La Mora sirve en Mercedes un menú para paladares exigentes
En esta estancia bonaerense las actividades se conjugan con manjares de campo
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Bueyes criollos, talleres de cocina, pileta y un bosque encantado de citrus son algunas de las alternativas que ofrece la estancia La Mora, sobre el camino Almeyra, en el departamento de Mercedes, a una hora y media de Buenos Aires.
Apenas se llega a la tranquera, la casa se distingue a lo lejos por su color rosado colonial, así como por su antigua estructura de 1880. La Mora trabaja con turismo hace 12 años.
La cocina, el comedor y los salones de estar son los galpones de hacienda reciclados, y conservan los corrales de madera con que se separaban las piezas para su exposición en los remates. Presentan detalles de mucha calidez dispuestos por Valeria Conte Mac Donell, de 25 años, a cargo del negocio familiar, que además es profesora de Bellas Artes.
La cocina exhibe sus pailas y sus fuegos económicos, manejados con total destreza por las cocineras, Beatriz y Romina, y también por María Aramburu, encargada del lugar.
Valeria revuelve un pollo salteado con verduras y sonríe orgullosa mientras explica: "Acá todos hacen de todo. Me gusta que el público pueda sentirse como en su casa con todo el mundo".
Con toques de la huerta
La comida posee el agregado especial de las hierbas frescas de la huerta, y el toque de la salsa de soja, el jengibre o las semillas de sésamo, ingredientes que dan cuenta de la influencia de la dieta macrobiótica de Federico, el padre de Valeria. El pan es del día, como todo lo que se prepara en el establecimiento.
A metros de la casa se encuentra la pileta, bien cuidada. Más lejos están la cancha de fútbol y la de voley. Un refugio de eucaliptos invita a descansar en las cómodas reposeras.
En total son 100 ha que albergan la casona, el parque y los distintos potreros con 65 animales. La raza que trabajan es la criolla, de origen americano, sin manipulación genética. De esta raza provienen la yunta de bueyes que tira del carro, donde pasean grandes y chicos.
Mientras Claudio Leiva enyunta a los bueyes Hosco y Moro, Luciano Gauna ayuda a subir a Carolina Denes, de 12 años y bellos ojos azules, que abraza y ayuda a Violeta, de menos de 1 año, para que no se despeñe de la precaria diligencia.
Los bueyes inician su carrera cuando el palo los toca. Si éste se coloca paralelo a la yunta, se detienen.
"Para amansar un animal, se palenquea para sacarle las cosquillas, y después se enyunta con medio yugo durante tres días. En el carro, el nuevo se ata con uno bien manso. La doma es más fácil que con los caballos porque al buey sólo es necesario tranquilizarlo de abajo", cuenta Claudio.
Los conductores caminan delante de los animales. "Ellos juegan con los cuernos, pero para nosotros su juego es un poco brusco", ríe Luciano, indicando que rara vez se producen accidentes con las cornamentas. El paseo transcurre plácido bajo la suave llovizna, hasta llegar a una tosquera, que de tanto cavar ahora es laguna. Dicen que es apta para baños.
Barrio de chacras
Bastante más lejos, se alcanza a ver la parte de la propiedad que fue loteada: para los interesados existe la posibilidad de adquirir una parcela para construir una quinta en el incipiente barrio de chacras. El arquitecto del proyecto es Javier Conte Mac Donell, hermano de Valeria.
Ya volviendo al casco, los hospedados se van a asear en alguno de los seis cuartos disponibles. Una vez que la estancia llenó su capacidad, ofrece la posibilidad de alojarse en el Hostal del Sol, a cinco minutos de auto, por el mismo precio.
Se puede jugar al criquet, andar a caballo, bañarse en la pileta o participar de alguno de los talleres que se realizan diariamente.
Uno de los paseos posibles desde la estancia es al bosque de citrus, donde hay una tapera, construida en 1880, que fue el puesto del encargado. El puestero de ese entonces plantó dos naranjos que involucionaron a la planta originaria (citrus) y se extendieron varios metros en forma silvestre durante todos estos años.
Datos útiles
Cómo llegar
Tomar el Acceso Oeste por la Autopista del Buen Ayre o la avenida General Paz hasta empalmar con la ruta 5, antes de llegar a Luján. Por esta última, son 30 km hasta Mercedes y un poco más hasta el km 103,5. Allí hay una entrada que permite girar a la izquierda por el camino Almeyra. Por éste se transita 1,5 km de asfalto y se hacen 30 metros más de tierra hasta la tranquera de La Mora. Informes, 4312-2441, www.lamora.8m.com
Alojamiento
Día de campo $ 25
Por persona.
Día $ 40
Día de 24 horas con alojamiento. Incluye desayuno, almuerzo y merienda sin bebidas.
Fin de semana $ 80
Dos días, una noche, sin cena.
Semana $ 260
Semana completa de siete días, sin cenas ni bebidas, por persona.
Cena $ 7-10
Entrada, plato principal y postre

