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Además del Salvo, no hay que dejar de ver las fachadas de los palacios Lapido, Santos, Municipal, Brasil y Héber, edificios art déco que hoy funcionan como museos, bancos, casas de cultura. A una cuadra de 18 de julio, en Mercedes y Andes está el moderno Auditorio Nacional Adela Reta, principal sala del SODRE, cuyo Ballet Nacional está dirigido por Julio Bocca.
Muy cerca, en Colonia y Convención, una antigua puerta giratoria da paso al salón de Oro del Rhin, una de las confiterías más antiguas de Montevideo. Aunque abrió en 1927, funciona en esta esquina desde 1933. La fundó el alemán Hermann Stahl, recibido en la Escuela de Confiteros de Stuttgart, como casa de té. Atendida actualmente por el nieto de Stahl, mantiene la tradición culinaria: aún ofrece la "torta de árbol", entre otras especialidades alemanas y un exquisito café, para degustar viendo las fotos blanco y negro de sus paredes, con viejos recuerdos, como el del zeppelin sobrevolando Montevideo.
A pocas cuadras del centro, hacia la Rambla República Argentina, está el Barrio Sur, cuna del candombe. En sus calles tienen lugar las famosas Llamadas, fiesta previa al Carnaval. En la calle Carlos Gardel está el taller "El Power" del Lobo Nuñez, luthier y músico que tocó con Jaime Ross, Rubén Rada, Jorge Drexler y otros artistas internacionales. El Lobo pertenece a una de las familias negras más antiguas del barrio, familia que desde 1837 ocupó la misma casa, donde ahora funciona el taller. Sus tambor es chico, repique y piano, hechos de manera artesanal con la ayuda de sus dos hijos, son buscados por músicos exigentes de todo el mundo. "Es que mis instrumentos suenan como los originales", dice. Quien quiera escuchar candombe, tendrá que acercarse a las calle del barrio los días domingo, quizá tenga suerte y se tope con algunos percusionistas en acción. "No hay lugares cerrados para escuchar candombe", se queja con razón el Lobo. Cosa inexplicable, ya que desde 2009 el candombe es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Del boulevard Artigas hacia Carrasco, nacen los barrios más residenciales. El primero es Punta Carretas. Arbolado, apacible y con lindas casonas, se consolida, año tras año como polo gastronómico, de compras y hotelero. En la calle Williman y alrededores, se suceden las propuestas para comer bien: desde el clásico restaurante Francis, hasta el novedoso One Love, pasando por La Criolla, La Lupita, Pentela, Terracota, El Viejo Almacén, Adolfo Café, Sacramento, Bar Lobo, Punta Sur y Chivipizza. Un clásico: comer en Che Montevideo, con vista al río-mar en la Rambla Mahatma Gandhi.
En el vecino barrio Buceo, la movida se centra en los alrededores del complejo de oficinas World Trade Center que cuenta con una plaza y lugarcitos nuevos para comer, como el restaurante de comida brasileña Gardenia o el asiático Bambú.
La intersección de la avenida Brasil con la Rambla es el corazón de Pocitos, barrio populoso con la playa más linda. Y en el extremo norte aparece el residencial barrio Carrasco, más visitado desde la reapertura del histórico Hotel Carrasco en el mes de marzo. Algunas recomendaciones: caminar su rambla hacia el este, al amanecer; detenerse para un refrigerio en el parador Carrasco Kite Center (en Rambla y Cartagena) y pedir la memorable "orange cheesecake"; pasear por la calle Arocena y tentarse con una delicatessen de la cocina alemana de Dackel, tomar el té en el vivero Lavender y cenar en Café Misterio, uno de los mejores restaurantes de la ciudad.
Por Nora Vera. Extracto de la nota publicada en revista Lugares 207.


