Excursiones para poner las piernas en acción
Trekking y cabalgatas dominan la oferta Se puede emprender caminatas a Las Cascaditas, El Nogal Marcado, Puesto del Río y el Viscote La villa Las Juntas es ideal para ir a caballo Para los más osados, las travesías hacia el cerro
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Venir a Catamarca y no conocer El Rodeo resulta, al menos, inadmisible.
Aquí cada uno puede usar su tiempo como más le agrade. Si quiere descansar nada lo incomodará. Si prefiere el trekking hay lugares que llenan los ojos como Las Cascaditas, el Cristo en la cumbre del Huayco, el Bañadero de los Cóndores, el Nogal Marcado, el Viscote, Puesto del Río y muchos otros. Para cabalgatas hay circuitos turísticos que satisfacen a los más exigentes, como marchar hacia Las Juntas, otra villa turística a 18 kilómetros, enclavada en el paisaje serrano.
A todo galope
Los lugareños recomiendan recorrer a caballo la quebrada del río Ambato. Es una ruta empinada y sinuosa con un río que acompaña y al que hay que sortear varias veces hasta llegar a La Puerta, otra población en continuo crecimiento y de gran belleza donde hace tiempo funcionaban el molino de trigo y las bodegas. ¿Una recomendación? Realizar la travesía en caravana.
Para los jóvenes y más osados están las excursiones al cerro donde la altura máxima está representada por El Manchao, de 4100 metros.
Mercedes Díaz cuenta que un lugar como El Rodeo también está poblado de leyendas. En la naciente del río, en plena montaña, está la Casa de Piedra del Pisar. Allí, según los nativos que la utilizan para un descanso, se escucha música. Y son muchos los testimonios que cuentan que, inmersos en la serenata y el descanso, sintieron que alguien les pisa el pecho. Por su parte, Mercedes interpreta que la música proviene de los saltos del río de montaña, y la opresión en el pecho no sería más que el efectos de la Puna.
Pero también está la viuda, en la cuesta antes de llegar a El Rodeo. Dicen que anda vestida de negro o de blanco, y que se sube a los autos y acompaña al conductor. Cuando éste siente una presencia extraña, ella se aleja.
Fauna generosa
Las flores en la villa adornan casas y calles en la primavera y el verano. Son un verdadero espectáculo. Pero la fauna también es muy variada. Por la ruta o en los senderos de montaña se cruzan los huidizos zorros y los conejos, las majestuosas corzuelas y los venados. La zigzagueante perdiz aparece a menudo para levantar el vuelo con su silbido, buscando acercarse a los cóndores en las cumbres más altas.
Graciela Castillo de Alonso narra en sus Mitos y leyendas catamarqueños de la existencia del Masyoato. A ella le contaba don Juan Moya que sólo había conocido su cuero porque le regalaron el de uno que cayó en una trampa. De color plomizo y pelaje espeso, más largo y brillante en el lomo. El relato dice: A veces he visto sus huellas en el bordo de las acequias o a orillas del río. Y son mismamente las que deja un angelito cuando anda gatiando . Tiene un grito fiero , sigue diciendo don Juan y agrega, mientras se persigna, que sólo se lo escucha por las noches. ¿Es cierto que se come a los niños gemelos?, le pregunta la autora. Esas son historias de gente desocupada , le responde don Juan. Lo real y verídico, agregamos, es que el Masyoato o Mayoato existe.
El Rodeo es eso. Historia prehispánica y colonial. Por sus senderos se conocen aspectos de la cultura aguada desarrollada en la región en el primer milenio de nuestra era. Una convocatoria para disfrutar de un paisaje generoso y de un clima benigno.

