburbana.
Edith Piaf, nacida en un portal de Belleville en la más completa miseria, hizo su debut como cantante en Chez Louisette, en el mercado de Saint Ouen.
Y es que, con la aparición de las típicas guinguettes (quioscos), enseguida se puso de moda hacer negocios.
La llegada por metro al mercado de Montreuil durante el fin de semana conlleva todo un ritual encantador. A medida que uno se acerca al Este, la población de color aumenta, los olores y los aromas cambian, y las calles se saturan de colores estridentes. Se ven a cada paso mujeres vestidas con túnicas alegres y chicos que se limpian los dientes con ramas de sauce o que escupen alegremente raíces de jengibre.
El mercado crece a la sombra de una autopista desolada, entre puestos de churros y merguez (salchichas árabes). Hay estudiantes y amas de casa ajetreadas. Todos en busca de vajilla usada o de muebles viejos con los que vestir los cuartos de servicio que alquilan sobre los grandes bulevares.
Desde que las revistas y las estrellas de la pantalla han puesto de moda el vintage , modelos, actores, cineastas y diseñadores de toda índole pelean para encontrar joyas escondidas, antiguos modelos impecables de Balenciaga o de Courrèges, sombreros de fin de siglo bolsos de Louis Vuitton y de Dior.
En Montreuil (pero también en Clignancourt y en Vanves) conviven ciertas cosmovisiones contrapuestas. Frente al refinamiento parisiense del Distrito 17, que busca prendas retro o porcelanas antiguas, están los magrebíes en zapatillas que improvisan puestitos con objetos domésticos y humorísticos, estuches abiertos de pasta de dientes, relojes rotos, ensaladeras de plástico, zapatos sin pareja (a veces escarpines) y bolsos de los años cincuenta.
Un ucranio vende los collares de ámbar de su difunta esposa mientras apura un pastís o un vino tinto. Y en medio de este laberinto de cosas de segunda mano se abre paso una voz que de pronto recita, desde una mezquita lejana, y puestos islámicos perfumados de esencia de jazmín donde un hombre bigotudo se niega a vender a los infieles sus libros y cintas del Corán.
En Montreuil cohabitan, en total promiscuidad, faros de coche de cualquier marca, neumáticos, destornilladores, perfumes de imitación, cristalerías, muebles antiguos y modernos. Pida unas papas fritas con mostaza o siéntese en la terraza del bistró El Gallego Fatigué.
El estilo del mercado de Saint Ouen o Clignancourt (se extiende entre ambas puertas) es un poco diferente, quizá más caro. Mucho más grande y más antiguo, el mayor mercado de antigüedades del mundo contiene una enorme diversidad de mercancía nueva y de segunda mano. En la llegada de Clignancourt abundan los puestitos con lotes de medias y vaqueros de marca o deportivos Nike.
Este laberinto recuerda a los mercados del norte africano, con sus imitaciones, su ropa colgada y su música rai que vibra a través del cielo encapotado como presagio. Clignancourt es también un buen lugar para la picaresca.
Abundan los carteristas y los estafadores. Grupos de ellos se reúnen en torno de cajas de cartón donde un fulano revuelve tres cartas.
Pero el verdadero conocedor combina el regateo en las Pulgas tradicionales (los viernes, a primera hora si es posible) con los frecuentes paseos por los mercados de barrio (sólo cierran el lunes), durante la mañana (de 7.30 a 13).
Entre ellos hay que destacar el mercado de la Rue d´Aligre, uno de los más baratos de París, pequeño oasis cosmopolita, donde los puestos de fruta y verduras se combinan con tiendas de antigüedades, sellos, libros, objetos artísticos, saris y chilabas a un precio popular.
Los turistas no han descubierto aún Aligre, por eso los precios siguen siendo razonables.
En el Barrio Latino
Para los amantes de los quesos se encuentra el excelente mercado de frutas y verduras de La Bastille, en el bulevar de Richard Lenoir (abierto los jueves y domingos todo el día), y el pintoresco mercado de la Rue Mouffetard, en pleno Barrio Latino, detrás del Panteón, donde compraban Ernest Hemingway y Josephine Baker (abierto martes, jueves y sábados hasta tarde). En Mouffetard deambulan aún los fantasmas del escritor Antoine Blondin o de Cioran, vecinos del barrio. Mouffetard sigue siendo, a pesar de la invasión turística, zona de filósofos arruinados y estudiantes de la Sorbona.
Los mercados especializados del centro de París constituyen una curiosidad. Es el caso, por ejemplo, del mercado de los pájaros (Quai de la Megisserie 75004; abierto todos los días), del mercado de los sellos (Rond-Point Champs Elysées 75008; jueves, sábados, domingos y festivos) y de los mercados de las flores (Île de la Cité 75004, Place de la Madeleine 75008, Place des Ternes 75017; abiertos de martes a sábados).
De segunda mano, libros y ropa
El mercado de los libros es otro asunto. Situado en la plaza de Georges Brassens de la Rue Brancion, cerca de la Porte de Vanves, es un paraíso para lectores impenitentes, aficionados a los libros antiguos y de ocasión. Abre sólo los fines de semana y se aconseja llegar pronto porque los entendidos madrugan y arrasan con las mejores piezas.
París es también un paraíso de la ropa de segunda mano. Hay dos mercados de ropa barata, no necesariamente usada: el del Carreau du Temple (abierto todos los días, de 9 a 19) y el de Mouton-Duvernet (abierto los martes, viernes y domingos, de 10 a 17.30).


