Los fantasmas de Maine son de novela
Relatos misteriosos y recuerdos de la escritora Marguerite Yourcenar en el pequeño pueblo Northeast Harbor
1 minuto de lectura'
NORTHEAST HARBOR (El País, de Madrid).- Cuando se publicó, hace diez años, una biografía de la escritora Marguerite Yourcenar, autora de Memorias de Adriano , viajé a Northeast Harbor, un pequeño pueblo de pescadores en el Estado de Maine que fue lugar de residencia de Yourcenar durante la última y más turbulenta etapa de su vida.
Allí murió, prácticamente sin darse cuenta, y allí sería enterrada junto a un árbol y un pequeño estanque. No se enteró de que moría porque, según explicó la persona que la cuidaba en el hospital de Bangor, Marguerite Yourcenar deliraba hojeando ejemplares de National Geographic, tomando por paisajes reales lo que no eran más que fotos exóticas. Para celebrar su último viaje, ordenó botellas de champagne.
Northeast Harbor me impresionó, entonces, por su extraordinaria belleza y por su paz. No era extraño que Yourcenar eligiera aquel paraíso, en el que estuvo invitada por unos amigos a pasar unas semanas, para quedarse el resto de sus días.
Poco después de su muerte se creó una fundación que hoy permite que la casa y los enseres se conserven en perfectas condiciones. Cualquier viajero puede visitarla y hojear los 7000 volúmenes que reunió en vida la escritora (de ella es la frase toda verdad es escándalo ) y que acaban de ser catalogados, y nadie le impedirá sentarse en una de sus butacas, curiosear en la cocina donde están sus cacharros, tocar su máquina de escribir o pasear por el pequeño jardín sin vallas ni alambradas.
La vuelta
No hace mucho regresé a Maine y, naturalmente, hice un alto en Northeast Harbor. Llamé por teléfono a la casa de Marguerite Yourcenar, donde tienen puesto un contestador, y pedí cita para visitarla de nuevo. En el pueblo no quieren pregonar que la casa de la escritora está abierta al público.
Su medio centenar de residentes detestan verse invadidos por los turistas, así que guardan este secreto para unos cuantos. Eso mismo les habría aconsejado la escritora Yourcenar, que fue una viajera infatigable alérgica a los grupos organizados y ruidosos, y a las visitas rápidas y superficiales.
Si el viaje se hace en automóvil, sugiero partir de la ciudad de Boston Por la Interestate 1, que se une a la número 3, se va derecho a Bar Harbor, un pueblo como el de Yourcenar, también de pescadores, pero al servicio del turismo hasta las escamas. Claro que los bares son lo mejor de aquí, y no tanto por la calidad de sus bebidas como por la de sus bebedores: algunos juran ser artistas; otros, jubilados de oro de Wall Street; otros, adictos tardíos de Internet.
Hay un sitio estupendo para pernoctar, en vilo y bien cenado, en la localidad de Hancock Point. Se llama The Crocker House Country Inn. Dispone de media docena de habitaciones, un excelente restaurante y, sobre todo, un fantasma centenario. Mejor dicho, una fantasma, ya que se trata nada menos que de la baronesa Olga Lanoff. Esta señora acostumbra a aparecerse en mitad de la noche sin previo aviso y por cualquier rincón de la fonda. Si no se la ve (la oscuridad es total), se la oye.
El presidente Roosevelt veraneaba en la cercana isla de Campobello, y tuvo, al parecer, sus más y sus menos con la citada baronesa Olga, de la que la prensa local guarda en su hemeroteca retratos y notas de sociedad. Todo esto hace que el precio de la estancia en este pequeño hotel, situado entre el bosque y el océano, esté sujeto a las apariciones del fantasma. Si esa noche la baronesa brilla por su ausencia, hay que pagar un poco menos (en torno de los 115 dólares), y si no deja dormir, la tarifa sube, por mucho que uno proteste.
Muchas manzanas de Maine caen directamente del árbol al océano sorteando el picotazo de las aves. Este es un espectáculo poco visto, y depende, como es lógico, de la abundancia de la cosecha.
Pero nadie explica si los manzanos fueron plantados en la orilla o así crecieron ellos al azar. Lo mejor de muchos viajes es el misterio, la ignorancia de ciertos detalles, y no al revés. Eastport es el punto más al este de toda la costa. Ya está cerca de la frontera con Canadá. Hay allí algo inquietante. Los bancos están a la venta. Los almacenes, vacíos de mercancías. No hay fábricas en producción. ni gente en la calle. Acá dicen que es la decadencia de un puerto que antes tenía mucho tráfico y enormes ganancias se produjo por culpa de Nueva York. El puerto de Nueva York mató Eastport.
El susto de Stephen King atrae a curiosos
Un lugar de peregrinación muy a la moda es el punto exacto donde Stephen King, famoso y multimillonario autor de best sellers, fue arrollado por una furgoneta. King estuvo a punto de morir. En realidad, se creyó muerto, tal como él mismo cuenta en su libro de memorias de reciente aparición, On writing .
Allí describe con pelos y señales el impacto recibido.
Los turistas pegan la oreja al asfalto de la carretera número 5, de sólo dos carriles, en el tramo que une Nethel y Fryeburg, y en el lugar exacto del atropello. Numerosos fans de King besan el asfalto como el Papa las pistas de aterrizaje, y unos vecinos han solicitado autorización para poner una lápida conmemorativa en la cuneta de la fatídica calzada con la fecha del trompazo (25 de junio de 1999).
Datos útiles
Cómo llegar
Bangor, donde vive el novelista Stephen King, se sitúa a 380 kilómetros en carretera desde la ciudad de Boston. Desde Bangor hasta Northeast Harbor hay otros 75 km.
Alojamiento
La habitación doble en los hoteles Fairhaven Inn y Crocker House Country Inn cuesta entre 95 y 150 dólares.
Visitas
Casa-museo de Marguerite Yourcenar. Abre del 15 de junio al 31 de agosto.
En Internet
www.visitmaine.com
www.maineguide.com


